<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358</id><updated>2011-04-21T13:07:27.226-07:00</updated><title type='text'>QUIPU</title><subtitle type='html'>Quipu: Cultura Descentralizada</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://quipucuentos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>69</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-3835308807416994428</id><published>2008-04-28T16:30:00.000-07:00</published><updated>2008-04-28T16:32:34.755-07:00</updated><title type='text'>Ripucuchcaniñam ccamña allimlla</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Juan Osorio Ruiz&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SBZeXyYMEFI/AAAAAAAABd4/Kzl0J8BOC58/s1600-h/Quipu%2BLogo%2BFinal.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SBZeXyYMEFI/AAAAAAAABd4/Kzl0J8BOC58/s200/Quipu%2BLogo%2BFinal.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5194442982971674706" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Mi bisabuela llegó desde Huancavelica unos meses después de la muerte de mamá, a mitad de una tarde en la que las ventanas lagañosas impregnaban de frío la sala de mi casa. Llegó del brazo de mi padre, su nieto, envuelta en sus innumerables polleras, luciendo un sombrero gris decorado con coquetos ribetes rojos, saludándonos con tiernas frases quechuas llenas de diminutivos y con una minúscula maletita en la que traía todo lo que necesitaba: una que otra prenda de ropa, una bolsita con menjunjes que sólo ella sabía utilizar y el álbum de fotos familiares de contenido casi arqueológico. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Una vez instalada en la que era hasta entonces mi habitación, mi padre nos convocó a mis hermanas y a mí para pedirnos estar siempre solícitos y atentos con ella por lo avanzado de su edad. Sin embargo, pronto descubrimos que mi bisabuela tenía la rara cualidad de anticiparse a todo, y a todos: se levantaba muy temprano y con el caminar propio de quien ha comprendido que hay un momento en la vida a partir del cual toda prisa es inútil, pues todo plazo se vence y toda prerrogativa se acaba, se dirigía a la cocina a preparar el más viscoso y más delicioso quáker con leche del mundo. Y antes de que cualquiera de nosotros dijera “Buenos días abuelita” ya estaba ella disponiendo las ollas y cortando las verduras en trocitos de exactitud matemática para prepararnos el almuerzo. Y mientras se cocían las verduras y echaban color los guisos, se sentaba al lado de la cocina a gas, que desdeñaba en un comienzo, a saborear sus trocitos de pan remojados en quáker con leche, haciendo largas pausas y dando mordiscos suaves y periódicos, cual sacerdote en ofrenda eucarística, con una parsimonia que no era producto de la disminución de sus fuerzas, sino de su sabia actitud ante la vida. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Mi abuelo, su hijo, había llegado también a nuestra casa un mes antes a insistencia de mi padre pues los muchos años de bohemia le estaban pasando factura (intereses moratorios incluidos) y aunque a regañadientes, había sido internado en una clínica cercana donde tratarían de curarlo. No había pasado ni una semana desde la llegada de mi bisabuela cuando recibimos la noticia de que los riñones de mi abuelo habían dejado de funcionar. Tras una corta agonía falleció por insuficiencia renal. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Dicen que mi bisabuela había criado a mi padre, su nieto, a mi abuelo, su hijo; había cuidado también de su esposo, mi bisabuelo, y desde muy corta edad, se había encargado de la atención de su padre, mi tatarabuelo. A la luz de los resultados, su caprichosa buena salud no había sido un don tan preciado pues mientras los eslabones más antiguos de esa cadena interminable que es una familia, se habían ido muriendo, a ella le había tocado en suerte mantenerse a pie firme sosteniendo la cadena, sepultando a los más antiguos, y cuidando de los más jóvenes sin emitir queja alguna. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Al contrario de lo que todos pensábamos, la partida de su hijo, mi abuelo, no la afectó demasiado, parecía siempre encontrarse de buen ánimo, excepto algunas mañanas muy temprano, cuando yo la sorprendía sentada en el jardín interior de la casa, con la mirada perdida y hablando sola con ese tonito arrullador que sólo la gente de la sierra es capaz de pronunciar, delicioso, melancólico y musical.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;A partir de la muerte de mi abuelo fuimos nosotros, sus bisnietos, los destinatarios de toda su atención; sus mimos se hicieron más prolíficos, sus comidas más reconfortantes, las conversaciones en quechua con mi padre fueron más subliminales a mis oídos y los tejidos de tupida lana con los que nos enfundaba para soportar el frío serrano no tuvieron comparación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Pero pronto la acrobática economía familiar fue ensombreciendo nuestro cómodo chalet como se oscurecen las tardes antes de una severa granizada. Mi padre era un policía ejemplar pero un pésimo negociante. Y si bien al comienzo no todo el dinero se perdió en las dislocadas empresas que iniciaba, su soledad terminó deprimiéndolo y conduciéndonos a todos a los linderos de la ruina.  &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Así pasaron varios meses en los que algo fue cambiando en casa. A medida que mi padre se sumía en más deudas, los cariños de mi bisabuela fueron adquiriendo una dimensión distinta, aunque se mostraba excesivamente maternal, nosotros ya estábamos bastante crecidos como para aceptarla como reemplazante de nuestra madre. Aunque no era su culpa, había llegado a nuestra casa demasiado tarde, a destiempo. Así que pronto sus cariños nos hostigaron, sus comidas perdieron el encanto y hasta mis hermanas prefirieron enfrentar al frío invierno en los brazos de algún adolescente oportunista y ya no con las chompas de lana tejidas por mi bisabuela. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Entonces ella, silenciosa y discreta, no hacía mayor cosa que acurrucarse al lado de la cocina a gas, que ya no desdeñaba tanto, inquebrantable en su intención de confeccionar innumerables prendas de lana con la esperanza de que alguna vez volviéramos a usarlas.  &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Así, nuestra anciana huésped fue paulatinamente convirtiéndose en un mueble confinado en un rincón de la cocina, aferrada a sus costumbres e imposibilitada de comunicarse con nosotros por las distancias del idioma y las insalvables brechas abiertas por el tiempo y las circunstancias. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Aquella noche mi padre había llegado borracho a casa y mi bisabuela, diligente como siempre, le había servido una gran taza de café cargado, lo había llevado hasta su dormitorio y le había intentado quitar los zapatos antes de recostarlo en su cama. Mi padre, obnubilado por el alcohol, se había empecinado en dormir con los zapatos puestos, algo que para mi abuela era inaceptable. “Déjame tranquilo que tú no eres ni mi esposa, ni mi madre” le había imprecado. Tras una pausa prolongada, ella sólo llegó a decir: “Ripucuchcaniñam&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt; &lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;ccamña&lt;/span&gt; &lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;allimlla” y en silencio se retiró a su habitación.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;A la mañana siguiente, cuando me levanté, encontré ropas tiradas a lo largo del oscuro pasadizo que conducía al jardín interior; allí, junto a la puerta, se encontraba mi bisabuela sentada en una diminuta banca que se ahogaba entre sus polleras, cortando con unas viejas tijeras la última chompa que había tejido con incansable esmero. Sus labios susurraban una cancioncilla medio triste y medio dulce que me pareció reconocer, quizá de algún tiempo remoto en el que yo aún no existía. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Caminé hasta colocarme junto a ella, sus delicadas manos soltaron las tijeras y me acomodaron el cabello dándome luego la usual nalgadita convertida en caricia. “Ripucuchcaniñam&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt; &lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;ccamña&lt;/span&gt; &lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;allimlla&lt;/span&gt; &lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;huahua”, me dijo a mí también. A pesar de no entender el significado de aquella frase impronunciable para mí, supuse que quería que la dejara sola. Mientras ella retomaba sus insondables pensamientos me escabullí hasta el umbral de mi dormitorio desde donde todavía podía verla. Su canción terminó unos minutos después para dar paso a un silbido entonado, alternado con gorgoritos deliciosos que me hicieron sonreír. Y con toda calma, como la había visto desde su llegada, se levantó y caminó hasta su cuarto, abrió aquella diminuta maleta con la que había arribado, sacó las fotos que guardaba celosamente y las puso en su velador, en su lugar introdujo los retazos de las prendas de lana que había cortado; la cerró sin prisa, la puso debajo de su cama y se acostó.  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;La mañana estaba sorprendentemente quieta y tibia, las paredes verde pastel de su habitación hacían ver su cuerpo más pequeño y más distante. Alguna avecilla dejaba oír su trinar en el preciso instante en el que comprendí lo que sucedería después.  &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;Con la mirada incrustada en el techo se persignó juntando sus manos, rezó con ese repetido susurro algodonoso y cuando hubo terminado se persignó, tomó la colcha que le llegaba hasta la cintura y se cubrió el cuerpo y luego el rostro, hasta quedar en la posición exacta en la que quedan los muertos. Y luego partió, partió en busca de la muerte que la había dejado olvidada en mi casa. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-3835308807416994428?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/3835308807416994428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/3835308807416994428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2008/04/ripucuchcaniam-ccama-allimlla.html' title='Ripucuchcaniñam ccamña allimlla'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/SBZeXyYMEFI/AAAAAAAABd4/Kzl0J8BOC58/s72-c/Quipu%2BLogo%2BFinal.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-805629619276392427</id><published>2008-03-31T13:05:00.000-07:00</published><updated>2008-03-31T13:11:04.558-07:00</updated><title type='text'>Quipu 2 - El jardín de los onanistas</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: normal;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/R_FEyEPQ_8I/AAAAAAAABaY/W1S8QsO4Ddg/s1600-h/Quipu%2BLogo%2BFinal.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/R_FEyEPQ_8I/AAAAAAAABaY/W1S8QsO4Ddg/s320/Quipu%2BLogo%2BFinal.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5184000273002069954" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;El segundo autor elegido en esta nueva etapa del Proyecto Quipu es Álvaro Díaz Ávila, chiclayano de veinticuatro años, que estudió periodismo y que ahora dice dedicarse a algo “que no tiene nada que ver con eso”. Para esta quincena los jurados fueron Daniel Salas y Gustavo Faverón. Se le recuerda a quienes quieran participar que pueden enviar sus cuentos o poemas al correo &lt;a href="mailto:gfaveron@gmail.com"&gt;gfaveron@gmail.com&lt;/a&gt;. Los cuentos no seleccionados para una quincena serán considerados para las quincenas siguientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span  lang="ES-PE" style="font-family:Arial;"&gt;EL JARDÍN DE LOS ONANISTAS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Álvaro Díaz Dávila&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span  lang="ES-PE" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span  lang="ES-PE" style="font-family:Arial;"&gt;¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué soy yo aquí? Soy un pincho parado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;(Fue lo que dijo el poeta chiclayano Juan Ramírez Ruiz en una reunión de amigos una noche cualquiera).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Bruno ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Hace meses que salió de su casa y se perdió para siempre de la vida de todos. Hasta ahora lo siguen buscando, pero creo que ya sin esperanzas de encontrarlo. A medida que los meses han ido avanzando, el recuerdo de Bruno se ha convertido en un fantasma que se filtra en nuestras vidas, en nuestras conversaciones y en nuestros sueños. Ayer soñé, por ejemplo, que a Bruno se lo llevaba un cohete espacial que decía con letras negras “La Incertidumbre”. Por eso, yo al menos, no he dejado de pensar en él ni en las posibles razones de su desaparición; una desaparición que al principio resultó extraña, pero que después regresa a nuestras especulaciones como una escalofriante consecuencia lógica, como si el destino de Bruno se hubiera condenado a sí mismo a evaporarse, a desintegrarse voluntariamente en su propio y patético drama de un artista que no sabe quién ser. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Un día me dijo: “No sé lo que pasa, pero siento que todas las chicas con las que he estado son la misma, todas han sido la misma mujer solo que con diferente cuerpo, como si en cada una de ellas se repitiera un mismo prototipo, una misma forma de ver la vida”. Esa idea lo estuvo torturando por mucho tiempo. La vida de Bruno, como sus mujeres, se repetía constantemente desde niño, como dando círculos sobre lo mismo, y por alguna razón que no entiendo, un día Bruno se da cuenta de eso. Esas cosas no las entiendo. Era como si, de pronto, Bruno hubiera decidido despertar, o en todo caso, lo hubiesen despertado de manera imprudente y empezara a darse cuenta de que la vida consistía en algo más. Bruno a cada instante nos decía que de chico pensaba que la vida le tenía guardada una sorpresa, nadie se lo había dicho pero él estaba convencido de eso, y él mismo ha vivido --nos dijo-- como si su vida no fuera su verdadera vida, porque su verdadera vida vendría luego, y sería distinta, más divertida, pero eso lo pensaba desde niño, pero ha ido creciendo y creciendo y &lt;i style=""&gt;me he sentido muy pequeño, muy defraudado, todo es tan difícil, tan grande, tan lejos de mí, ahora me he convencido de que la vida no me tenía guardado nada, vida pendeja, y ahora estoy caminando a oscuras&lt;/i&gt;. Sus palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;¡Ay! Qué habrás estado esperando de la vida, Bruno. Antes Bruno vivía feliz y triste, triste y feliz, su vida de lo mismo: sus canciones de siempre, su madre, los programas de televisión de siempre, sus amigos de siempre, sus enamoradas --todas iguales-- de siempre, sus tormentos cotidianos de siempre, su maniática sensibilidad de siempre, todo mezclado en un torrente de emociones que lo demolían diariamente y lo hacían componer canciones bonitas; sí, bonitas, pero nunca totalmente desgarradoras, bonitas pero que nunca terminaban por decir lo que él realmente sentía, bonitas pero no realmente buenas; y Bruno descubrió eso también y se regañaba a sí mismo, y se deprimía, se ofuscaba y sufría una pequeña desesperación interna. Una pequeña desesperación interna que yo supongo es la misma que siente alguien que se da cuenta que su vida es una farsa. O la misma desesperación interna de alguien que pudo ver su futuro a través de una ventana y lo que vio fue un túnel muy oscuro y casi infinito. Cosas así sin exagerar. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;La vida de Bruno empezó a cambiar. Primero, con ligereza, con repentinas y extrañas decisiones y cambios de humor, y luego con más fuerza e intensidad hasta llegar a convertirse en un verdadero delirio melancólico. Hasta llegar a convertirse en un sueño confuso o surrealista. O algo así, porque con Bruno la realidad simplemente dejaba de ser la realidad; como cohetes que llevan escritos las palabras “La Incertidumbre”. De plano, confieso que la idea me entusiasmó, a mí me parecía realmente divertido que un artista mediocre y sin confianza en sí mismo como él llegara a ensimismarse y a interrogarse tanto sobre su propia vida, que lo haya hecho desconectarse con la realidad. Porque yo conocía muy bien la vida de Bruno, de su timidez, de sus historias corrientes, de sus amoríos con discreta emoción, de sus sufrimientos adolescentes y anodinos, de las cuatro o cinco bandas, libros y películas que forman su reducida enciclopedia cultural, de su incapacidad de acercarse a los riesgos y tomar decisiones trascendentales, de almacenar en su mundito interior sólo programas de televisión de infancia, de su romanticismo empalagoso como el chocolate. En el fondo y en apariencia, Bruno era un niño. Uno lo miraba y era imposible resistirse a su encanto de chiquillo inquieto y dulce; hablabas con él y creías que hasta hace un rato había estado jugando en un jardín escolar. Había cumplido veinticinco años pero aún llevaba dentro de sí la inconsciencia y la espontaneidad de un niño; no he conocido a alguien tan espontáneo como Bruno, era impensable encontrar en él una premeditación, o una interrogación exagerada de las cosas. Bruno hablaba y se comportaba desde su “yo”, su único y valioso “yo”. Un niño Bruno condenado a ser atravesado por sus emociones, a dejar que la vida lo traspase sin pensar demasiado, sin profundizar mucho en nada, la contradicción de una lágrima en constante caída acompañada de una sonrisa eterna. Pero Bruno cambió y yo la verdad esas cosas no las entiendo. ¿Cómo es que un chico ordinario como Bruno pudo volverse líricamente loco? O hermosamente loco, o fascinantemente loco, o entrañablemente loco. Por lo general la gente no cambia así, drásticamente, y entonces a lo mucho Bruno se deprimía una o dos noches, pero hubiese regresado a su mediocridad cotidiana, porque así somos los chicos ordinarios, y porque Bruno, como cualquier otro chico ordinario, olvida inconscientemente las preocupaciones que pudieran estremecerlo, y eso porque carece de profundidad. Y así, sin dramatismos, se podía pasar la vida hasta morir en dulce ignorancia. Sin embargo Bruno se despertó un día y un cohete llamado “La Incertidumbre” se lo llevó de su mundo para depositarlo en el planeta de todos nosotros. Desde entonces Bruno preguntaba sobre la vida, la muerte y el sentido de las cosas y al principio uno lo escuchaba y se reía, porque nadie pensó que las cosas se irían tomando demasiado en serio. Por mi parte yo ya empezaba a observar la vida de Bruno con especial gozo --en realidad me moría de la risa--. Me convertí en seguidor silencioso de su progreso de artista confundido, afanoso en conocerse a sí mismo. La personalidad de Bruno se hacía –graciosamente-- más compleja y contradictoria. Dentro de él empezó a nacer –graciosamente-- su otro yo autodestructivo y malsano. Y Bruno se quedaba largos ratos en silencio, mirando el techo. El techo. Y Bruno caminando de aquí para allá buscando un pensamiento. Un pensamiento. Probó la marihuana, aunque fracasó en sus locas ganas de volverse un adicto porque le incomodaba sobremanera su efecto. Bruno sufriendo por el tiempo, a quién denominó su principal enemigo. Esta angustia por el tiempo perdido se desencadenaba de un momento a otro, cuando él advertía que lo que estaba haciendo no servía de nada para sí mismo, entonces, por ejemplo, en mitad de una película a la cual Bruno no le encontraba “esencia”, se paraba y se iba, ¿a dónde?, a estar conmigo mismo, nos decía. O de pronto, una mañana a Bruno lo veías corriendo, literalmente, diciendo que aquel “fantasma de vacío” lo perseguía y no había que dedicarle más tiempo, por eso corría porque tenía que coger un libro, o escuchar un disco. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Su primer trastorno fue la paranoia con su voz. Empezó a preocuparse por su voz, estaba convencido de que su voz no era la misma siempre, que cambiaba constantemente conforme a su estado de ánimo, o a lo que él llamaba su “fuerza interior”. Se convenció tanto a sí mismo de esa idea, que uno de verdad empezaba a notar las diferencias, entonces a veces se le notaba seguro, con buena pronunciación, hablando con énfasis cada palabra, y otras, se le notaba cansando, frágil, incluso hasta tartamudeaba. Era el reflejo de estados interiores, y por eso, lo que añoraba, era una voz suave y áspera, una voz suave que se dilatara con el viento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Pasaba todo esto y a mí me parecía que todo lo que hacía Bruno lo apañaba de ternura e ingenuidad. Yo lo miraba, y lo convertí rápidamente en mi héroe personal, aquel personaje cotidiano y ordinario que hace todo lo posible por revelarse contra su destino de la eterna repetición de lo mismo. En el fondo, Bruno anhelaba apasionarse con algo, no sé si habrá llegado a esa conclusión, pero estoy seguro de que lo que Bruno buscaba era aquella pasión que le diera algo de sentido a su vida. Pero la pasión siempre le fue esquiva, desaparecía de su ser como arena entre las manos, llegaba a su vida como relámpagos fugaces, verdaderos y efímeros momentos donde realmente “sentía” la vida, aunque eso se desvanecía rápidamente y regresaba a su frivolidad diaria. De eso trata su locura, de aquel delirante deseo de agarrarse de aquello que lo hiciera sentirse vivo, era un náufrago que se hundía en el mar de la convencionalidad, y donde la única salvación era lo trascendente, lo inmortal y lo superior. Pero el camino a ello no era el conocimiento ni la intelectualidad, sino la pasión, es decir, la sangre en las venas, la presión en el estómago, la exaltación de los sentidos, la emoción pura, y en los últimos meses que lo vimos luchaba por alcanzarlo, o al menos jugaba a que luchaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;En todo ese tiempo Bruno mantuvo una relación con Leila, su última novia, a quien amenazaba con dejarla mil veces, de las cuales cumplió tres, para luego regresar a los brazos de la pobre y confundida Leila, convencido de que no podía vivir sin ella, pero atormentándose porque en el fondo no la soportaba por ser tan convencional e incapaz de entenderlo. Pero Bruno la necesitaba, eso era evidente. Leila era la primera oyente de sus canciones, la única discípula de sus doctrinas, la cómplice infalible de sus proyectos. Leila estaba allí siempre porque lo amaba, porque le creía todo. Y si quiero ser tajante en este punto, diría que si alguna vez Bruno llegó a ser algo de lo que pensó para sí mismo pues lo fue para Leila. Y fue Leila la primera en convertir la desaparición de Bruno en un suceso místico, y por ratos, cuando se emocionaba, en profético. Porque Leila sentía que lo estaba perdiendo, que se le escapaba de sus brazos, que lo veía y era como si no estuviera, como un vacío, y Bruno con sus besos le estaba diciendo adiós. Cuando empecé a escribir esta historia indudablemente lo primero que hice fue buscar a Leila y hablar sobre Bruno. Leila fue la única testigo de los últimos días con nosotros. Me hice muy amigo de ella y pude sacarle detalles muy personales. Leila me cuenta por ejemplo que los últimos cinco días casi no salía de su cuarto para nada. Bruno aún vivía con sus padres y ellos se preocupaban por alimentarlo, aunque ya casi no tenían ninguna comunicación. Salvo Leila, quien se quedaba a dormir con él y hacían el amor de vez en cuando. Me contó incluso que en el acto sexual Bruno actuaba de manera rarísima; se colocaba encima, escondía la cabeza entre el cuello y el hombro de Leila y no decía nada y no emitía ningún ruido, solo escondía la cabeza y se movía por unos segundos hasta terminar. Las últimas veces habían sido así y para Leila se convirtió en un acto casi de gratitud. Ella entendía eso como que Bruno salía de su refugio en sí mismo para aplacar lo más rápido posible esa necesidad “desagradable”. Esa fue la palabra que utilizó Bruno para referirse al deseo sexual: &lt;i style=""&gt;desagradable&lt;/i&gt;. Y con esa palabra escuché --y también entendí-- otro de los grandes tormentos que soportaba Bruno casi en silencio: su incontenible apetito sexual. Yo no lo sabía, pero Bruno nunca había dejado de masturbarse. El sexo parecía envolverlo, sofocarlo, torturarlo tanto que lo odiaba. Era una adicción secreta que lo consumía todos los días, pues no podía dejar de pensar en sexo, y eso, decía él, era la más terrible de sus desgracias porque lo separaba de su esencia artística y espiritual, cosas de Bruno. Cuando me contó esto Leila yo me reí, pero ella me dijo no te rías. Para Bruno esto era muy serio. Un día Bruno estuvo pensando tanto en el asunto que soñó algo escalofriante. Soñó que unos hombres viejos vestidos de niños jugaban en un enorme jardín, y mientras jugaban se estaban masturbando. Es decir que mientras corrían y daban vueltas se estaban cogiendo el pene. Y no paraban de masturbarse hasta que se juntaron entre ellos y se tiraron al pasto para tener un orgasmo casi simultáneo, y todos a la vez entraron en un trance delirante de gritos y sonidos para luego descansar como niños con un dedo en la boca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Hace varias semanas que estoy tratando de escribir esta historia. La corrijo y la reescribo constantemente. Tengo miedo de no expresar exactamente lo que pasó y sobretodo, no quiero reflejar dramatismos. Porque aquí todo tenía el aspecto de broma, un chiste corriente que deja de ser gracioso en el momento en que Bruno desaparece de verdad. Hasta antes de ese momento Bruno es cándido, travieso, frágil, pero nunca valiente, nunca capaz de cumplir lo que hizo luego. Y fue justamente ese sueño que me contó Leila lo que realmente me motivó a escribir. Me quedé muchos días pensando en aquel sueño y llegué a entenderlo como un simbolismo de su vida y me pareció un sueño fantástico. Entendí que Bruno era uno de aquellos viejos que corría por todo el enorme jardín sin parar de masturbarse, porque el estar en constante masturbación era su manera de “negar” la realidad, de no aceptarla, de satisfacerse consigo mismo y no necesitar de nada más que su cuerpo. Entonces Bruno prefiere masturbarse y seguir jugando en ese enorme jardín que era el mundo, para luego dormir con un dedo en la boca. Y así y así hasta hacerse viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Estoy seguro de que Bruno se dio cuenta de eso y por eso tampoco dejó de pensar en aquel sueño, y su graciosa y exagerada desesperación por cambiar tuvo que ver con que quería dejar de ser ese viejo que no dejaba de masturbarse. Porque para mí su instinto sexual solo componía una parte de su compleja personalidad, y en realidad su masturbación era generalizada, es decir, vivía masturbándose con sus manías, con sus miedos, con sus complejos, con su ternura; gozaba con todo su ser y se acostumbró tanto a eso que no quería vivir en otro mundo que no sea con su propia satisfacción. Pero por alguna razón que no entiendo, Bruno quiere romper esa burbuja, ese mundito interior de autosatisfacción. Se sintió vacío, se sintió niño, se sintió inmaduro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;Una noche, meses&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;antes de su desaparición, hablamos acerca de su futuro. Aquella vez Bruno había estado tocando sus canciones; estaba excesivamente inquieto, expresivo y de buen humor, hablaba y cantaba con graciosa vanidad, una vanidad repentina y exagerada, producto más de la exaltación y del vino que de su verdadera y frágil personalidad. Lo que pasa es que Bruno sabía que estábamos disfrutando de él, de sus manías al hablar, de sus canciones tiernas, de su voz, aquella original voz de tonalidades fuertes y ásperas que le dieron algo de estilo. Y en eso estábamos, escuchándolo cantar y hablar, hasta que, no sé por qué ni de dónde salió, decidimos increparle sobre su futuro como músico. Lo que recuerdo es que la idea inicial no tenía otra pretensión más que la de alentarlo a que pensara un poco más en lo que puede hacer con su música, a manera de un regaño de amigos. Según nosotros, era una forma de darle a entender que nos parecía demasiado bueno como para que siguiera desperdiciando su tiempo, aunque no teníamos tampoco ni idea de qué es lo que se debe hacer para llegar a algo, así que, mientras la conversación avanzaba nuestra idea se convirtió en una serie de comentarios torpes e inútiles sobre lo que debía hacer Bruno con su vida. ¿Qué más podía hacer Bruno?, quizá ninguno de nosotros se había preguntado eso de verdad, después de todo tenía su banda, había grabado, como pudo, sus canciones en un disco que repartió a sus amigos, tocaba constantemente en conciertos locales y cada vez estaba componiendo mejores canciones en un proceso creativo que él encontraba necesario y motivador; pero ¿Bruno era lo suficientemente bueno como para llegar a algo más? Esa noche nos comportamos como unos tontos, y nos pasamos largo rato deliberando sobre el destino de nuestro amigo Bruno, quien minutos antes estaba jugando de lo lindo a ser un cantante especial, sensible y seguro de sí mismo, pero después de haber sido sermoneado por nosotros empezó a sufrir un entristecimiento envolvente que parecía devorarlo y que se reflejó claramente en su semblante pálido, en su mirada fija sobre la nada y en sus comentarios que se fueron reduciendo a monosílabos distraídos y lacónicos. A veces me inclino por pensar que esa noche empezó a cambiar algo dentro de Bruno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-PE" &gt;En una de sus últimas noches con Leila le dijo mientras miraba las estrellas por la ventana: “yo creo que el último día de mi vida será como este, mirando las estrellas y sin haber entendido nada”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES-PE" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Marzo del 2008&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-805629619276392427?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/805629619276392427'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/805629619276392427'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2008/03/quipu-2-el-jardn-de-los-onanistas.html' title='Quipu 2 - El jardín de los onanistas'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/R_FEyEPQ_8I/AAAAAAAABaY/W1S8QsO4Ddg/s72-c/Quipu%2BLogo%2BFinal.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-388370195223035439</id><published>2008-03-17T06:51:00.000-07:00</published><updated>2008-03-17T06:53:05.751-07:00</updated><title type='text'>Primer Quipu</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 0);font-family:arial;font-size:130%;"  &gt;Dos cuentos de Julio Meza&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;  &lt;p class="MsoTitle"  style="text-align: left;font-family:arial;" align="left"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/R9510nwTfQI/AAAAAAAABZQ/w7Y97j93EJ8/s1600-h/Quipu+Logo+Final.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/R9510nwTfQI/AAAAAAAABZQ/w7Y97j93EJ8/s320/Quipu+Logo+Final.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178706168407883010" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-weight: normal;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;Para la primera edición quincenal de esta nueva etapa de &lt;span style="color: rgb(153, 102, 51);"&gt;Quipu&lt;/span&gt;, se recibieron seis decenas de textos de jóvenes autores (no todos llegaron a ser revisados, muchos de ellos se juntarán con otros cincuenta textos llegados en los últimos quince días). Los jurados encargados de esta primera selección fueron &lt;span style="color: rgb(153, 102, 51);"&gt;Javier Gárvich &lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;y&lt;/span&gt; Ernesto Carlín&lt;/span&gt;, quienes eligieron de común acuerdo los dos cuentos enviados por Julio Meza, subrayando sobre todo uno de ellos, “El árbol”. &lt;span style="color: rgb(153, 102, 51);"&gt;Julio Meza&lt;/span&gt; (Lima) tiene veintisiete años, es un abogado graduado en la PUCP que ahora se dispone a estudiar literatura en esa misma universidad. Ha publicado un libro de cuentos, &lt;i style=""&gt;Tres giros mortales&lt;/i&gt;, en la editorial Casatomada que dirige &lt;span style="color: rgb(153, 102, 51);"&gt;Gabriel Rimachi&lt;/span&gt;. Administra un blog de crítica de rock llamado Atrapa la Luz (&lt;a style="color: rgb(153, 102, 51);" href="http://www.atrapalaluz.blogspot.com/" target="_blank"&gt;www.atrapalaluz.blogspot.com&lt;/a&gt;).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoTitle"  style="text-align: left;font-family:arial;" align="left"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 0);"&gt;&lt;br /&gt;El árbol&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;Al este de un cielo de nubes blanquecinas, el sol se levantaba con su característico vigor matutino (parecía un hombre luminoso que se despereza exhibiendo una panza abultada) y, con su fuerza natural, lanzaba sus rayos amarillos que producían iridiscencias en las rocas de los cerros imponentes. Varios metros más abajo, en el pueblo, las tejas rojizas y las ventanas de las fachadas brillaban por el emerger de la mañana, y estos pequeños resplandores formaban raras constelaciones que podían verse desde las lejanías. En la plaza, la iglesia mayor proyectaba una sombra alargada, que aumentaba de tamaño hasta atravesar el asfalto, ingresar al jardín central&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y refrescar la banca de madera que acogía a un mendigo. A una cuadra, en la calle que conducía al río de aguas tranquilas, se encontraban las casas de las personas más pudientes, y, por ello mismo, el sector más cuidado y agradable de todo el valle. Una de esas construcciones, que se ubicaba en una esquina concurrida, era la del señor, un hombre de edad avanzada, pero con un cuerpo tan recio que daba la idea que los años, en vez de afectarle, le habían dado una fibra invencible. Frente a su puerta principal, por donde recibía las visitas de sus pares, se ubicaba el resultado de las décadas completas que había llevado en ese lugar: un árbol de raíces profundas, tronco grueso y firme, y ramas y hojas de una gran abundancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Cuánto se demora este bruto! -dijo el señor, saliendo a la vereda para buscar al jardinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;A una centena de metros, el jardinero venía caminando lentamente, como si reflexionara con paciencia antes de dar cada paso. Sobre su espalda encorvada, y en una bolsa de rafia, llevaba sus herramientas de trabajo, algunas ropas y un frasco con gasolina. “Pero qué rico”, pensó, luego de sentir el calor del ambiente en su cuerpo, y se puso a silbar. La melodía que brotaba de sus labios era en apariencia alegre, pero tenía una corriente subterránea que la tornaba melancólica y, en algunos momentos, hasta vertiginosamente triste. Por más que se esforzó (puso un dedo en su boca y junto los dientes), no logró evitar el aire oscuro de su música. “Parece que mi interior me manda un mala señal”, caviló, y, sin embargo, continuó soplando con ritmo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Luego de pasar por una bocacalle, vio al señor, que exhibía un rostro de exasperación, y recién avanzó con rapidez, pues entendió que estaba llegando tarde. “Uy, el señor está amargo, creo”, pensó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Ya delante de su patrón, bajó sus cosas y saludó con verdadero cariño: - Señorcito, buenos días. ¿Cómo se encuentra hoy?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-A ti que te importa cómo estoy -respondió el señor, agresivamente-. Debiste aparecer hace media hora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí, señorcito -dijo el jardinero, bajando la cabeza-. Pero no se moleste. Al fin y al cabo, he llegado ya, ¿no?… Dígame, ¿para qué soy bueno?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Primero, la próxima preséntate más temprano -manifestó el señor-, porque de lo contrario no te daré ningún encargo -y, relajando su mal carácter, señaló el árbol-. Bueno, ¿ves a ese?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Deseo que lo hagas caer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Pero… -dijo el jardinero, mirando el árbol por un momento- ese está sano y fuerte. ¿Por qué quiere que lo baje?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡A ti qué te interesan mis razones! -el señor volvió a encolerizarse-. ¡Sólo córtalo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Como desee, entonces -aceptó el mandado el jardinero -. Lo haré lo más pronto que pueda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Espera -agregó el señor, rascándose la cabeza-. Si te lo cuento, tal vez trabajes con más ganas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-A ver, señorcito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Mira, sucede que mi mujer está muy enferma -se explicó el señor-. Ella cree que va a morirse. Pero considera que eso no sucederá hasta que cante un ave de mal agüero. Y en el único lugar en que se puede colocar dicho animal es en ese árbol. Por lo tanto, mientras no exista esa planta fregada, ningún pájaro se hará escuchar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Entiendo, señorcito -dijo el jardinero, respetuosamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Bueno, ahora me voy -finalizó el señor-. Tú ya sabes cuál es tu trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Mientras se retiraba el señor, el jardinero se paró delante del árbol y lo observó con atención: bajo el sol intenso, tenía un aire majestuoso y superior, como de alguien importante. “Además”, pensó él, “parece de ánimo duro y voluntad terca, igual que un señorón de esos”. De inmediato, el jardinero se acobardó, y contrajo el cuerpo hasta juntar la quijada con el pecho. Su meditación le indicaba que debía mostrar respeto, pues no estaba tratando con un igual. Pero, luego de unos segundos, cuando se dio cuenta que estaba frente a un árbol, se irguió por completo, se colocó en posición de pelea, y dijo en tono desafiante: -No me vencerá ni con su porte de señor ni con nada… ¡Y, por último, no permitiré que le haga daño a la señora!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Desde la perspectiva del jardinero, el árbol pareció responder a sus palabras: se agitó ligeramente, como si se estuviera riendo ante su amenaza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;***&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Ha llegado su fin, señor árbol -se animó el jardinero, levantando la tijera de podar-. Ahora sabrá de mi oficio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Con una minuciosidad de artista, y sobre su escalera de tablas, empezó cortando las ramas más pequeñas. Para alguien no avisado, daba la sensación de estar realizando una labor de peluquería, pero trasuntada a los oficios que requieren las plantas. Luego de varios minutos, cuando terminó con su tarea, y dejó al árbol sólo con su enramado grueso, tomó el machete y, con golpes secos, acabó por tirar abajo esos brazos marrones y tortuosos. Ya con la cara y el pecho manchados de tierra, descendió al suelo, y procedió a alistarse para el trabajo más arduo: quebrar el tronco. Empuñando el hacha con ambas manos, taló una y otra vez, deteniéndose a ratos para secarse la frente o beber agua de una botella de vidrio. Media hora después, cuando estuvo a punto de concluir (sólo faltaban tres o cuatro hachazos), cogió la soga y, con mucha precisión, la envolvió a un lado del tronco. A continuación, tiró con potencia, hasta que, tras el grito “¡cuidado abajo!”, el árbol cayó vencido, desplomándose en su integridad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Le dije que acabaría con usted -soltó el jardinero, dibujando una media sonrisa-. Ahora, pues, le verá el señor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Mientras tanto, el sol seguía gobernando con ímpetu, lanzando sus rayos como si estuviera dando su bendición a todos los seres existentes. En respuesta, las flores abrían sus pétalos de colores, invitando a que cayera en su interior un poco de la energía dorada que se desperdigaba por el campo; y los animales, con una alegría que manifestaba éxtasis, jugaban desplazándose de un lugar a otro y produciendo una bulla disonante pero feliz. Más allá, sin embargo, un conjunto de nubes albas, que poco a poco se volvían de un gris espectral, acechaban como fantasmas, y expandían su sombra tensa por algunos bastos territorios. A su vez, el viento, al que parecía fastidiarle la claridad del día, exhalaba hacia el este, ora con suavidad, ora con una potencia desgarradora, y, lentamente, desplazaba a los copos blancos del cielo a su encuentro con el astro rey.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Avanzando sin apuro, el jardinero se acercó a la casa y tocó la puerta. De inmediato, el señor se asomó y preguntó qué deseaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Ya he acabado, señorcito -dijo el jardinero, con tono alegre-. Puede decirle a su señora que esté tranquila. Nada le va a pasar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Oye, ¿pero tú estás bruto? -se molestó el señor y, estirando un dedo, indicó-. ¡El árbol sigue allí!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Qué? -se impresionó el jardinero, volviéndose-. Pero si hace un rato…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;-¡Cumple con tu tarea, so vago! -concluyó el señor, y lanzó la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Estupefacto, el jardinero le puso los ojos al árbol con una cólera ardiente: este se hallaba con su tronco intacto, sin ninguna rama quebrada y con su mechón de hojas llenas de una vida arrogante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No me la va a hacer -reventó el jardinero, colérico-. ¡A mí no me la va a hacer!&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;***&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;En las alturas, el viento, que había soplado con una fuerza liberada, empujó las nubes a lo largo de varios de kilómetros y, habiendo logrado su propósito inicial, oscureció el ambiente de tal forma que todo se tiñó de una coloración ceniza. Las nubes, con su naturaleza ahora abultada y negra, expedían relámpagos incesantes y provocaban la sensación que, de un momento a otro, iban a explotar definitivamente. El sol, del que ya sólo se podía observar cierto resplandor y algunas de sus lanzas brillantes, moría sin luchar y estático, como si le hubiera sido suficiente su breve reinado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;-Con que sí, ¿no? -dijo el jardinero, destilando amargura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;Con movimientos presurosos, se sacó la chompa y el polo, y se amarró una faja de cuero alrededor de la cintura. Sin esperar un instante, cogió su hacha y, furiosamente, golpeó el árbol en su base. Repitió este acto numerosas veces, sin descanso ni para tomar un suspiro, hasta que logró dejar al aire libre el centro mismo del tronco. “Tendrá que derrumbarse”, pensó el jardinero, dirigiéndose al árbol. “A las buenas o a las malas”. Prosiguió con rabia cada vez más intensa, como si, en un arranque de locura, estuviera asestándole cuchillazos homicidas a una víctima que estuviera a punto de fenecer. Luego de uno minutos, con su entorno lleno de astillas de madera, el árbol empezó a inclinarse hacia la izquierda. Dejando la cuerda que uso anteriormente a un lado, lanzó terribles puntapiés contra la corteza pelada, y, rechinando estremecedoramente, el árbol se derrumbó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Le dije que no podría conmigo! -se exaltó el jardinero-. ¡Se lo dije!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Para que no haya duda de su logro, siguió asestándole tajos al árbol caído. Con el rostro y la espalda húmedos de sudor caliente, le dio duro a las ramas, casi sin distinguir las que eran pequeñas de aquellas de mayor tamaño. En quince minutos, y exhibiendo unos dedos encallecidos, tuvo a sus pies un enorme montículo verde y castaño. A continuación, aprehendió otro instrumento (una sierra), y prosiguió con el tronco desnudo. Sin conmoverse por la savia que se derramaba a manera de sangre, hirió progresivamente el cuerpo tendido, hasta sacar la primera rodaja de madera. Tres cuartos de hora después, no existía tronco, sino una docena de trozos circulares. “Aquí no acaba la cosa”, le dijo al árbol, mentalmente, mientras jadeaba de cansancio. “Sólo ha comenzado lo bueno”. Con el hacha, y ya gastando las últimas energías que le restaban, destrozó las mencionadas piezas y, como si fuera a prender una fogata, acumuló leña en grandes cantidades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Quién es el señor, pues? -dijo el jardinero, completamente cansado, pero orgulloso-. ¡Ahora dime quién es el señor!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-A quién le hablas, loco de mierda -gritó el señor, desde el interior de su casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El jardinero se volteó y, dirigiéndose al señor con un tono triunfante, le anunció: -¡Ya terminé! ¡Venga usted a ver cómo quedó!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El señor abrió la puerta y quedó callado, como si estuviera pensando la manera más punzante de responder un insulto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Tarado! -soltó por fin, y agregó, con la mirada ardiente: -¡Pero si allí esta el árbol! ¡Acaso tratas de reírte de mí!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Estupefacto, el jardinero dirigió su cabeza hacia atrás y, con las articulaciones temblorosas, se encontró con el árbol íntegro, tan igual como lo había visto a su llegada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Carajo, termina de una buena vez o ya no querré más tus servicios! -indicó el señor, y se marchó golpeando la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El jardinero, jalándose de las crenchas, gritó: -¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No le dejaré vencer! ¡No!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;***&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Explotando por un frenesí agresivo que le enfermaba la cabeza, el jardinero no reflexionó un momento, sólo se dejó llevar por el mero arranque del impulso, y empezó a empapar el árbol con la gasolina que tenía en una botella. Mojó la parte más expuesta, desde las zonas visibles de las raíces, hasta el tronco que se perdía por las ramas entreveradas. Como su pulso era descontrolado (no aguantaba la irritación que le producía haber sido derrotado dos veces por el árbol), manchaba el suelo y sus propios pies calzados con sandalias. Finalmente, empapó un trapo y, llevado por un afán piromaniaco, lo encendió con fósforos y lo arrojó al árbol. Este ardió como una antorcha gigante y crepitó sin cesar, expulsando densas humaredas negras. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Le derroté! -saltó de alegría el jardinero-. ¡Ahora sí le derroté! -y se puso a reír con carcajadas enajenadas-: ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El sol había desaparecido por completo, sin dejar siquiera un modesto rastro de su presencia. Las nubes, que eran las nuevas gobernantes del cielo, lucían un negro intenso y, además de reventar en fragorosos espasmos de luz, echaban rayos como si fueran brujos vengativos. El viento, perdiendo toda coordinación, soplaba a mansalva, entreverándose en desorden y careciendo de un sentido claro. De un momento a otro, se escuchó un tronar más fuerte que todos lo anteriores, y, por un instante, se vivió una atmósfera&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;paralizada, como si el tiempo se hubiera detenido en una fotografía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y, con violencia, llovió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡No! -chilló el jardinero-. ¡No se liberará de esta!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las llamas del árbol, que habían crecido considerablemente, empezaron a apagarse, y el humo brotó en espirales como una serpiente encantada de su canasta. El jardinero, sin esperar un segundo, y con movimientos torpes por la desesperación, echó más gasolina, y, por casualidad, se empapó el pecho y las piernas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;¡No le dejare ganar! ¡No! -aulló, y, sin ninguna razón, volvió a lanzar risotadas-: ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;En seguida, prendió fuego. El árbol se envolvió en llamas, pero no con el mismo brío de antes. Con lo ojos desorbitados, el jardinero se puso a silbar, como lo hizo al principio del día. Pero ahora, acompañado de su música, también bailó, dejando huellas largas sobre el barro. Su tonada era exaltada, y hacía referencia a un triunfo supremo y una alegría espiritual. Era una melodía propia de fiestas carnavalescas, pues estaba compuesta de partes jubilosas y de un ánimo lujurioso. Pero, en lo profundo, tenía un aire lúgubre, que indicaba la melancolía que produce la proximidad de la muerte. Sonaba como el anuncio festivo y resignado de alguien que, pese a sus esfuerzos sobrehumanos, fallecerá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;El jardinero bajó mecánicamente la cabeza y, sin sorprenderse, descubrió que tenía la bota de su pantalón encendida. Ya sin cordura, se bañó con lo que restaba de gasolina, mientras expedía a grandes aullidos:- ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;Y, con el cuerpo en fuego a lo bonzo, gritó-: ¡Así usted morirá! ¡Morirá!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;Y corrió a abrazarse al tronco del árbol: fuego y fuego se unieron y, hasta consumirse, no se apagaron. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;***&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;No pasó mucho (de dos a tres horas) para que las nubes se desgastaran en su trance líquido, pues, a medida que evacuaban agua, se consumían al igual que cuerpos afectados por la hambruna. En un momento dado, desaparecieron del horizonte, y se presentó, con un aura renovada, quien gobernaba en un principio: el sol. Este, despidiendo su luz brillante, impartió una vida nueva a la atmósfera, que se mostró caliente y acogedora como una madre. El viento, por su lado, se relajó por completo, y únicamente se hacía sentir a manera de una brisa fresca que relaja los rostros y mueve con sutileza las cosas dóciles. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El señor salió de su casa y se encontró con una escena pavorosa: desperdigadas por el piso, había un hacha, una sierra, una soga, un recipiente y una tijera de podar; más allá, un cuerpo calcinado, que sólo mostraba como piezas intactas sus dientes blancos, se exhibía con un gesto furioso y tenso; y, al lado, el árbol se levantaba íntegro y con la vida lozana del que ha renacido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Pero… -se dijo el señor, sorprendido-. ¿Pero qué ha pasado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;De pronto, un ave negra se posó sobre una de las ramas gruesas del árbol. El señor, que la había visto llegar, cogió algunas piedras e intentó espantarla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Fuera! -decía-. ¡Fuera, monstruo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sin hacerle caso al señor, el ave negra abrió el pico y, haciendo primero unos gorgoritos, cantó con una sencillez sublime. Luego, esquivando uno de los proyectiles que le lanzaron, se marchó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Maldita! -le gritó el señor, alzando los puños-. ¡Maldita ave de mal agüero! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;***&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En la noche, bajo una luna colmada de reflejos, la esposa del señor murió luego de un vómito de sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;       &lt;p class="MsoTitle" face="arial" style="text-align: left;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" style="text-align: left; font-family: arial;" align="left"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 0);"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El día del al revés&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;      &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES-PE" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;-Ya te lo he dicho-, dijo el abuelo, acomodándose el chullo que cubría su caballera hirsuta y negra-. Lo que pasa es que no quieres creerme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Una porción luminosa del sol, casi su tercera parte, despuntaba entre los cerros verdes señalando el comienzo de la jornada. Las nubes, que hacía sólo unas horas habían lucido oscuras y tumultuosas, pues durante la madrugada había llovido en toda la zona con una fuerza torrencial, ahora se mostraban livianas al igual que pequeños copos de algodón. Debido a esto, el cielo estaba sumamente despejado (tenía una transparencia relajante), y, sin mucho esfuerzo, se podía distinguir el color del pecho de las palomas que sobrevolaban en las alturas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Pero es que es imposible-, manifestó el niño, rascándose la cabeza-. Eso parece un cuento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Disfrutando del ambiente, el abuelo y el niño se encontraban acomodados sobre unas bancas de madera, en un rincón del patio. En el contorno, había puertas que conducían a habitaciones de dimensiones pequeñas, que albergaban a los viajantes que llegaban al pueblo por las fiestas del santo patrón. El abuelo obtenía algún dinero por el alquiler de esos cuartos, pero, en vez de ser conocido por su faceta de arrendatario, la gente lo distinguía como aquél que había leído mucho y contaba relatos. Quizás, por ese motivo, su forma de hablar era como un hombre de la ciudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Te lo repetiré- dijo el abuelo, fastidiado -. Cuando llega el 16 de enero, un pedacito del mundo se pone al revés.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Hoy es esa fecha, y no ha pasado nada- manifestó el niño, con un gesto de suspicacia-. Te he chapado la mentira.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Bueno, piensa lo que quieras- se cansó el abuelo. De forma maquinal, sacó una bolsa con hojas de coca, y se puso a masticarlas, mientras guardaba un silencio sepulcral. Luego de unos momentos, con el cachete hinchado por la acumulación de la hierba, continuó-: Te contaré lo que sucedió hace exactamente quince años. ¿Conoces el ataúd de los pobres?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Cuál es ése?- preguntó el niño, extrañado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Es ese ataúd que se encuentra en el velatorio de la municipalidad. Es el que sirve para llevar a los cadáveres de los indigentes desde la capilla mortuoria hasta la fosa común. Ese ataúd sólo se conserva en buen estado por sus duras tablas y su excelente barnizado… Bueno, el hecho es que los seres humanos son siempre los que van a ese ataúd. Hombres y mujeres, de todas las edades, se dirigen a su compartimiento, y lo ocupan por un lapso de tiempo. Pero, de repente, un 16 de enero, el ataúd fue hacia los hombres y las mujeres. Aunque no lo creas, el dichoso ataúd salió de su morada y empezó a perseguir a la gente por la calle. Abría y cerraba su tapa como si fuera una boca enorme, y volaba sobre su base de la misma forma que lo hacen los espíritus. Pese a que las personas huyeron en estampida, el ataúd atrapó a una viejita cegatona que barría la vereda. Sólo así tranquilizó su hambre maléfica. Al día siguiente tuvimos que enterrar a la viejita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Eso no ha sucedido- soltó el niño, e hizo una mueca de sorpresa tan graciosa que le provocó una risita al abuelo-. Tengo que ir a ver ese ataúd.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sin despedirse, el niño partió en seguida, levantando una breve estela de tierra seca. Corrió a lo largo de tres cuadras, llegó a la plaza principal (en donde numerosas palomas comían migas de pan) y, esquivando las bancas y los jardines de flores vistosas, se dirigió hacia el velatorio. Cuando llegó a ese lugar, con mucha cautela, y respirando agitadamente, pues sentía que un miedo inevitable crecía en su interior, abrió su portón de metal. En la habitación, que, debido a las ventanas cerradas, tenía una atmósfera lúgubre, encontró el referido ataúd. Estaba colocado sobre un armazón de bronce, lo rodeaban unas lámparas de focos apagados y, cerca a la cabecera, tenía una cruz de ornamentación barroca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;“Pero el ataúd no vuela ni come gente”, pensó el niño. Iba a adentrase para ver de cerca al protagonista de la historia del abuelo, pero fue interrumpido por el guardián.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Qué haces aquí?- le preguntó, con un rostro de amargura-. Éste no es un espacio para pequeños. Vete de una buena vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El niño miró al guardián, luego al ataúd, y se marchó sin decir una palabra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;De regreso en la casa, halló al abuelo en el mismo lugar, mascando coca y, como una&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;iguana, calentando el cuerpo con los intensos rayos solares. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Me has engañado- soltó el niño-. El ataúd ni siquiera tiembla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El abuelo emitió una sonrisa, y respondió: -Por supuesto que el ataúd no se mueve. Te dije que eso sucedió hace quince años. Ahora el ataúd descansa tranquilo, como un animal sedado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Ah ya -dijo el niño, con ojos de molestia, pues percibía que le habían tomado el pelo-. ¿O sea que el ataúd se quedará quieto para siempre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No necesariamente -mencionó el abuelo- Mejor te cuento otro hecho que aconteció hace 25 años, en un 16 de enero tan similar al que vivimos hoy. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;           &lt;/span&gt;-A ver -dijo el niño, con un tono de suspicacia-. Comienza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Bueno -soltó el abuelo, metiéndose más coca en la boca-. ¿Conoces a la partera y la tendedera? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí -respondió el niño, preocupado porque esta vez los personajes eran de carne y hueso-. Son amigas de mi mamá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Entonces podrás preguntarles a ellas si miento o no –dijo el abuelo, tranquilo y sin remarcar que planteaba un desafío-. Bueno, aquí va la historia… Lo que sucede siempre es que los individuos, para llegar a esta tierra, salen del vientre materno. Algunos con facilidad, otros con dificultad, pero todos pasan alguna vez por entre las piernas de sus madres. Pero un 16 de enero, en el que caía un aguacero con una furia espantosa, la partera fue llamada al hogar de la tendedera. Aquélla creía que iba a ayudar en un nacimiento común, uno semejante a los tantos otros que había visto pasar por sus experimentados ojos. Pero, cuando llegó a su destino, se encontró con algo monstruoso. Un recién nacido, todavía con el cordón umbilical intacto y con manchas de sangre en el cuerpo, pugnaba por introducir su cabeza en la vagina de su madre. “Ayúdeme”, le dijo la tendedera a la partera. “Haga que mi hijo se meta en mí”. La partera, aterrorizada porque nunca antes le habían hecho un pedido igual, se quedó quieta, sin saber cómo enfrentar la situación. “¡Ayúdeme, por Dios!”, agregó la tendedera. “¡Acaso espera que lo haga sola!”. La partera venció su temor e, impulsada por la fuerza del deber que exige todo oficio, puso las manos a la obra. A la mañana siguiente, cuando en el horizonte podía apreciarse un arco iris, la tendedera tenía a su hijo en su interior. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No puede ser -dijo el niño, con un mohín que indicaba tanto escepticismo como perplejidad-. Tengo que comprobarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sin decir más, el niño partió de inmediato. Se dirigió al puesto de la tendedera, que se ubicaba frente a un descampado, en el cual se acumulaban las palomas, pues aprovechaban los charcos que había dejado el temporal para beber diminutos sorbos y mojar sus plumas. El niño llegó a su destino agitado, ya que había acelerado como si lo persiguiera el demonio. Desde una distancia de pocos metros, observó a la tendedera (una mujer entrada en años y con una contextura extremadamente delgada) que atendía con solicitud a sus clientes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;“Pero si no está embarazada”, caviló el niño, decepcionado. Por un instante quiso interrogar a la tendedera sobre lo que, según el abuelo, había pasado hacía 25 años. “Mejor no lo hago. Podría pensar que estoy loco. Pues lo más probable es que lo que me ha dicho el abuelo sea mentira”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pensativo, el niño retornó donde el abuelo. Tenía muchas preguntas que realizarle sobre el ataúd y la tendedera, y, sobre todo, deseaba saber por qué le contaba esos embustes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cuando retornó a la casa, el sol se había elevado de entre los cerros llenos de pasto y, con una potencia soberbia, brillaba en el punto más elevado, justo en la perpendicular a la tierra. Las escasas nubes que restaban se habían alejado gracias a un viento suave, que aliviaba a la gente del calor sofocante que se había apoderado de la atmósfera. Las palomas, en especial las jóvenes, dejaban los nidos y aprovechaban el ambiente agradable para ir de techo en techo jugueteando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En el patio, el niño no encontró al abuelo. En el sitio que había ocupado, que aún estaba tibio por el calor de las sentaderas del viejo, sólo había algunas hojas de coca, ordenadas de una manera muy particular: formaban la frase &lt;i style=""&gt;16 de enero&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; font-family: arial;"&gt;  &lt;/p&gt;   &lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" lang="ES" &gt;***&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="line-height: 150%;font-family:Arial;font-size:10;"  lang="ES" &gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; Caminando por el atrio de la iglesia principal, el niño reflexionaba sobre los relatos que le había descrito el abuelo. Abstraído, se sentó en las escaleras de piedra y puso su cabeza sobre la palma de sus manos. Muy cerca, veía cómo un bebe, de aproximadamente dos años de edad, perseguía a las palomas, intentado agarrarlas sin conseguirlo. Saliendo de sus cavilaciones, el niño sonrió por la ingenuidad del bebe. Sin embargo, su gesto cambió de pronto. Sin que haya una advertencia previa, variaron los papeles en la escena que veía: las palomas empezaron a perseguir al bebe. Éste escapaba dando pasos zigzagueantes, hasta que, a causa de su torpeza, cayó de bruces al piso. Las palomas lo recogieron y, sujetándolo con sus patitas agudas, se lo llevaron, desapareciendo en el horizonte amarillo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-388370195223035439?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/388370195223035439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/388370195223035439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2008/03/primer-quipu.html' title='Primer Quipu'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/R9510nwTfQI/AAAAAAAABZQ/w7Y97j93EJ8/s72-c/Quipu+Logo+Final.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-812991974110219391</id><published>2007-07-12T19:02:00.000-07:00</published><updated>2007-07-12T19:09:02.644-07:00</updated><title type='text'>Febrero lujuria, de Christian Reynoso</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;font-size:100%;" &gt;[Noveno capítulo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;font-size:100%;" &gt;]&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;  &lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RpbePaecdNI/AAAAAAAAAvA/JKHZMnpCweo/s1600-h/VirgenCandelaria.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RpbePaecdNI/AAAAAAAAAvA/JKHZMnpCweo/s200/VirgenCandelaria.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086497185547973842" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Después del dos de febrero, la ciudad de Lago Grande quedó a la espera &lt;st1:state st="on"&gt;del&lt;/st1:state&gt; octavo día &lt;st1:state st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;del&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:state&gt; mes. Ese día se celebraría &lt;st1:personname productid="la Octava" st="on"&gt;la  Octava&lt;/st1:personname&gt; de la fiesta y las actividades de veneración a &lt;st1:personname productid="la Virgen" st="on"&gt;la Virgen&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Candelaria" st="on"&gt;la Candelaria&lt;/st1:personname&gt; continuarían. En el programa, se había previsto realizar, el día siete, la víspera de &lt;st1:personname productid="la Octava" st="on"&gt;la Octava&lt;/st1:personname&gt; de la fiesta y el día ocho, nuevamente la celebración de una Misa de Fiesta con procesión. Sin embargo, esta última actividad no tendría sonada repercusión porque el mismo ocho se llevaría a cabo en el estadio Monumental el Concurso de Danzas con Trajes de Luces. Y al día siguiente, nueve, las principales calles y avenidas de la ciudad serían el escenario de &lt;st1:personname productid="la Parada" st="on"&gt;la Parada&lt;/st1:personname&gt; de Danzas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Muchos consideraban que la festividad empezaba en toda su magnitud, recién la noche en que se celebraba la víspera de &lt;st1:personname productid="la Octava. La" st="on"&gt;la  Octava. La&lt;/st1:personname&gt; plaza Pino se colmaba de gente, se reventaban cohetes y el cielo se convertía en una galería de fuegos artificiales. Así, se imprimía el sello que marcaba el inicio de la fiesta. Todo el mundo estaba atento a esa noche. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;&lt;span style=""&gt;─&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Y claro que es así &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;&lt;span style=""&gt;─&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;dijo el tío Augusto, mientras se disponía a leer, echado en su cama, el último libro que había comprado&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;&lt;span style=""&gt;─&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;. Con la víspera no sólo empieza la fiesta, sino también la borrachera generalizada de todos &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;&lt;span style=""&gt;─&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;sentenció.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Y antes de concentrarse en la lectura no pudo evitar algunos pensamientos. Sabía que los siguientes días serían los peores de la festividad. Sabía que cada vez que llegaba febrero su vida se convertía en un infierno, porque la historia se repetía cada año, y él que había vivido toda su vida en Lago Grande podía decirlo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;“El rostro de la ciudad cambia. Los días se hacen más largos. El pasaje &lt;st1:city st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;Lima&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:city&gt;, corazón de la ciudad, se llena de desconocidos y caras nuevas. Los foráneos empiezan a llegar, solos o en grupo. Los hoteles y las empresas de transportes incrementan sus tarifas al igual que los restaurantes, bares y tiendas de turismo. Yo hago lo mismo en mis pastelerías. Somos empresarios y tenemos que aprovechar la demanda. Los administradores hoteleros advierten a los agentes de turismo que hagan las reservaciones con anticipación, porque siempre ocurre que en el momento menos pensado todas las habitaciones se llenan y los viajeros no encuentran una sola en toda la ciudad. Tienen que ingeniárselas para pasar las noches al amparo de cuatro paredes y una cama; aunque otros, más optimistas, dicen que es imposible no encontrar una habitación, que siempre hay una y que además, en medio de la fiesta ¿a quién se le va a ocurrir dormir? Y es que, aparte &lt;st1:state st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;del&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:state&gt; jolgorio de la festividad, hay todavía más diversión. Los bares, discotecas y centros nocturnos atienden hasta la madrugada y sus clientes bailan y beben a discreción. Las parrandas se prolongan por todo lugar, y el sexo, disfrute de común denominador, está latente en los deseos de todos. Y si los locales tienen capacidad limitada, las calles se convierten en cómodos lugares para acariciar las horas de la noche, al lado de botellas de pisco, ron o vodka. El frío no importa. Todos se empeñan en agotar las fuerzas de sus cuerpos. Son unos borrachos de mierda. Esa es la verdadera festividad. Y los días van pasando y a medida que se acercan los acontecimientos los conjuntos verifican los últimos detalles de su coreografía; los danzarines, de sus trajes y de sus cuotas; y los alferados, de sus compromisos y recepciones. Todos revisan la agenda que tienen que cumplir. Los que no bailan, los que no participan &lt;st1:city st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;como&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:city&gt; yo, queramos o no, también nos vemos involucrados en la festividad. Unos con beneplácito, otros con fastidio. Los espectadores, animosos, se alistan para entregarse al deleite. Saben que requerirán dinero: unos para ir a ver el Concurso de Danzas, y otros, para separar lugares óptimos desde donde puedan ver con comodidad la parada; pero la gran mayoría, no concibe la posibilidad de pasar la festividad sin beber un par de cervezas o buscar un amor pasajero. Pobres diablos. &lt;st1:city st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;Como&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:city&gt; siempre, las ganas de beber y fornicar están presentes en la fiesta”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  &gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;Sí Augusto. Y te acuerdas cuando eras niño y salías con tu hermana Aurorita y tus padres para ir a ver &lt;st1:personname productid="la Parada" st="on"&gt;la Parada&lt;/st1:personname&gt; de Danzas, y se acomodaban en cualquier esquina que no rebalsara de gente, y tú, adelantándote a todos y sopesando la gente te metías, todo un hombrecito como decía tu papá aunque los mocos se te salieran de la nariz, y llegabas, cómplice, hasta adelante, al medio de la calle, para ver las danzas y luego, esa valentía se te quitaba porque aparecían esos aterradores danzarines disfrazados de osos y gorilas que te asustaban y corrías y corrías desesperado hasta llegar donde tu papá y tu mamá y temblabas y decías que ya no querías ver, que había que regresar a casa porque tenías miedo de esos malditos osos y gorilas, todos negros y abominables que se acercaban haciendo muecas, y entonces, había que regresar a casa, aunque no sabías que después, en la noche, te soñarías con ellos y tendrías horribles pesadillas, y que cuando despertarías, llorarías y llorarías y empezarías a odiar la fiesta y a todo ese jolgorio de música y danza. Pero, al día siguiente, niño valiente, otra vez ibas de la mano de tu padres y ellos te decían, Augustito, sólo son disfraces, no son osos ni gorilas de verdad, son muchachos disfrazados y te los señalaban y tú los veías caminando con sus máscaras en la mano, y en serio pues, eran hombres nada más, pero tú ya no les creías, porque ya no querías verlos, porque sabías que en la noche te soñarías con ellos y te darían pesadillas. Y entonces chillabas, gritabas y hacías escándalo y la gente se reía y Aurorita se reía y tus padres se reían. Y había que calmar tu furia y te decían, ya, ya, Augustito, mejor vamos a la iglesia &lt;st1:city st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;San Juan&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:city&gt; a escuchar la misa. Y tú preferías mil veces estar allí, antes que ver a esos malditos osos y gorilas. Y entraban y te hacían persignar y luego, mirabas todas esas imágenes de santos con velas a sus pies que no sabías quiénes eran, mientras tus padres y Aurorita se sentaban a escuchar la misa, pero tú, Augusto, otra vez te convertías en ese niño valiente y te escapabas de ellos y te ibas a caminar por la iglesia escuchando las voces de los devotos que se paraban y sentaban a cada rato respondiendo al señor que dirigía la misa. Y te acuerdas, Augusto, de ese saquito plomo, al que tu papá llamaba el saquito de soltero, que te ponían cada vez que iban a la iglesia y que a ti te gustaba porque todos los niños que conocías no tenían ese saquito, así plomo y de soltero como el tuyo, y te acuerdas también, Augusto, de tu gorrito de lana rojo que hasta ahora lo tienes guardado en algún lugar, y que hacía juego con tu saquito de soltero. Sí, Augusto, claro que te acuerdas. Y entonces, te escapabas de tus padres y te ibas a caminar por la iglesia, porque te gustaba bajarte el gorro hasta el cuello y caminar así, con el rostro cubierto, para que los devotos no te reconozcan y no te digan nada, y qué placer que sentías mirándolos sin que ellos supieran quién eras porque claro que tú veías a través del gorro. Y los fastidiabas, sí, no lo niegues, porque justo en el momento de la ofrenda, cuando el sacristán pasaba la bolsa donde recibía las monedas de los devotos, tú te ponías a su lado y lo seguías; y él te votaba, pero tú no le hacías caso, y en plan de juego estirabas la mano pidiendo más monedas a los devotos, sin moverte de lugar hasta que te dieran algo. Y unos se sorprendían y otros decían: ¿dónde están los padres de este niño? Y tú te reías viendo sus caras y sólo ahí te olvidabas de esos malditos osos y gorilas. Hasta que una vez te perdiste dentro de la iglesia y empezaron a salirte las lágrimas porque había tanta gente que no podías encontrar a tus padres ni a Aurorita, y no supiste qué hacer y en tu desesperación, sin pensarlo, tiraste tu gorro frente a la imagen de &lt;st1:personname productid="la Virgen" st="on"&gt;la Virgen&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Candelaria" st="on"&gt;la Candelaria&lt;/st1:personname&gt; y lloraste como un manantial. Y entendiste que ella no te haría ningún favor y la miraste, y viste sus ojos y sus labios que no te decían nada y entonces la odiaste. Y estuviste ahí, parado, sin saber dónde estaban tus padres y tu hermana hasta que sentiste un jalón y entendiste que era la mano de tu papá que te encontraba y que te decía: ¡dónde te metiste! Y tú, limpiándote los ojos, recién respiraste tranquilo y fuiste feliz. Aurorita se encargó de recoger tu gorro.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-812991974110219391?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/812991974110219391'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/812991974110219391'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/07/febrero-lujuria-de-christian-reynoso.html' title='Febrero lujuria, de Christian Reynoso'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RpbePaecdNI/AAAAAAAAAvA/JKHZMnpCweo/s72-c/VirgenCandelaria.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-8139680493479350805</id><published>2007-05-30T19:25:00.000-07:00</published><updated>2007-05-30T19:43:07.971-07:00</updated><title type='text'>Tsunami</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Rl4zeNuaaTI/AAAAAAAAAe8/nyex4ZVzwNc/s1600-h/Tsunami.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Rl4zeNuaaTI/AAAAAAAAAe8/nyex4ZVzwNc/s200/Tsunami.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5070546824639179058" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:85%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Susanne Noltenius&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:85%;"  lang="ES" &gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;De pequeña, Mariela le tenía miedo al mar. Recuerda cómo se paralizaba en la orilla ante las olas que pensaba gigantescas. Poco a poco, aprendió a manejar sus temores, pero las imágenes en las noticias parecen el regreso de una antigua pesadilla. Con frecuencia, trata de ignorar los asuntos que la perturban, pero en este caso no puede. Se detiene a observar el mar unos segundos con recelo. Un pequeño recreo en el agotador trabajo de ordenar la casa de playa, a donde acaba de llegar esa mañana, junto con los dos niños y el camión de mudanzas. A sus hijos apenas los volvió a ver a la hora del almuerzo, aunque desde la terraza del segundo piso ha podido ubicarlos un par de veces a lo largo del día. Fue una buena idea traer los binoculares.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Los niños tienen ocho y diez años, un par de bicicletas azul y roja, un scooter y un balón de fútbol de cuero muy desgastado. Con los amigos del condominio comparten un horario inamovible de llegar a casa por la noche para irse a dormir -las madres son muy hábiles en acordar los mismos horarios para todos-. Los niños están felices de quedarse durante todo el mes. Carlos convenció a Mariela de no regresar a Lima y así aprovechar la casa que han alquilado. A ella le incomoda un poco dejarlo solo entre semana, pero él insistió en que sobreviviría sin mayores problemas y haría lo posible por llegar temprano los viernes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Ha decidido hacer deporte en la playa. Se calza un par de zapatillas viejas y trota junto a la orilla del mar. La mañana es celeste y de olor fresco. El aire está limpio y se puede ver con claridad la silueta de la isla mar adentro. Del otro lado están las hileras de casas. Mariela corre hacia el norte y pronto se da cuenta de que las fachadas se vuelven más llamativas. Algunas parejas mayores la saludan con una venia mientras pasean hacia el sur. También se encuentra con varios pequeños que juegan en la arena junto a sus niñeras vestidas con uniformes blancos, como velas de barco. La observan curiosos mientras ella da media vuelta y empieza la carrera de regreso. ¿Cuánto habrá recorrido? Probablemente dos kilómetros. Desde hace unos meses, Mariela entrena en un gimnasio. La falta de ejercicio se le ha hecho más evidente durante los últimos veranos. Hace unos días, Carlos bromeó sobre sus nalgas y ella se quedó pensativa. En abril cumplirá cuarenta años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Mientras trota hacia el sur, el viento la resiste. El sonido del mar se le cuela frío por una oreja. Se acerca a la isla y ve una bandada de gaviotas sobrevolándola, como sombras pálidas. Al llegar al punto de partida se detiene a escuchar el mar, pero el sonido se opaca por su propia respiración agitada y los gritos de las aves. Tal vez ha hecho un esfuerzo mayor que en el gimnasio. Se pone en cuclillas y siente que el olor salado de la brisa se diluye con el calor del sol que sube a sus espaldas. Medio enterradas en la arena encuentra pequeñas conchas con las que juguetea mientras recupera el aliento. Elige dos o tres que le gustan y de regreso en su casa las coloca en el baño dentro de un recipiente de vidrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Tiene algunas amigas en esta playa. Como al medio día, aterrizan todas frente a la orilla, con sus sombrillas multicolores y asientos plegables en combinación. Hijos de diferentes edades circulan alrededor de cada una, dibujando órbitas, como satélites. Los maridos están trabajando en Lima y llegarán el fin de semana para la fiesta de Año Nuevo. Durante el verano, las parejas se separan de lunes a viernes y se reúnen en la playa el fin de semana. Las relaciones se vuelven intermitentes como una línea punteada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Al igual que cada año, los cuerpos de las demás mujeres son el tema central de la primera semana frente al mar. Así, Mariela y sus amigas intercambian bocaditos mientras establecen un ranking entre las siluetas vecinas. Hay una mujer a quien ella quiere colocar en primer lugar, pero nadie le hace eco. La mayoría se inclina por una pelirroja que evidentemente ha perfilado sus medidas con silicona. Sus pechos se yerguen hacia el cielo mientras el cuerpo pálido yace boca arriba tratando de absorber algo de color. La mujer que Mariela eligió es castaña y tiene una figura muy atlética -alguien le cuenta que ha sido nadadora-. Piensa que es el tipo de mujer que le gustaría a Carlos. Aunque él no es de esos hombres que coquetean, en varias ocasiones lo ha visto esconder miradas. Esto le disgusta, pero nunca se lo ha dicho. La nadadora camina hacia el mar. Sus piernas son muy firmes y en sus brazos se perfilan ligeramente los bíceps. Mariela amasa los suyos, blandos como almohadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Durante la noche, las amigas salen a caminar por el malecón y luego se reúnen en casa de Inés en primera fila. Mariela simpatiza mucho con Inés, aunque envidia ligeramente su figura espigada y la soltura con que expone sus ideas y desata los desacuerdos en el grupo. Sobre todo, le causa cierta admiración descubrir que Inés aún no se tiñe el pelo. Esa noche, mientras comentan la noticia sobre el tsunami, aparece una mujer en la terraza. Se presenta como la nueva vecina y se sienta a conversar con ellas. Se llama Susana, tiene una sonrisa agradable y un sentido del humor contagioso. Inés le hace algunas preguntas sobre su familia y ambas descubren que tienen algunos parientes lejanos en común. Entonces se miran como quien reconoce a alguien de su equipo. De alguna manera, Mariela se siente desplazada, así que prefiere permanecer en silencio unos minutos y luego se despide para irse a su casa a dormir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Hace un poco más de un año, conoció a un hombre. Fue durante los entrenamientos de natación de su hijo mayor. La hija de él también nadaba a esa hora y ambos coincidieron sentados en las graderías un par de veces. Le pareció muy atractivo desde que lo descubrió la primera vez. Le gustaron sus manos grandes y sus ojos claros sostenidos por ligeras arrugas. Cuando sonreía, mostraba dientes muy parejos y unas suaves líneas se dibujaban a los lados de su boca. Al principio hablaban de temas muy generales en un tono casual, pero luego se dio cuenta de que le había confiado asuntos privados, como un pleito que tuvo con Carlos una vez que éste llegó tarde a casa. Esperaba con ansiedad las conversaciones frente a la piscina y ponía especial atención en la ropa y el perfume que elegía cada vez. Cuando aquel hombre faltaba, una profunda tristeza la invadía. Una vez, él le propuso almorzar juntos, pero Mariela inventó una excusa. Algo la había asustado. Fue entonces cuando decidió hablarle a Inés sobre el hombre de la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Tienes que cortar esa amistad ya mismo – le contestó Inés.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;¿Por qué? No creo estar haciendo nada malo. Mientras sólo nos veamos en la piscina, no hay problema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Entiende algo, Mariela. No necesitas acostarte con un hombre para sacarle la vuelta a tu marido – Mariela sonrió y tuvo que desviar la mirada.- Ese pata y tú están tratando de manejar un vínculo cargado de tensión sexual y eso ya es una infidelidad. No puede terminar bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Mariela dejó de acompañar a su hijo a los entrenamientos y al poco tiempo, cuando éste le dijo que quería dejar de nadar, no hizo ningún intento de disuadirlo e incluso experimentó cierto alivio. Sin embargo, una nueva idea empezó a atormentarla. Se consideraba a sí misma una persona escrupulosa. Aún así estuvo muy cerca de bajar la guardia y, tal vez, dejarse enredar por una aventura amorosa. Empezó a sentir a Carlos permanentemente expuesto. Por otro lado, su hijo decidió retomar las clases de tenis que había dejado un par de años atrás y esto la complació. Pensaba que el tenis era un deporte elegante, así que matriculó a los dos niños en una academia cerca de su casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Las noticias sobre el tsunami son cada vez más alarmantes. Los periódicos parecen competir sobre el número de muertos como en una subasta. Mariela se siente mortificada por la tragedia y pregunta entre sus amigas si sería probable un tsunami en estas costas. Recibe un unánime “no”. Inés bromea con respecto a su casa en primera fila -la primera en desaparecer- y la vecina nueva celebra con una risotada que a Mariela le borra el sentido del humor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Se le ocurre preparar un postre para el fin de semana. No es muy hábil en la cocina, pero domina tres o cuatro recetas. Primero derrite el chocolate y la mantequilla. Mientras la mezcla se enfría, enciende la radio y llena a medias un vaso con jugo de naranja. Luego bate a mano algunas claras hasta convertirlas en una espuma liviana en la que dibuja sus iniciales con el mango de un tenedor. De inmediato las borra con la espátula. La canción que empieza a sonar la entusiasma y vierte un chorrito de pisco en su jugo de naranja. Bate las yemas y el azúcar. Una medida de licor de chocolate no le parece suficiente, así que echa un par más. Termina la preparación con una lluvia de pasas y pecanas y luego todo va al congelador. El resto del jugo lo bebe en la terraza mirando hacia el mar. El sol está a punto de zambullirse en el horizonte y varias parejas de adolescentes lo contemplan sentados bajo las sombrillas de paja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Algunos maridos han empezado a llegar, pero Carlos ya advirtió que aparecerá al día siguiente, antes de la fiesta, pues tiene mucho trabajo. A ella no le gusta que la vean sola mientras todas sus amigas se pasean por la playa del brazo del esposo, así que prefiere ocultarse en su cuarto a leer. No le apasiona la lectura, pero siempre tiene un libro en su mesa de noche para ayudarse a conciliar el sueño. A veces sólo necesita unas cuantas páginas para quedarse dormida y por eso una misma novela le puede durar varias semanas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Cuando Carlos llega, Mariela acaba de secarse el pelo. Susana ha contratado una mujer que peine a todas en su casa, pero ella decidió arreglárselas sola. Carlos la abraza, la besa con ternura y le dice que la ha extrañado toda la semana. Ella le cuenta lo bien que lo han pasado los niños, a quienes apenas logra rastrear a punta de horarios estrictos de comidas y acostadas. Él está ansioso por verlos y parece feliz cuando comen los cuatro juntos. Mariela lo contempla desde el otro extremo de la mesa. Le gusta su sonrisa y la manera como bromea con sus hijos. Piensa que ella también lo ha extrañado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Durante la fiesta, Carlos y Mariela se sientan en la misma mesa que Inés y su esposo. También están Susana y el marido. Carlos parece congeniar con él y Mariela cree entonces poder desprenderse del recelo hacia la vecina nueva. Le encanta bailar. Le gustan las fiestas y son muy pocas las canciones durante las que ella y Carlos permanecen sentados. Casi al final de la noche, están caminando de la mano y se cruzan con la mujer que ella vio en la playa el primer día: la nadadora. Él trata de disimular su impresión, pero ella nota cómo los ojos se le desvían varias veces, como jalados por un imán. Al notar su incomodidad, Inés trata de tranquilizarla con una frase poco efectiva. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Carlos y Mariela se unen a un grupo que toma cervezas en la playa. El esposo de Susana propone elaborar un plan de evacuación en caso de tsunami. Se le ocurren algunas medidas como series de pitadas entre los vigilantes, la manera como deben estacionarse los autos, las rutas a seguir para alejarse de la orilla y un kit para emergencias que todas las familias deben tener listo. Carlos opina que el problema “reside no tanto en el sistema de alarma, sino en la manera como la gente entiende el mensaje; es muy difícil lograr que todos actúen del mismo modo”. Mariela no entiende bien a qué se refiere Carlos, pero igual piensa que ha dicho algo inteligente y lo admira por eso. Se le acerca por la espalda para sacudir la arena sobre sus hombros en un gesto cariñoso que él agradece con una sonrisa muda. Le gusta cuando él la mira a los ojos de esa manera sosegada. Entonces, alguien interrumpe diciendo que es imposible un tsunami en esta zona. Lo dice con mucha seguridad y a Mariela la tranquiliza oírlo. Susana en cambio, comenta lo ensordecedor que ha escuchado el mar durante las últimas noches. Incluso ha estado tentada de salir al malecón a cerciorarse de que la marea no ha llegado hasta él. Su tono de voz es melodioso y su ánimo relajado, por lo que el resto toma la broma con gusto y le sigue la cuerda. Susana es de esas personas que alegran a las demás de una manera natural, su abuela diría que es como una castañuela. Antes de que termine la tarde, Mariela ha recolectado un par de conchuelas muy blancas y un caparazón de molusco casi entero que parece una cornucopia. Tal vez logre llenar el recipiente en el baño antes de que acabe el mes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;¿Qué te parece lo del tsunami? ¿Realmente deberíamos estar preparados?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;No, Mariela, cómo se te ocurre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Pero tú dijiste...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Yo sólo le seguí la cuerda al esposo de tu amiga. Tú sabes, para caerle bien y dejarlo tranquilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Luego del fin de semana, Carlos regresa a Lima para trabajar. Tras su partida, Mariela se lamenta que no hayan hecho el amor. Se está calzando las zapatillas viejas para salir a trotar por la orilla. Esta vez correrá hacia el sur. La mañana es gris, pero sin viento, calurosa. Reflexiona sobre su vida íntima. Se da cuenta de que durante los últimos meses, es ella quien toma la iniciativa y que han pasado más de tres semanas desde la última vez. Una ola se arrastra casi hasta sus pies, por lo que debe desviar su ruta algunos centímetros y está a punto de tropezar en un desnivel. La marea le parece desordenada y recuerda las fotos en el periódico: los rostros desencajados, los techos cubiertos de agua, olas que arrastran muebles y árboles. Una pesadilla. Casi al final, se cruza con la nadadora quien también trota. Se miran y Mariela ensaya una sonrisa mínima, pero la otra mujer ni se inmuta. Lleva pesas en los tobillos y su figura de deportista la avergüenza un poco, así que apresura el paso para llegar a casa y desayunar con sus hijos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Los niños no están. Mariela demora tratando de ubicarlos por el condominio. Pregunta en las casas de sus amigas y entre las amistades de sus hijos. Nadie parece haberlos visto. Sube a la terraza y apunta con los binoculares en todas las direcciones. Repasa la mirada alargada por la orilla varias veces y piensa en hablar con el salvavidas, pero de inmediato desecha la idea y trata de calmarse. Cuando al fin los encuentra, los empuja a gritos hasta la casa. Está furiosa, angustiada. En sus manos hay un ligero temblor. Ellos tratan de explicarle que sólo han ido un momento al&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;condominio de al lado para ver una manta raya que alguien pescó. Pero Mariela insiste en que ella debe saber en todo momento dónde y con quién están sus hijos. No pueden alejarse sin avisar. Ella debe saber dónde y con quién.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;La vendedora de helados se le acerca por la tarde con la cuenta del fin de semana. Ella le paga y observa la caja amarilla llena de helados. Se siente tentada por uno de vainilla y chocolate, pero contiene las ganas y se despide con una sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Despierta a mitad de la noche sobresaltada por un mal sueño que no puede recordar con claridad. Después de beber un sorbo del vaso con agua sobre el velador, trata de volver a dormir. Sin embargo, hay algo que se lo impide. Hay algo que no la deja ceder al cansancio. Presta atención y le parece que el rugido del mar llega demasiado fuerte. No puede evitar pensar en el tsunami, así que se levanta y se asoma por la ventana. La quietud en la calle se interrumpe sólo cuando un vigilante pasa en bicicleta rumbo al malecón. Lo más probable es que una alerta se hubiera extendido ya entre los vecinos. Tal vez podría leer un poco. Dirige una mirada de soslayo al libro junto a la lámpara apagada. Hace días que no avanza la novela y mientras se esfuerza por recordar lo último que leyó se queda dormida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Sale muy temprano a trotar. Quiere acercarse a la orilla y cerciorarse ella misma. Las olas se ven inofensivas y le devuelven el olor salado de siempre con cada embate. Toma el camino hacia el sur otra vez. Le parece una ruta menos concurrida y ella la prefiere así. Sin embargo, las gaviotas se ven algo agitadas esta mañana. Su revoloteo es errático y sus alaridos muy sonoros. Se impacienta un poco al pasar cerca de ellas, pero trata de calmarse diciéndose que no debería sugestionarse con todo lo que ocurre a su alrededor. Durante el último tramo, acelera ligeramente el paso, pero pronto se queda sin aliento y apenas logra esquivar una ola que se arrastra hasta sus pies. Entonces pisa con torpeza y cae de bruces sobre la arena húmeda. Jadea y le duele un tobillo. Aunque le cuesta apoyar el pie, no cree habérselo roto. Cojea hasta su casa y pasa el resto de la mañana sentada en la terraza. Hoy no irá a la playa. Más tarde decide llamar a Carlos al celular. Es la hora de almuerzo y ella piensa que no sería un momento inoportuno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Me doblé un tobillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;No me digas, ¿cómo así? – en la voz de él se percibe un enarcamiento de cejas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Estaba trotando por la orilla, pisé mal y...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Bueno, pues, ya te dije que mejor corras por el malecón. La orilla tiene mucho desnivel. Camina por donde sea más seguro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;No estaba caminando. Estaba corriendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Bueno, lo que sea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Me dolió mucho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Me imagino –se abre un silencio en la línea–. ¿Ya te sientes mejor?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Estás ocupado, ¿no?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;La verdad, sí. Prefiero llamarte más tarde. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Sus amigas no han dejado de hablar sobre el caso de una de las vecinas del condominio. La mujer descubrió una infidelidad del marido y lo echó de la casa. Ahora él anda libre con la amante y ella no termina de recuperarse del golpe. Además, él le ha cancelado la tarjeta de crédito y la mensualidad apenas cubre los gastos básicos de la casa y los niños.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Ella tiene la culpa por armar un escándalo – escucha decir a alguien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Sí, pues, le abrió la puerta de la jaula al canario – añade otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Hay demasiado en juego como para actuar impulsivamente –como siempre, todas parecen estar de acuerdo con Inés.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;¿Tú qué harías, Mariela? – Susana la sorprende con la pregunta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;No sé – responde luego de un momento y la perturba darse cuenta de que ha dicho la verdad. Fija la mirada en la isla mar adentro y desatiende las voces de las demás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Una tarde, conversa con el jardinero sobre las margaritas amarillas plantadas en cuatro macetas de la terraza. Dos de ellas se han marchitado. Sus hojas verdes se han ennegrecido y están cubiertas por una extraña pelusa gris. “Eso es pulgón”, afirma el hombre examinando las plantas con sus manos gruesas y sucias. Mariela exhala una frase de desaliento. Ella misma las riega todas las tardes al regresar de la playa y, en cierto modo, se ha encariñado con las flores. Una de ellas es menos frondosa y Mariela la contempla con lástima como si fuese un niñito enfermo. El jardinero le deja un plaguicida y le explica cómo aplicarlo. Ella encuentra un rociador en uno de los armarios y mezcla en él el veneno con agua. La palanca está algo dura y se le entumecen los dedos al presionarla varias veces, así que alterna ambas manos. Derecha tsh, tsh, tsh. Izquierda tsh, tsh, tsh. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;En el comedor, los niños juegan monopolio con un amigo. Es pelirrojo y tiene enormes dientes que muestra en una sonrisa casi permanente. Los lados de su nariz están salpicados por pecas de diversos tamaños; algunas son tan grandes que parecen lunares, especialmente una sobre la oreja izquierda. Mariela se une a la partida. Piensa en dejarse ganar, pero pronto se da cuenta de que los chicos manejan muy bien el juego y ella se esfuerza por no rezagarse. El pelirrojo le causa ternura con sus manchas pardas y sus dientes cuadrados. Les ofrece a todos galletas de vainilla y leche y trata de conversarles sobre los demás niños de la playa, pero no le hacen mucho caso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Al hablar por teléfono con Carlos, le dice cuánto le gustaría que llegase temprano al día siguiente. Su tono de voz, casi siempre cariñoso, es distinto esta vez. Hay algo triste en sus palabras, como una súplica. Él parece notarlo y, después de preguntar si todo está bien, le promete que hará lo posible por ir a la playa alrededor del mediodía. Esa noche se quedará hasta tarde adelantando el trabajo. Mariela se siente complacida al principio, pero al acostarse le cuesta quedarse dormida. Avanza varias páginas de la novela antes de conciliar el sueño. Es una historia divertida sobre un hombre que quiere ser escritor y va a París, en donde le suceden anécdotas y tragedias que él enfrenta con una extraña pasividad. Siente los párpados cada vez más cansados, pero no quiere abandonar el libro en la parte en que el personaje se deprime y recurre a un psiquiatra. Finalmente, los ojos de Mariela se cierran y la novela cae al piso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Ha pasado muy poco tiempo cuando despierta algo angustiada. Está segura de haber sentido un temblor. La lámpara de su mesa de noche está encendida y por eso el ambiente le parece distinto que otras veces. Algo la preocupa. Piensa en que un tsunami siempre es precedido por un temblor fuerte. Se levanta de la cama con brusquedad y mira a través de la ventana. No hay movimiento en la calle, pero el rugido del mar es muy fuerte y ella se asusta. Los niños duermen plácidos en el dormitorio contiguo. Toma una casaca del clóset y sube rápido a la terraza a mirar hacia la orilla. La noche es oscura y no logra distinguir el tamaño de las olas, apenas unas líneas de espuma blanca que se dibujan y se borran intermitentes. El pelo se le revuelve. Hay mucho viento. A lo lejos se da cuenta de que algunas casas están iluminadas y unas pocas siluetas se mueven en ellas. ¿Habrán sentido el temblor? Decide buscar los binoculares. Demora un poco en encontrarlos, pues alguno de sus hijos los ha dejado fuera del lugar habitual. Con ellos logra divisar mejor la orilla. No nota nada anormal, pero sigue nerviosa. Las peores tragedias ocurren cuando uno se confía. Regresa a su cuarto y consulta el reloj: son más de las once de la noche. Va a llamar a Carlos. Intenta primero al celular. Éste da varias timbradas, pero nadie responde, sólo la voz grabada de su marido. Entonces marca el número de la casa y esta vez es su propia voz la que le habla desde el contestador. Vuelve a llamar y ocurre lo mismo. En la central de la oficina nadie contesta. Por varios minutos, alterna los números de la casa y el celular, recibiendo siempre las voces grabadas de ambos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Regresa entonces a la terraza. Aún con los binoculares es difícil medir el tamaño de las olas. Sale descalza y se dirige hacia el malecón. Antes de llegar a él, camina entre las casas de Inés y Susana. Lucen casi iguales, iluminadas por fuera y apagadas por dentro. Sobre una de las mesas de la terraza de Inés, descubre un par de velas que continúan encendidas. No se cruza con nadie. Hunde los pies en la arena extrañamente fría. Sus pasos son lentos, constantes. El tobillo aún le molesta. Se detiene bajo una sombrilla de paja, inútil a esa hora. El mar está tranquilo, la marea parece uniforme y piensa en regresar. Sin embargo, continúa su marcha y alcanza la orilla. La brisa salada rocía gotas mínimas de agua sobre su cara. Recuerda otra vez los rostros del periódico y la voz de Carlos en el teléfono. No le ha contestado. Antes de darse cuenta, una ola le cubre los pies. El agua no está tan fría después de todo. Avanza un metro y el siguiente embate acaricia sus rodillas. No, no está tan fría. Con unos pasos más logra mojarse el pijama hasta los muslos. Al retirarse, el mar tira de la tela que ella siente pesada, como un lastre. Entonces se asusta de estar ahí. Es como si estuviese despertando de un trance. Da la vuelta y sale del agua con largos pasos de plomo. Al pisar la orilla acelera un poco y siente una punzada en la planta del pie. Se ha cortado con el borde filudo de una almeja que debe despegar de su piel. Una mancha oscura le impide ver el corte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Cojea hasta el baño. Nuevamente, no se cruzó con nadie y esto la alivia. Primero lava el caparazón que trajo dentro de un bolsillo. Tiene vistos tornasolados y el borde es muy fino. Lo repasa con las yemas de los dedos. Al clavársele en el pie, un pequeño pedazo se desprendió, pero sigue siendo hermoso. Lo coloca dentro del recipiente de vidrio y entonces se ocupa de limpiar y curar la herida. Ya no sangra, pero la arena se ha metido a través del tajo. Se ha aferrado a los pliegues abiertos de su piel. Se da cuenta de que no puede sacarla toda. Deberá dejar algo de suciedad para no empeorar la herida. Aguanta el antiséptico con expresión de dolor. Entonces se mira en el espejo y llora. Luego se lava la cara y regresa a la cama a seguir leyendo la novela que recoge del piso. Al principio le cuesta insertarse en la trama otra vez, pero finalmente se deja convencer por la historia y cuando se queda dormida falta muy poco para el final.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Durante los días que siguen, las noticias sobre el tsunami se espacian, se distancian de las primeras planas como una marea que se retira de la orilla. En las noches, cuando duermen juntos, Mariela se acurruca a la espalda de Carlos para sentirse cerca de él. A veces quisiera colarse en sus sueños. Piensa que así el sonido del mar ya no la intimidaría. Tal vez incluso la arrullaría. Cada mañana, sube a la terraza a examinar las margaritas. La más pequeña parece curada. Luego busca en las últimas páginas de los periódicos. Algunos continúan contando los muertos, otros se centran en las tragedias de los sobrevivientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Lima, septiembre de 2005 &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;( De, Crisis respiratoria, Estruendo mudo, Lima 2006)&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: -18pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-MX" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-8139680493479350805?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8139680493479350805'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8139680493479350805'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/05/tsunami.html' title='Tsunami'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/Rl4zeNuaaTI/AAAAAAAAAe8/nyex4ZVzwNc/s72-c/Tsunami.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-6026689087556786966</id><published>2007-04-14T08:54:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:59:19.627-07:00</updated><title type='text'>LA ÚLTIMA PARADA</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD6E3R2ZiI/AAAAAAAAAW4/7DrvgUrcznQ/s1600-h/chapi.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD6E3R2ZiI/AAAAAAAAAW4/7DrvgUrcznQ/s200/chapi.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053313743374935586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;[cuento]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;font-size:100%;" &gt;Juan Carlos Romero Girón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;Es una tarde única, muy distinta a muchas otras tardes normales. Tristemente el tiempo se presenta sosegado. Aprovechando la última parada del viaje, por vez primera pronuncia lo que siempre le estaba negado por su estúpida creencia de varón primitivamente formado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;-Te amo intensamente desde el día en que te conocí. Ella sumisamente permanece callada, con los ojos cedidos por el cansancio.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; La calle luce desolada. El cielo advierte un azul pálido, el bullicio del viento ha desaparecido por un instante. Empujado por el cese oportuno de las cosas, se va procurando lentamente grandes dotes de animo, durante el recorrido no a querido hablarle, no a tenido las fuerzas necesarias para dirigirle palabra alguna, y es que en su conciencia reposa el recuerdo de lo cruel que a sido con ella. Quien en su venerable y sufrida vida, la única falta que ha cometido es haberlo amado. A cada evocación sus males se desbordan para aprisionarlo y hoy, más que nunca, el remordimiento lo ha tomado por asalto. Hace poco a vuelto de sus acostumbradas escapadas, con otras, que en nada se parecen a ella. Es uno de los tipos de los tantos que hay, un don Juan, libertino y fanfarrón, que llegado el momento se divierte como si no hubiera un mañana. Y hoy por única vez es conciente de ser el causante de que su mujer emprenda el viaje a muy temprana edad, parece ser que la gracia divina a tocado su cruel, laxo y tozudo corazón. Antes de que ella emprenda el viaje, lo que debe decir, es lo que nunca dijo, en su tan descarriada vida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Ella. Una mujer de las pocas que quedan bajo el firmamento, de un buen don humano, con quien la vida no ha sido muy justa, algunas veces ha sido tremendamente horrible y dura, muy dura. Han sido contadas las veces en que también ha sido bella, como cuando nacieron sus dos hijos, por quienes se deshizo y soporto las peores calamidades. Y hoy en el silencio absoluto, sin el grato bramido del viento, con el compás ausente del canturreo de las palomas, sin el eterno cielo sereno y azulado y sin la compañía de los que apasionadamente ha querido. Debe partir. Pues le ha llegado la oportunidad única que da la vida. Él por su parte, quisiera ir junto a ella y así poder enmendar lo que no hizo en su debido momento, quisiera estar a su lado para conquistarla como religiosamente están acostumbrados los hombres de buena fe a ser suya a una mujer. Pero hay hijos que cuidar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Detrás de él, silenciosos también esperan, los pocos amigos con los que ella ha congeniado lejos de su familia y de su tierra, son los pocos amigos que uno encuentra en los lugares donde no se cuenta con la libertad absoluta para hacer o deshacer las cosas, son amigos que cuando las cosas de la vida no marchan del todo bien, bienaventurados como caídos del cielo recaen ante tu presencia y dignamente te enseñan que la vida, a veces, aunque en pequeñas porciones es bella, inmensamente bella. Ignorados por el marido han venido, para desearle con justa razón un feliz viaje. Pero, él, como siempre ha creído que por ser su esposa es como si fuera de su propiedad, y por tal legitimidad ha dispuesto tomarse el tiempo que crea conveniente para hablar con ella. La mira. Y como si esta fuera la primera vez advierte en ella su hermosura que a pesar de sus años y de las tantas golpizas que le propinaba conserva todavía su subliminal perfección. Los golpes injustos que ha recibido a sabido bien guardárselos muy dentro de ella, de tal forma que su aspecto físico, se muestre ante los ojos del hombre que siempre amo, con toda la claridad que le brindo la naturaleza. Su cuerpo firme y dotado de hermosura, se mantiene como en sus años mozos cuando era de verdad feliz. Ese velo blanco guarnece su rostro cansado y marchito, ella va trajeada lindamente con el vestido que nunca llego a ponerse. Sobre sus negros cabellos – entremezcladas con unas cuantas canas perdidas- lleva sujetado un gancho de su madre, que con su aprisionar han calmando el bailoteo de su blanda cabellera, como cuando era niña. Sobre su cuello reposa, un collarcito flotante de la “Virgencita de Chapi”, conocedora de sus maltratos incontables. A quien casi siempre a tenido que recurrir para descargar sus penas, y hacerlas mas livianas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Perdóname, por haber sido muy malo contigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- En silencio siempre te he amado. Perdóname por no haberte demostrado mi cariño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Su rostro rígido y envejecido, se mueve, cuando mansamente le habla, parece por el tono irónico de su voz no muy apenado, ni sus ojos vivaces sueltan ni por asomo pequeñas gotas de lágrimas, permanece a su lado mirándola fijamente, mientras en los rostros apesadumbrados de los otros, se vislumbra un desconsuelo muy profundo y dan rienda suelta a sus lágrimas. Ella permanece inmóvil como queriendo con su silencio eterno vengarse de ese hombre que le hizo pasar muchos sufrimientos. Permanece con la boca sellada, y parece ser que a optado por no responderle, de alguna manera se regocijara al saber que ese hombre duro e incomprendido tiene dentro de si un amable corazón, pero ya es tarde, quedara sólo para él , la maldición del eterno sufrimiento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Se que siempre quisiste que llegara este momento. Ahora me dejas. Quiero que sepas que, hoy, la habitual bondad de mi corazón de cuando era niño ha vuelto a renacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Él no llora, quizás llora su corazón. Por la dura realidad que ha tenido que afrontar durante su niñez, es incapaz de entregarse a sus brazos y abrazarla y con todo lo que siente muy dentro de él quisiera decirle que siempre la amado y querido, pero es tanta la terquedad y el egoísmo que recorre por sus venas que no piensa sucumbir y mostrar su lado mas débil. Pues se avergüenza descubrirse ante lo ojos de los demás que dentro de ese físico pedregoso, descasa, el niño manso e inocente que algún día muy distante fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Uno de los otros, hace caer su mano, sobre su hombro robusto y abatido indicándole que es hora. Ella tiene que partir. Él, no parece reparar, a perdido la noción del tiempo y el espacio, estos últimos minutos que le queda para él sólo existe ella, y nada mas. Tal vez la iluminación se ha impregnado muy dentro de su corazón y parece haberle quitado ese antifaz que tenia desde que era joven y hoy mas que nunca a dadóse cuenta que fueron tantos los errores que había cometido para con ella, la había maltratado vilmente, abandonado cuantas veces quiso para recaer en el regazo sumiso de otras tantas desafortunadas. Y hastiado de los placeres indómitos de la carne con la complicidad del tiempo que con su pasar veloz hace olvidar las amarguras, volvía a seguir explotándola. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Con la dicha angustiosa, pero dulce, de saberse eternamente enamorada de su hombre. Sabiendo también que con ímpetu y valor ha sabido resistir a cada golpe de la vida. Con la dignidad imperecedera a vivir una vida más digna que la que tuvo. Hoy se marcha. A sus cortos 42 años, bien a sabido que la vida es un autentico sufrimiento y que el mundo esta lleno de dolor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Hace recién unos cuantos meses, él, ha reparado que sus dos hijos ya han crecido y claman con justicia ser reconocidos, y de tantas veces haberlos negado, con la silenciosa presencia de la madre los ha aceptado. Hoy, que ha vuelto a nacer - con el sufrimiento de su alma rendida - a pedido durante la semana, miles de disculpas a los que tanto daño hizo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt; Y su venganza para con el hombre culpable de su pronta despedida, es quizás, no haber oído todo lo que él ha dicho, por que ella se a vengado con su silencio y con su mirada ausente. Por que ella. Ha muerto. Su cuerpo reposa tiesamente en el vestido que no llegó a ponerse el día de su matrimonio. Y es ésta – con el recibimiento quieto del día que desfallece - su última parada, antes de ingresar al camposanto y pasar a una mejor vida, si Dios se lo permite. Seguro que sí.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-6026689087556786966?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6026689087556786966'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6026689087556786966'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/la-ltima-parada.html' title='LA ÚLTIMA PARADA'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD6E3R2ZiI/AAAAAAAAAW4/7DrvgUrcznQ/s72-c/chapi.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-6704782599862469931</id><published>2007-04-14T08:49:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:53:51.256-07:00</updated><title type='text'>NO SÓLO ES AGUA</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD4wXR2ZhI/AAAAAAAAAWw/KBLXOleeQwc/s1600-h/8Peruvian_Andes_R-flood_fisherman-med.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD4wXR2ZhI/AAAAAAAAAWw/KBLXOleeQwc/s200/8Peruvian_Andes_R-flood_fisherman-med.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053312291675989522" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:85%;"  &gt;[&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;cuento]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;Juan Carlos Romero Girón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:11;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Son ya las tres de la tarde y, Mamá no llega, son pocas las veces que su retraso ha pasado de los 10 minutos, pero ya llevo más de 40 minutos esperándola. ¡¿No sé qué habrá pasado?! Me fastidia que no me acompañe a lo que ella misma me ha acostumbrado: ver a Papá fluir por debajo del puente. Es como un ritual que le rendimos en memoria a su muerte, una vez a la semana venimos al río que esta a unos kilómetros más abajo de nuestra casa. Los viernes al salir del colegio me dirijo de frente al río, Mamá después de dejar lista la comida me da alcance. Pero hoy no vino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; De regreso a mi casa tampoco la he encontrado, todo me parece misterioso. La comida esta como todos los días, envuelta en un mantel de lana. Esta media fría. Igual en el taper no queda nada, ni los huesitos del pollo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;      Van a dar como las seis de la tarde y ella que no llega.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; La bulla generalizada del campo lentamente va llegando a su fin, como la tarde que agoniza, los pajarillos se van acurrucando en sus nidos, las vacas van rumiando silenciosas sólo para ellas, el débil graznido de los búhos se oyen remotamente, y muy cerca algún perro con su aullido pretende opacar el silencio y encumbrar de nuevo la bulla que descansa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; De pronto la puerta de la entrada rechina angustiosamente. ¡Es Mamá! Corriendo salgo a su encuentro, de inmediato lanzo la pregunta que estaba mortificándome.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Mamá, ¿Por qué no fuiste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- ¿No fui? ¡A donde!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Al puente. A ver el río, y ver a Papá  -, respondo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Hijo de que río me hablas, ¿cuál puente? Tú padre nos dejo y no se sabe donde estará. Mira hijito, son como las diez de la noche, es sólo un sueño, ve, descansa. Hoy el trabajo ha estado pesado. Necesito dormir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Me despierto con el reinicio del bullicio: el gallo que no deja de cantar, las vacas que no dejan de mugir, los caballos que no dejan de relinchar, los perros que ladran lastimeramente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;      Bajo a la cocina, Mamá esta elegantemente vestida con su terno de oficina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Hola hijo, como amaneciste -. Me dice &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Bien Mamá -. Mami, por la tarde podemos ir a ver el río.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Sigues con eso verdad. Por estos lugares no hay ningún río, ni puente, ni cosa parecida. Tú sólo has soñado. Mira. De este caño sale agua, como por el río que sólo discurre agua y es sólo agua y nada mas, como tu sueño, es sólo un sueño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Mamá se ha ido al trabajo, me dejó comida para que la calentara, ha dicho que no volverá hasta muy entrada la noche. Hoy no hay clases. Es sábado. Después de tomar desayuno, he decidido volver al puente, a ver si puedo distinguir por entre las aguas del río a Papá. También, deseo saber si por debajo del río corre agua y es sólo agua y nada más. Como tercamente me lo repite Mamá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Por un polvoriento camino, rodeado de árboles verdosos que amablemente se desprenden de su savia fresca, llego al puente. Es un río pequeño, de poca agua y muy mansa. Agarro varias piedras y una a una voy arrojándolas a la corriente que sólo es agua. Las piedras sin mayores dificultades se sumergen para perderse en lo más recóndito del rió. La corriente no parece poner resistencia a las piedras. Cada vez que arrojo con todas mis fuerzas o calmadamente, las piedras, sin mayores problemas igual se sumergen. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;       Dentro de él no esta Papá, sólo fluye agua y nada más. Mamá tenia razón el agua es solo agua. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Cuando de pronto una densa neblina, espesa y turbia emerge de los suelos y comienza a taparme. No veo más allá de unos cuantos pasos. Estoy asustado. Las neblinas por estos sitios son muy esporádicas. Cada vez más turbia y pesada la neblina va opacando por completo el río y sus alrededores. Por momentos sólo se escucha el inocente borboteo del discurrir del río. No sé qué hacer. Decido a tientas marcharme. Casi al final del puente, una imagen como formada por la neblina se viene acercando lentamente hacia mí. ¿Será Mamá? ¡Que alegría! ha venido a decirme que Papá no esta en el río, y que por él, fluye agua y nada mas. Pero ¡no! Es un hombre de aspecto sensible y envejecido, con un costal al hombro, se viene acercando. Lo saludo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- ¡Buenos días señor!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Como estas jovencito, ¿Qué haces por estos campos  solitarios? Te has perdido.          &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- No, señor. He venido a ver el agua del río, y que al final es sólo agua y nada más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- De veras crees, que el agua es sólo agua y nada más. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- No sé. Pero en el río no veo otra cosa que sea agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Amablemente me pide que me siente - te explicare que el agua no es sólo agua- a cogido una pequeña piedra y va lanzándola al cielo una y otra vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; - Te diré. Que la vida es un ciclo de transformaciones. No es eterna. Está en constante cambio. Y mostrándome la piedra, prosigue. Esta piedra, dentro de un tiempo determinado quizá sea tierra o tal vez polvo, y ese polvo se convertirá en un arbusto o en otro ser, de la misma forma que el agua hoy se te presenta como tal, como agua, algún día puede ser otra cosa, y en general las cosas dejaran de ser lo que hoy son, para luego adquirir otro valor y otro sentido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Al escuchar atentamente su explicación, volteo la mirada a contemplar el agua - en la que creo ver a Papá - que algún día será otra cosa ¿pero qué cosa? ¿No lo sé? Quiero agradecerle por su explicación, vuelvo la mirada hacia él. Pero ya no esta. Se ha marchado. Más de pronto el esclarecer del día vuelve a mostrarse como siempre, la neblina se borra dando pasó a lo incierto, estoy en medio de la nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Sin reparar a mis alrededores sólo corro y corro, hacia el trabajo de mi madre. Le diré que el agua no es sólo agua, que la piedra no es sólo piedra y que algún día se trasformaran, para recibir otra vida nueva. La calle adquiere otra realidad. Esta tupida de carros. De tiendas. De edificios. De peatones y de bullicio. Mamá trabaja en una notaria. Jadeante, llego a su oficina – sin tocar - abro la puerta y me quedo absorto. Mi madre no es mi madre. Es otro ser. Es mi Padre. Sin los saludos de por medio pregunto por mi madre. Más él me mira con dulzura y me dice -. Mira hijo, tú sabes que tu madre ha fallecido hace 14 años ya, pero me alegra que siempre la recuerdes y preguntes por ella. Después de estar un rato con Papá, recordamos que Mamá se nos fue en un accidente de transito, y como ella había falleció en el torrente de un río, quizá por eso sueño con ella y la veo fluir en las aguas del río. Salgo de la oficina y me voy de regreso a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt; Sin duda lo que ha pasado conmigo podría ser sólo un sueño y nada más. Pero me alejo rebosando de una colosal alegría. Así como el agua no es sólo agua. La piedra no sólo es piedra. Mis sueños no sólo son sueños. Quizá algún día, se transformen en realidades y pueda por fin conocer a Mamá y ser quizás el testigo presencial - un día muy lejano – de la trasformación de las cosas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-6704782599862469931?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6704782599862469931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6704782599862469931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/no-slo-es-agua.html' title='NO SÓLO ES AGUA'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD4wXR2ZhI/AAAAAAAAAWw/KBLXOleeQwc/s72-c/8Peruvian_Andes_R-flood_fisherman-med.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-5885726066645507447</id><published>2007-04-14T08:39:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:43:57.623-07:00</updated><title type='text'>8 Poemas</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD2WXR2ZgI/AAAAAAAAAWo/qrxWAE4kUHo/s1600-h/munch.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD2WXR2ZgI/AAAAAAAAAWo/qrxWAE4kUHo/s200/munch.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053309645976135170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[poesía]&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Denise Vega Farfán&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt; &lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;Oscuridad &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Humedecida       hollada&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y no saciada la oscuridad&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Persiste &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Dilata más las cuencas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estruja la cárdena cima&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La mujer en su insistencia&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cede su cuerpo como la sed del jaguar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A la sangre de una liebre&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Es la cruz central del sacrificio &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cada poro se desbasta y vuelve a tramarse&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La ebullición cuesta abajo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Es un hogar de rojas y azules exequias&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En la oscuridad esa mujer sortea nombres&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mientras que cómo infantiles recuerdos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Punzantes manos la auscultan más allá&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Del revés de sus ojos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hasta que finalmente en medio del más  alto gemido&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Encuentra el suyo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;Despegarse de sí &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Como el sol de sus vanas metáforas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Descubrir los verdaderos reflejos del  silencio&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Verse partir de mil formas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Como un pequeño fuego&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un animal mitológico&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Una égloga vacía&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;U otro camino de batientes horizontes&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ah&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero todo sería menos soez&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El hundir fúlgidamente mis pasos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hasta en cualquier lenguaje surcado &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por venenosas fragatas con baluartes &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De sanguinolentas patrias&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sin fermentar mis raíces&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Si tan sólo la mano túrgida de luz&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Emancipadora &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Que prometiste sobre mi cabeza &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Se construyese&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hasta quedar en mis ojos un pabellón&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De definitivas señas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;Tu cuerpo cae en el poema&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Como en un lecho de vivas lápidas&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ha muerto tu nombre &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El aire de tus alas    &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El misterio que aullaba advirtiéndote  el encanto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Como en una procesión detrás de tus  ojos también van&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los seres que amamantaste&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La soledad como fantasma mordaz y riente &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El placer como caracol que se encoje  succionando&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lo áureo de tus llagas&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tu cuerpo cae en el poema&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y acaso estas palabras germinando en  tu tierra muerta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sean los perfectos pies &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Para comenzar los verdaderos pasos?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cubierta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Moldeada de ti&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Renazco &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Para seguir el rigor contrario de tu  sombra&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;De ancianos huimos &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por la vertiente de las demoliciones&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ahí entre rocas y restos de antiguos  mares &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Que dejamos vaciar de nuestras manos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por intentar atrapar lo que nunca tuvimos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Encontramos nuestros rostros &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Reclamantes letargos de agonía&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y al fin y al cabo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Infinita legua de verdad&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ha de también ver esto la pequeña&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;(La última de nuestra oscura estirpe)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De una buena vez&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Para que cuando retorne a su destino&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya no tenga que apoyarse en las oquedades  de nuestros pasos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Dejados en la vertiente como un advertencia&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sino ascender como la blanca trayectoria  de un ave&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Luego de ver cómo cortan los filos &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De un absurdo combate contra tropas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Que no son sino uno mismo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;No deseas que este día sea una puerta  más que se atora&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un salobre elipse más que se desvanece  en el río&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Olvida las lápidas &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Borra los epitafios con los que estocas  cada pasado día&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Adora tu vientre cortado y sellado seis  veces&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El emplasto de nubes negras que delinean  tus pasos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La esquina cada vez más carcomida y  estrecha de sol&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La oleosa medalla enmohecida que brilla  en tu alma &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El último grano de arroz que agoniza  en el fondo de tu plato&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Las esteras que arman tu cuadrangular  de destierros y soledades &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ese timbre celestial que ya no suena &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Para llamarte a danzar &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A volar &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A aterrizar &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Como un hacha de luz en medio de tu existencia&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Porque es ahí &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Donde otro cielo aromado de placenta  fresca nace&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Porque es ahí &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Donde la nada no sólo desova&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sino que también devora sus propias  crías&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;Ven a esta sombra&lt;/b&gt; llena de espigas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Llena de rostros sin reflejos y dedos  como tijeretas &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Que te agujerean el corazón para ensordecerte&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ven&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Quítate el pelo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La piel&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Las palabras&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El cuerpo &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El nombre que usas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No te servirán&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ven a esta sombra&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al cordón umbilical de tu verdadero  nombre&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;O retraso&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Escupe las estrellas que hurtaste&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El estómago vacío y azul es mejor&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tiéndete sobre el agujero &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y sabrás lo que es hablar con las nubes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;El mar&lt;/b&gt; es una pregunta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El mar es una respuesta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El mar es un escapulario&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Donde todos los rostros acuden&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El mar es un ojal por el que se engasta  la muerte&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El mar es el mar de cada uno&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El mar es el desierto de cada uno&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El desierto también es el mar de cada  uno&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero estamos hablando del mar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y el mar es una estrofa inabarcable&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Que sólo se llega a cantar &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Con la cuenca entre sus olas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;Hay mucha música &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hasta en la pata seccionada del insecto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Que aún se mueve&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En los pinceles frígidos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El lienzo moteado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La lluvia traspasando las paredes&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La carta que no se responde&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y la que no llega también&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hay mucha música&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En las cuencas selladas de tus pasos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el azul que te lacta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el mar que se absorbe entre dos cuerpos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el cuchillo que retrocede&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En la ceniza arremolinándose en el paladar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En los sucios cartones del perro &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En las nubes que se atragantan&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En la calle que no se cruza&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En la puerta que no se toca&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hay mucha música&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Demasiada &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el llameante vaivén que se resiste&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el corazón que estorba y muerde &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El cuerpo que lo enluta &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En las raíces que no cesan de contraerse&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En las fuerzas que se rechazan&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el corvo sigilo del exilio&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En la prótesis que conjuga al golpe  contra el suelo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El dardo sonido de la transparencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La luna &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-ese ojo  derramado &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;esa tundra  de vientos que arrastran muñones y&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;cadáveres  celestes- &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No aflora &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tu nombre se secciona en carnívoras  lianas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La duda es un niño de leche&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y hay mucha música&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desmedida  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hasta donde no ha quedado nada más&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-family: arial;font-family:Arial;font-size:100%;"  &gt;Que un cirio chamuscado&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-5885726066645507447?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/5885726066645507447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/5885726066645507447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/8-poemas.html' title='8 Poemas'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD2WXR2ZgI/AAAAAAAAAWo/qrxWAE4kUHo/s72-c/munch.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-948554369223577117</id><published>2007-04-14T08:29:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:33:40.669-07:00</updated><title type='text'>Reunión</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD0MXR2ZfI/AAAAAAAAAWg/y6mbl4PiOjM/s1600-h/rape.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD0MXR2ZfI/AAAAAAAAAWg/y6mbl4PiOjM/s200/rape.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053307275154187762" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[cuento]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Jesús Jara Godoy&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Primero: una reunión con personas confiables, conocedores de todo. Segundo: mi ex enamorada hace su ingreso para presentarnos a su nueva pareja. Tercero: los vinos trepan lentamente. Cuarto: una favorita pieza musical me invitaba al centro. Quinto: observo detenidamente a Nadia. Sexto: recuerdos renacen cuando me encamino hacia ella. Séptimo: un tipo se interpone. Octavo: un empujón consigue derribarlo. Noveno: la tomo del brazo y salgo de la reunión, mientras el caído es pieza de golpes financiados por mí. Décimo: frente a frente le digo que no la he podido olvidar, y súbitamente un beso nos une. Dejamos la reunión, olvidando el motivo: mi onomástico. Tomados de la mano caminamos en silencio. Las calles resultan acogedoras a nuestros pasos. Las tenues luces de algunos postes alumbran lo que tienen que alumbrar: dos seres abandonados al presente, al momento. Y a unos cuantos metros, el espacio al cual nos dirigimos: un hotel. Ahí nos esperan Carlos y Enrique.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;El recepcionista nos entrega la llave del cuarto ya alquilado por mis amigos. Subimos hacia el tercer piso. En su mirada noto predisposición, un confío en ti el cual me hace su dueño provisional. Mi celular vibra. Pido unos segundos a Nadia para contestar la llamada, y me alejo un poco. Ya está. Todo terminado. Era lo que necesitaba oír. Cuelgo y voy directamente hacia la chica la cual me espera en la puerta del cuarto. La beso tocándole sus pequeños senos. Introduzco la llave e ingresamos. Una oscuridad nos envuelve. Enciendo las velas aromatizantes preparadas para la ocasión. Empezamos a desvestirnos, y me percato, por vez primera, de que la niña de diecinueve años ha quedado relegada, olvidada en la nueva anatomía que mis ojos presencian dificultosamente. Para qué describirlo. Llegamos a la cama y el sexo es el protagonista. Acomodándonos para una nueva posición, ella los ve. Sentados, con las piernas abiertas, Carlos y Enrique se masturban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Nadia intenta separarse desesperadamente de mí. &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;Grita estruendosamente. Nadie la escucharía. El hotel está dispuesto a mi dinero. El recepcionista es Ricardo, un antiguo condiscípulo de la universidad. Cuando le comenté mi venganza no lo aceptó. Pero después de proponerle una buena cantidad de dinero, más de lo que ganaría en un día entero, aceptó. Todos tienen un precio, Ricardito. No te acuerdas por qué terminaste aquí, sentado como huevón, y esperando a gente que se apiade de tu jodido hotel? Dime tú qué pasó, caído abogado. Ten en cuenta que te estoy ofrecieron más dinero del que te dieron esa vez. Defendiste muy bien al acusado. Pero eso de conseguir testigos falsos fue todo un revuelto. A todos nos llega nuestra hora. Fue así que se convirtió en nuestro nuevo cómplice, uniéndose a los demás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los gritos continúan. Le propino un fuerte golpe en su rostro para que guarde silencio. Y lo consigo. Sus lágrimas acompañan a una línea de sangre que aparece de su nariz. Me pide explicaciones, y yo se las doy. Nunca había perdonado su traición, haberme dejado por un lamentable y mediocre escritor. Un tiempo largo había pasado para enterarme de su ruptura, y de su nueva relación. Pero ésta, también finiquitó. Ya se han encargado de desaparecerlo. Mi participación en el cuerpo y vida de Nadia, terminó. Doy la señal para que Carlos y Enrique continúen. Ahora sería yo el observador. La amarran en la cama, y empiezan a tomarla. No siento piedad alguna por ella. Cuando le dije que aún no la había podido olvidar, fue para traerla hacia este lugar, hacia esta situación. Sabía que por más que ella continuaba con su lista de enamorados, no conseguía apagar la llama de mi amor, de mis recuerdos. Me paro para darles a los hombres que tengo al frente ciertas navajas y cuchillos. &lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Hagan lo que deseen, les digo, y salgo del hotel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Pasaron cuatro horas para que mis amigos lleguen al bar en donde me encuentro yo. Ya, Jesús. Todo hecho. Y el cuerpo? No te preocupes. Nunca aparecerá. Y se marchan cuando les entrego el paquete con el dinero dentro en agradecimiento a su trabajo. Termino mi vaso de ron, y ante la vista de los parroquianos, me disparo un balazo en la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-948554369223577117?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/948554369223577117'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/948554369223577117'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/reunin.html' title='Reunión'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiD0MXR2ZfI/AAAAAAAAAWg/y6mbl4PiOjM/s72-c/rape.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-2595005848860710350</id><published>2007-04-14T08:26:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:28:41.495-07:00</updated><title type='text'>Noche acabada</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDy-nR2ZeI/AAAAAAAAAWY/DduV5FIsQyE/s1600-h/girlbar.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDy-nR2ZeI/AAAAAAAAAWY/DduV5FIsQyE/s200/girlbar.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053305939419358690" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: normal; font-family: arial;font-size:85%;" &gt;[cuento]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Jesús Jara Godoy&lt;/span&gt;   &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;    &lt;p style="font-family: arial;"&gt; &lt;/p&gt; &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El semáforo proyecta una luz roja, cruzas. Piensas en sus últimas palabras diciéndote que ya no te ama. ¿Qué error cometiste? Unas lágrimas acompañan a una lluvia lúgubre. Caminas acompasamente en esta calle que desconoces. ¿Por qué? ¿Por qué te lo dijo? Recuerdas el primer encuentro. El primer beso. La primera noche juntos. Enciendes un cigarro. Tu larga melena se presta al viento que lo deshace. Te la sujetas y empizas a suspirar. Aspiras fuertemente. Te resignas a todo esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;   &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La noche es una larga manta de tristeza. Tu rostro se demacra de odio y de fisuras hospedadas. ¿Por qué hoy? Su rostro desaparece en un mar oscuro. Su sonrisa destroza el cuadro mental que le hiciste. Tus manos intentan en vano alcanzar un ángel sombrío. Aspiras y expiras con los ojos cerrados. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;   &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;A dónde te diriges. Observas a tu alrededor sólo sombras, imágenes desgastadas por la circunstancia. Respiras un aire contaminado de traición. Llegas a un bar. Entras y pides una botella de vino. Empiezas a tomar ese líquido dulce que te sabe amargo. Escupes lo tomado. Arrojas la botella: un sonido que llama la atención de la gente que poco tiene que ver con lo que te sucede. Los mandas a la mierda en silencio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;   &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Enciendes otro cigarro. Tu destino lejano está cerca. Logras verlo. Tu traje negro se abandona a las gotas oblicuas que llegan a ti. Te preparas a dar ese salto, te anticipas. Imaginas sangre diluída en la pista. Nadie te observa. ¡Qué más da! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;   &lt;div style="font-family: arial;" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Saltas. Tiempo rápido. ¿Por qué te dijo eso? Y un bloque de concreto te recibe.&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-2595005848860710350?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/2595005848860710350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/2595005848860710350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/noche-acabada.html' title='Noche acabada'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDy-nR2ZeI/AAAAAAAAAWY/DduV5FIsQyE/s72-c/girlbar.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-7341802013772271363</id><published>2007-04-14T08:14:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:21:43.791-07:00</updated><title type='text'>Blanco y negro</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDwmnR2ZdI/AAAAAAAAAWQ/6Z5L66HOszQ/s1600-h/smoke.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDwmnR2ZdI/AAAAAAAAAWQ/6Z5L66HOszQ/s200/smoke.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053303328079242706" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[cuento]&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;font-size:100%;" &gt;Edmir Espinoza&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Una bocanada de humo marcó el final de este cuento. Lo selló para siempre. Terminó con el desenlace perfecto, sorprendente, que todos los relatos quisieran tener.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Y es que una bocanada de humo como aquella, venida de quien vino, puede acabar con cualquier clase de cosa. Sea esto un relato, una hoja de papel, o un trabajo de ocho horas frente a un monitor, haciendo cuentas interminables o contestando un teléfono que, inexorablemente, seguirá sonando.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Úrsula no tiene una edad en particular. Ni edad, ni tiempo, ni color, ni sabor ni marca ni nada que la clasifique de entre todas las mujeres como ella. Pero pongámosle edad por hoy. Digamos que Úrsula está en sus veintes. En sus veintitantos. Veintisiete. Veintisiete años que pasan volando, y que acumularon en Úrsula toda esa energía y ese poder y esas turbias ganas de todo y nada. Será que, simplemente, su belleza denotaba algo de misterio. Pero tampoco es que fuera el misterio del siglo. Quizá lo que más llamaba la atención de Úrsula eran sus manos. Blancas y espinosas. Con las uñas roídas de tanto mordérselas, pero adornadas por una movilidad que le daba una energía distinta a todas las demás movilidades y a las demás energías.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Esta mañana Úrsula anda medio distraída. Sus manos hacen alarde de su hiperactividad al jugar con el boleto de micro, doblado de mil maneras. En su hombro cuelga una Canon 300D. Anda tomando fotos a todo y a todos. Las expresiones, los colores en sí a mismos (y eso que hoy Úrsula toma fotos en blanco y negro). Juega con las sombras, con las luces que irradia una mañana perfecta como la de hoy. Va de un lado al otro, sosteniendo un cigarrillo prendido con la misma mano con la que sostiene la cámara. Anda feliz. Ligera, en todo sentido. Sus faldas revolotean con el viento fresco de la mañana y sus lentes oscuros reflejan las pocas nubes que adornan un cielo inmenso y azul. A estas horas de la mañana, Úrsula está tan concentrada en las luces, en las gentes y en cada cuadro, maravilloso, que le da la ciudad, tan milimétricamente desproporcionada consigo misma, que ni caso ha dado a las formas, algunas graciosas y otras terribles, que el humo espeso del cigarrillo rojo que aspira, va creando al salir de su boca y su nariz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Y es que Úrsula es una de esas personas que repara en este tipo de cosas, en cada pequeño detalle, imperceptible para todos. Para ella, no hay nada más que detalles. Detalles que forman detalles. Por ejemplo, los colores. Úrsula siempre anda preguntándose el porqué cada cosa es de tal o cual color. Gusta jugar a ponerle colores a cosas que, en cualquier otro caso, tienen colores muy distintos. Así, Úrsula camina viendo rosados donde hay turquesas, y verde limones donde solo se ven amarillos patitos (no hablemos de los patitos vistos por ella de verde limón y viceversa, que nos abriríamos del tema aún más, y en lo que estamos no es en los colores y los patos y los unicornios verde limón, sino en esto del relato que se acaba con una bocanada de humo espesa y profunda).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;De vez en cuando prefiere quedarse en su casa, y repasar los diarios de todas las formas posibles. Anda de aquí para acá, haciendo que cada acción, supuestamente trivial, tome un cuerpo esencial que ya quisieran tener las cosas importantes. Úrsula y sus formas de actuar son tan peculiares, incluso en situaciones tan cotidianas como el comer con cubiertos, tomar una cerveza, subir el ascensor o prender un cigarrillo, que el común de la gente tiende a voltear disimuladamente para detenerse en cada gesto, en cada acción, en cada manera y ademán que realiza con ese aire a distracción que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;lo envuelve todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Si pensamos, por ejemplo, en su manera de comer con palillos chinos, podríamos encontrar mil y una particularidades en sus maneras. Su cabeza agachada, siempre, como desconfiando de su destreza para atrapar y ahorcar cada fideo, sus dedos, traviesos, cambiando a cada segundo de posición, en&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;un intento vano pero insistente de encontrar la posición perfecta de comer sin amar una cochinada de aquellas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;En fin, Úrsula se tomaba en serio cada acción, a simple vista trivial. Por ejemplo prender un cigarrillo o aspirar con fuerza el humo de un cigarrillo, o lanzar, lentamente, una bocanada de humo de un cigarrillo sin saber a ciencia cierta que es lo que viene después de todo esto del cigarrillo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Finalmente Úrsula ha llegado a su casa ansiosa, sin saber exactamente que esperar. Y es que hace días que anda medio neurótica. De pronto, un día despertó con esa sensación, tan terrible, de aquel que espera algo. Y Úrsula, como todos, detesta esa angustia de no saber que es lo que uno debe&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;esperar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Para Úrsula no hay nada peor que la espera. Lo peor de todo es esperar algo, a alguien, a algún suceso o cosa, sin saber a ciencia cierta que es lo que maldita sea se espera. Entonces, pasa una brisa que refresca el ambiente y hace bailar las cortinas, y uno se queda con esa incertidumbre terrible de no saber si es que lo que debía pasar, pasó ya, en forma de brisa fresca, o es que lo tan esperado debe llegar todavía, y la brisa -la dulce y fresca brisa- fue solo un preámbulo de todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Hoy, sin embargo, la mañana es deliciosa por sus 12 costados. Así que deja a un lado su cámara fotográfica, y emprende, de nuevo, una caminata saltarina que invade la ciudad, casi siempre turbia y melancólica, y la transforma en surrealista y calida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;2&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;En contraparte, Antonio no espera nada de nada. Para el todo es más simple. Más práctico. Antonio no se preocupa de los colores. Para él todo tiene el mismo color. Para Antonio, las comidas y los desayunos y las cenas y eso de comer con palillos chinos no merece tanta importancia. Si hablaras con el, te diría que todo está dicho. Que no hay mucho más que pensar. Que todo ya se pensó. Absolutamente todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Pongamos, por ejemplo, que este día el carro de Antonio se averió. No quiso prender. Así que el gritó, puteó y maldijo al pobre auto. Lo golpeo incluso. Lució furibundo por un momento. Que el maldito auto no avanza, que no quiere prender. Claro, a él no se le ocurre que la mañana está como nunca. Que la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;brisa que pasa en esta mañana lo mantiene a uno especialmente fresco, que el sol brilla, pero no calienta lo suficiente como para que Antonio tema que los sobacos comiencen a sudar y entonces la camisa blanca mojada en las axilas. Y toda la oficina que no dice nada, pero que asco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;No. Antonio jamás se detendría a ver que todo está perfectamente tramado para que ese día, justo ese día, vaya al trabajo a pie. Pero que puede hacer, es tarde, la oficina está a apenas 10 cuadras y el maldito Peugeot no le dan las perras ganas de arrancar. Así que el saco del terno al hombro, colgando del dedo medio, y a andar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Una lástima que Antonio sea como es. Porque las personas como Antonio no se detienen a ver nada de nada de lo que realmente interesa ver. Bien podría pasar un avión United por los cielos esa mañana, o aparecer un arco iris de colores totalmente vagos, difusos e inexistentes, o de pronto, escucharse &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;entre el murmullo solitario de todos los oficinistas en traje y sastre a las &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;8 de la mañana, un sonido de arpas y violines que viene desde lejos y que se &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;deja llevar por el viento, enarbolando melodías que tampoco existen o &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;existirán, y a Antonio le hubiera dado exactamente lo mismo. Es más… de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;seguro el avión de United sería lo único que le haría pensar un segundo en &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;el vuelo que debe tomar el fin de semana para una reunión de directorio muy &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;importantes. Las personas como Antonio siempre tienen reuniones de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;directorio que siempre son muy importantes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Las personas como Antonio, muchos dirían, tienen un concepto algo retorcido &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;-incluso quijotesco- de lo que es lo importante y lo trivial. Digamos que su &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;pirámide de prioridades anda medio de vuelta y media, como después de un &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;tornado que lo despelota todo de buenas a primeras. Entonces las mañanas &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;perfectas pasan a ser cosas que no vale la pena ver, y las reuniones de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;directorio son, a lo menos, urgentísimas e imperdibles. Y pasa que una noche &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;jugando con los niños, acariciando al perro y cocinando con mamá pastas, es &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;menos vital para uno, menos excitante, que ver el partido de fútbol que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;pasan en canal 30 a las 8. Las personas como Antonio son los adultos del que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;habla el Principito. No entienden un carajo de nada, y le dan vuelta a toda &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;lógica, por más obvia y previsible que esta sea.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Entonces, pasa que Antonio camina, con la camisa blanca impecable, la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;corbata celeste impecable y el terno azul marino de todos los días. Y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;resulta que no se detiene a ver las perfectas nalgas de la mujer que no solo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;lo acaba de cruzar, sino que lo ha mirado a los ojos, fijamente, atraída por &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;esa estabilidad y esa sensualidad propia de gente con el cabello recortado,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt; la afeitada al ras y el terno bien puesto. Antonio no se ha inmutado, no ha &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;volteado ni de reojo. Lo único que pasa por su mente es el viaje del viernes &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;y el partido del sábado y Diana, la compañera de oficina que se tira de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;cuando en cuando y en el polvo que se va echar con ella en unas horas,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;porque ha salido apurado y no ha tenido ni tiempo para hacerse una paja &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;antes de vestirse de corbata celeste y terno azul marino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Tampoco se ha percatado, camino a la oficina, que la luz del día está&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;peculiarmente perfecta, apropiada, para tomar fotos en blanco y negro, y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;jugar con las sombras y con las luces que se reflejan en las ventanas de los &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;edificios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Finalmente Antonio llega a la oficina y, lejos de sentir en el pecho esa &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;leve tristeza de quien entra en una caja de zapatos por 8 horas y se pierde &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;el resplandor de una mañana de fotografía en blanco y negro, siente un &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;enorme alivio de saberse en la seguridad de su oficina con café recién&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;servido y el aire acondicionado estratégicamente acondicionado a el. Vuelve &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;entonces, a esa modorra feliz en la que viven miles de personas. Vuelve a &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;los edificios y oficinas y ordenadores y llamadas importantes y citas y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;agendas llenas y rutinas y sonrisas hipócritas y todo eso que el resto del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;mundo detesta con todas las fuerzas que un pueda tener.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Yo también odio esas cosas. Porque, al fin y al cabo, lo que es Antonio es &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;un producto más de todo lo que se debe ser. Y no hay nada peor que ser, en &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;esencia, políticamente correcto. Y no hay nada mejor que, cada día, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;decepcionar un poquito a cada quien con cada cosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Pero en fin, no es nada ético ir juzgando a los personajes que uno mismo va &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;engendrando. No hay mérito en jugar a Dios y decir Antonio tal cosa y, en &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;cambio, Úrsula tal otra. Sigamos con Antonio, que a estas alturas debe estar &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;cómodamente apoyado en el respaldar de su silla de cuero, respirando &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;profundamente todo ese aire artificial de la oficina, o quizá ya en la sala &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;de fotocopias, con el pantalón en los tobillos, y las manos sosteniendo las &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;nalgas de Diana, que es la encargada de recursos humanos y anda también &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;medio estresada porque el gerente le ha pedido hace un par de días no se que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;documentos que uff…, la obligan a trabajar más de la cuenta toda la semana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;3&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Aunque, quizás sí. De repente todo se va al diablo, lo mando al diablo digo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Porque aquí el que manda o no las cosas al diablo soy solo yo. El que le &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;puso esa corbata celeste a Antonio fui yo, el mismo que desabrochó la blusa &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;de Diana, el que le dio el puesto de encargada de recursos humanos. Soy el &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;que le enseñó cada una de sus particularidades a Úrsula y aquél que organizó &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;la reunión del viernes para Antonio. Yo les puse el nombre a los dos y a los&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt; dos les enseñé a comer comida china. Yo le compre el Peugeot a Antonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Es cierto… ando un poco alterado. Pero es que Antonio y toda su rutina me&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;terminan por sacar de quicio siempre. No soporto sus aires de éxito hueco, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;vacío. No soporto que no reconozca la frustración cada mañana, cuando lo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;cachetea cada vez que, frente al espejo, se afeita al ras con su match 3. No &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;comprendo como, algunas noches, no llora en un rincón de su cuarto, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;maldiciendo la vida acartonada y terrible que le toco padecer. No me entra &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;en la maldita cabeza como fue que aceptó sin murmuraciones el papel que le &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;encomendé en este relato.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Quizás es que simplemente no sepa vivir de otra forma. Así como un niño &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;pobre del África no extrañará jamás los viajes en jet privado, y en cambio &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;se sentirá feliz con tener un pan que comer cada día, así mismo Antonio no &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;puede sentir añoranza por una vida que no le tocó vivir. Que no le dejé &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;vivir. Por eso, quizá, vive contento. Por eso no mira los fulgores de una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;mañana perfecta, por eso pasa de largo ante un par de nalgas que, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;rítmicamente galopan cubiertas por apenas una minifalda mínima. Antonio &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;nació, fue creado en un medio hosco, en una jaula de víboras en la que la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;felicidad y el éxito se miden por el tamaño del pene, de la oficina y del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;apartamento. No sabe mirar. No sabe sentir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Y bien. De repente el causante de tanto martirio para el pobre de Antonio &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;sea, justamente, quien deba otorgarle, de cuando en cuando, un poco de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;libertad. Quizás, quien sabe, Antonio solo requiere ese empujoncito tibio, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;ese abrir de puertas para darse cuenta en la mierda en la que se halla &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;embarrado. Tal vez basta una simple ojeada alrededor y zas!, Antonio se me&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;deja de tanta tontera y comienza a tomarse las cosas importantes un poquito &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;menos en serio, y las triviales, con algo más de atención.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Así que Antonio acaba de dejar a Diana relamiéndose toda, como una gata en &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;celo. Ha sentido como la corbata de todos los días, de repente, le ajusta de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;una manera terrible, y se la ha quitado como ha podido. Antonio ha caminado &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;hacia su oficina, y la ha visto tan inmunda, tan llena de papeles y números &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;y de paredes y ventanas, que de pronto, ha sentido unas ganas inmensurables &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;de ver la mañana de frente y sin el vidrio polarizado de su oficina de por &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;medio. De modo que ha hecho desbarajuste y medio con las mangas de su &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;camisa, en un intento atolondrado de remangarse y ha cancelado, a gritos, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;todas sus citas del día. Antonio, finalmente se ha largado de la empresa &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;dando pequeños saltos, similares a los que da un niño pequeño cuando sale al &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;recreo, con una sonrisa súper extraña, una sonrisa que denota una felicidad &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;tremenda, ajena a esa oficina tan cuadrada y rectangular y pentagonal y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;hexagonal que nada tiene de chiste, una sonrisa que, al fin y al cabo, nadie &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;del trabajo le había visto antes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;4&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Antonio no entiende nada. Está en su departamento, parado, apoyado en el &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;balcón mirando al infinito. Anda sin la lustrosa e impecable corbata celeste &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;de siempre. Está con las mangas dobladas y la camisa arrugada. Es mediodía y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;no está en la oficina…. Justo hoy que tenía tantas cosas que hacer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Antonio hace, entonces, lo que siempre uno hace cuando todo pareciera ser &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;solo un sueño extraño y desprovisto de todo hálito de realidad. Se frota los &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;ojos, con los nudillos primero y luego con la palma de las manos. Nada. Todo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;sigue igual de confuso, igual que hace instantes, cuando todavía existía un &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;ápice de esperanza que todo fuera una mera ilusión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Pero parece que las sorpresas siguen llegando. Y Antonio nunca hubo de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;aprender a reaccionar ante las sorpresas de otra manera, que no fura con &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;terror. A sus espaldas, hay alguien. Una persona que se contornea en el sofá &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;y ríe. Hielo en las venas de Antonio. Entonces, cuando Antonio todavía no &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;comprende nada, oye una voz extraña, distinta a todas las que escuchó alguna&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt; vez. La voz ésta, hipnotizante y juguetona, lo llama. “Antonio, no te quedes&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;pegado, ven acá”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;A Antonio le vinieron mil y una fiebres de golpe. Los bellos se le &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;encresparon de repente y una pelota imaginaria se le atravesó en el esófago, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;dejándolo casi sin aliento. Miedo, terror, angustia, nervios, quien sabe &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;que. Alguna de las tantas sensaciones que produce la voz de alguien &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;nombrando a uno, fue la causante de que, a pesar de las infinitas ganas de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;saltar en ese mismo momento del balcón, Antonio solo atinara a voltear y, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;una vez con aire, observar con algo de encanto y algo de espanto a esa &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;mujer, tan lejana y tan cercana, que tomaba cerveza de pico y que lucía –o &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;deslucía- un moño apresurado en el pelo, y una camiseta blanca que dejaba &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;ver sus pechos, pequeños, redondos y abultados, en toda su esencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Antonio no andaba seguro de nada ni de nadie. Menos aún de aquella mujer &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;que, tan campante, lo llamaba con un tono de voz tan familiar, tan casual, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;tan de todos los días. No sabía nada de nada. Así que prefirió no hacer nada &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;que no hubiera hecho en cualquier otro momento. Buscó una de sus tantas &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;corbatas en el armario donde se alojaba un mundo organizado y meticuloso de&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;camisas y corbatas y pantalones y zapatos y correas y gemelos y todas esas &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;cosas. Eligió una al azar y articuló su mejor nudo en pocos segundos. El &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;cuello sintió la presión incandescente de la corbata atada a un punto &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;imposible. Se sintió extraño. Al fin, buscó uno más de sus tantos sacos y se &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;dispuso a salir de nuevo del apartamento a diez cuadras de la oficina y, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;ahora sí, encontrar que su Peugeot estaba listo para arrancar y ocupar el &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;estacionamiento 215 de todos los días.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Regreso en el ascensor. No estaba su Peugeot. Nada parecía ser como debía. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Tampoco estaban en el bolsillo las llaves del departamento ni el celular de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;última de generación que llevaba en el estuche de siempre, siempre en el &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;mismo estuche, en la misma correa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Al tocar la puerta, furibundo, el mundo pareció caérsele encima. Una duda &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;tremenda lo invadió durante largos segundo, hasta que Úrsula abrió la puerta &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;con un estuche, bastante más grande que el de su celular de última &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;generación:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;- Olvidaste tu cámara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;Luego, como no, Úrsula chupó el cigarrillo casi consumido que sostenía entre &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;sus dedos, y sopló una bocanada profunda y espesa de humo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-7341802013772271363?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/7341802013772271363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/7341802013772271363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/blanco-y-negro.html' title='Blanco y negro'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDwmnR2ZdI/AAAAAAAAAWQ/6Z5L66HOszQ/s72-c/smoke.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-4002237001897751418</id><published>2007-04-14T08:10:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:13:33.587-07:00</updated><title type='text'>Microcuentos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDve3R2ZcI/AAAAAAAAAWI/2Vky4dUFbW8/s1600-h/DonSancho.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDve3R2ZcI/AAAAAAAAAWI/2Vky4dUFbW8/s200/DonSancho.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053302095423628738" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Edmir Espinoza&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;    &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Pum Pan&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lo miró, con sus ojos viejos y cansados. Lo miró por última vez y vio en él a un pedazo de hombre. Solo era un niño, un pequeño con ínfulas de héroe. Lo encontró tan desprovisto de todo, tan a merced de una suerte ya esquiva, que sintió lástima por él. Aquel jovencillo travieso solo había querido llamar la atención con sus mataperradas, pero estas habían causado ya, muchos disturbios. Así que al Capitan Garfio no le quedó más remedio que apretar elgatillo, y con esto, todo el país del Nunca Jamás se vio envuelto en llamas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt; &lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;  &lt;span style="font-weight: bold;"&gt; Señal que avanzamos&lt;/span&gt;   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los ojos tibios, atiborrados de lágrimas huérfanas, miró el cuerpo desgarbado y raquítico de su oponente, que yacía tumbado en la hierba, inerte y baboso. Tomó el sable con aquellas manos grasosas y mofletudas, y lo volvió a hundir en el abdomen del muerto. La lucha había terminado luego de innumerables anocheceres y amaneceres, testigos de un combate sin precedentes. Luego, con la manga sucia de su camisa borró los últimos vestigios de un llanto que nunca más lloraría. Tranquilo ya, montose Sancho Panza en Rocinante, y cabalgó al encuentro de Dulcinea, su amada damisela.  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-4002237001897751418?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4002237001897751418'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4002237001897751418'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/microcuentos.html' title='Microcuentos'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDve3R2ZcI/AAAAAAAAAWI/2Vky4dUFbW8/s72-c/DonSancho.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-2149921972245295528</id><published>2007-04-14T08:02:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:07:25.248-07:00</updated><title type='text'>Relatividad del tiempo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDtYHR2ZbI/AAAAAAAAAWA/GXMrUiRtrD0/s1600-h/Girl-At-Mirror-Web.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDtYHR2ZbI/AAAAAAAAAWA/GXMrUiRtrD0/s200/Girl-At-Mirror-Web.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053299780436256178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;[cuento]&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;b  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;Antonio Taboada&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Encarar al espejo es todo un dilema, Marisa lo piensa por lo menos dos veces antes de animarse a cruzar el pasadizo hasta el baño y luego asomar ese rostro tan bien cuidado por las mañanas en la estética y por las noches con sus mascarillas; pero sabe que es una obligación ineludible pues de no ser así no podría empezar el día o por lo menos no tendría la sensación de haberse despertado realmente y entonces levantándose con mucha pereza se dispone a desmadejar la rutina que el Lunes se le hace más pesada. Ya de por sí cruzar la puerta de su cuarto implica serias dudas, llegar al pasadizo y empezar con el calvario de imaginar lo que pasaría sí... Asoma la cara y un brillo en el espejo le provoca cierto escalofrío, pero Marisa no se da por vencida y a continuación da otro paso, los siguientes ya no son tan incómodos, y ya cerca del grifo no sabe si asumir su reflejo o simplemente seguir lavándose obviando por completo el objeto. Al final se mira (la vanidad puede más que cualquier miedo) y encuentra sorprendida que un surco rubrica un tramo de su párpado izquierdo, con lo que angustiada se lava la cara una y otra vez a fin de que la pesadilla se desvanezca, pero al mirarse nuevamente la grieta que se resiste a irse, fina ironía, parece más bien resplandecer. Pensando en las consecuencias del hecho le pide prestado los lentes de sol a Gabo, que no entiende cuál es el motivo puesto que estamos en pleno invierno, y aludiendo una excusa inverosímil se dispone a cogerlos de su mesa de noche. Marisa no deja de pensar en los motivos de su vergüenza, piensa en la dieta que lleva, en que quizá no lleva un régimen adecuado y la sequedad de la piel, en la preocupación por los quehaceres, en el jabón de baño, en Gabo que le saca canas verdes, y así sin darse cuenta es presa del pánico. No hace otra cosa que pensar día y noche en el pliegue molesto, teme que el novio lo note, teme que de repente su cara termine pareciendo un plano hidrográfico; en fin, no duerme pensando como va a hacer mañana para cruzar el pasadizo. El reloj de pared, tic tac, la trastorna con su perorata monótona, recordándole como es que pasa el tiempo sin tenerle consideración a uno, y mientras se muerde las uñas se percata que ya clarea el día y que no ha pegado una pestaña. Establecida la mañana no hace otra cosa que meditar estrategias para obviar la engorrosa cita, se debate entre el deber y la premeditada negligencia, pero el sermón del reloj, tic tac, la presiona a levantarse, sin darle mucho tiempo para pensar, y enfrentar un nuevo día. Llena de desconfianza se despereza un poco y luego se pone de pie, piensa que tiene muy buenas razones para deshacerse del reloj; respira un poco antes de decidirse a caminar por el pasadizo. El miedo la llena de incertidumbre pero el tiempo transcurre y en ese momento escucha la voz del abuelo que le avisa que el desayuno está en la mesa y más bajo critica malhumorado el ocio de la juventud de hoy. Al final termina por infundirse el valor que necesita y pone marcha al baño, se repite a sí misma que seguramente ha sido una confusión, una de esas fluctuaciones de la percepción, esas cosas estúpidas por las que uno se preocupa y llegando, muy suelta de huesos, desafía oronda al espejo que, para desgracia, termina por someterla a su capricho y encuentra ahora no sólo el riachuelo del día anterior sino que todo un delta y pega un grito que el abuelo casi se ha infartado del susto; Gabo sube atropelladamente las escaleras y llegando al baño le pregunta intrigado por el escándalo, a lo que Marisa responde con una excusa inverosímil (quién entiende a las mujeres) bien puestos los lentes. El día transcurre sin novedad puesto que no tiene más preocupaciones que su monomanía, en la oficina los minutos se le hacen horas sospechando con rabia que la gente murmura a sus espaldas, refugiada tras su escritorio aguaita con cuidado a diestra y siniestra y no puede evitar sentir que la miran como a bicho raro, se acomoda los lentes y se concentra en escribir la carta notarial que le ha encargado el señor Prado. Piensa un poco en los síntomas que la aquejan, a veces se le ocurre meditar en la locura, en que un loco jamás se da cuenta que está loco, después con más calma reflexiona acerca del miedo y sus consecuencias: las uñas tan cuidadas que ahora son ruinas sin revocar. En monólogo recita muy bajito apologías gerontológicas, se sonríe algo tímida. Mira al reloj, aun faltan tres largas horas para que termine la faena del día. Su mente que no puede estar tranquila elucubra cierta medida para aprovechar el tiempo que resta. Coge el teléfono y llama al novio que ha contestado desde su carro y sin preámbulos le pone fin a su relación. Ultimado este asunto se pone algo triste porque ahora es una vieja y sola, llora un poco (pero esto es normal dentro de los patrones de una saludable anormalidad). Más tarde llega a casa y consigue trasladar la mecedora del cuarto de sus abuelos al suyo, encantada se pone a revisar el álbum de fotos donde aparece Gabo y ella pequeñitos, en el tobogán, en un restaurante, en el Peugeot de papá, ahí con cara de rabo para no comer, por acá abrazada de mamá, y que rápido se pasa el tiempo, en un suspiro. Suspira. La noche la ha sorprendido en plena nostalgia, una sonrisa ajada se esboza sobre su rostro; se peina con dedicación el pelo que solía ser negro y con vida. Sabe que ya no hay nada de que preocuparse, ni de la universidad por las mañanas o de la chamba por las tardes, todas esas frivolidades pasaron a segundo plano, y se acomoda en la cama para descansar. Temprano aún de madrugada la alarma del despertador suena regular y molesta, así hasta que entra Gabo que encuentra el cuerpo de Marisa sin movimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;    - Es una pena el índice tan alto de decesos hoy por hoy- dice &lt;i&gt;y&lt;/i&gt; que se conduele sinceramente-, si te juro que se me crispan los nervios de pensarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;    - Déjame decirte que este café es una porquería- dice &lt;i&gt;x&lt;/i&gt; consternada-, no sé, me parece que vendría bien un poco más de esmero, digo yo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;    - Pero si la depresión es todo un síndrome en la generación actual- dice &lt;i&gt;y&lt;/i&gt; acercándose al cadáver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;    - Y la verdad es que tampoco la salita me parece apropiada para un evento semejante- dice &lt;i&gt;x&lt;/i&gt; que vacía el café en una maceta-, hay que ver el poco gusto de estos anfitriones, con eso que de por sí el negro es triste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;       &lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;    - Pobre niña- dice &lt;i&gt;y&lt;/i&gt; suspirando.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;- Tan chiquilla y tan bonita la condenada- dice &lt;/span&gt;&lt;i&gt;x&lt;/i&gt;-, no sé, en mi opinión esas colas no le favorecen, ¿no te parece?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;Imagen: Norman Rockwell&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="margin-left: 36pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-2149921972245295528?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/2149921972245295528'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/2149921972245295528'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/relatividad-del-tiempo.html' title='Relatividad del tiempo'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDtYHR2ZbI/AAAAAAAAAWA/GXMrUiRtrD0/s72-c/Girl-At-Mirror-Web.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-5152278161231602901</id><published>2007-04-14T07:54:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T08:00:35.856-07:00</updated><title type='text'>Los ojos de Gertrude</title><content type='html'>&lt;a style="font-weight: bold;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDsFnR2ZaI/AAAAAAAAAV4/WY3WoRtD95E/s1600-h/bababa.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDsFnR2ZaI/AAAAAAAAAV4/WY3WoRtD95E/s200/bababa.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053298363097048482" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;[cuento]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Antonio Taboada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt; Un rayo. Antes, Farnsteiner, jamás habría revelado la existencia de semejante tatuaje. Antes tampoco lo habría visto transpirar así, mientras se quita la casaca para dejar a la intemperie su reciedumbre vikinga. Breve, como era en rigor de una melancolía que nadie se explicaba, me ordena que ingrese en el establecimiento. Una llamada al mediodía denunció la tercera víctima que cerraba la serie de asesinatos, celebrada anualmente, en Mannheim. Algo hay de profano y divino en el todo. Ya en el cuartel los colegas especulaban el &lt;i&gt;modus operandi&lt;/i&gt; de alguna secta o, en su defecto, algún fanático. Nuestro fantasma. Cuatro años de &lt;i&gt;pogrom&lt;/i&gt; sistemático le habían valido una antología selecta de epítetos como paliativo de la mediocridad de nuestro departamento. El aspecto de la mercería es propicio para gestar las formas más acabadas de la aprensión. La fatiga surca el rostro de Farnsteiner que desenfunda su arma, hecho incongruente teniendo en cuenta la sicología criminal. Incongruente también es, en mi opinión, el tiempo que le hemos deparado a madame Gertrude. Superstición alguna es intolerable para ciertas ortodoxias, para la ciencia y la religión. Confieso que la habilidad de la síquica no excede en poco a mi prejuicio, y, sin embargo, poco crédito he consentido a sus inferencias.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt;    En la &lt;i&gt;Monadología&lt;/i&gt;, Leibniz supone que todos los elementos del universo están estrechamente relacionados, desde la especie más rudimentaria hasta la divinidad. Esto equivale a decir que la ejecución de una idea no concierne meramente al espacio, sino que, de alguna manera, involucra también al tiempo; no sólo a la austeridad física del cuerpo, sino a la incomprensible vastedad del cosmos. A menudo, una catástrofe depende de un hecho arbitrario, cuyas consecuencias son infinitas; acaso el asesinato de John F. Kennedy lo inspiró el canto de un pájaro. ¿Qué oculta razón justificaría al genocida? De la meditación me extrae la elocuente &lt;i&gt;parabellum&lt;/i&gt; de Farnsteiner que me señala el recinto contiguo. Se pasa una mano rechoncha sobre la frente. Los cuartos son estrechos, la ventilación mezquina. Con la luz de una linterna devela un mohoso sótano cuyo fondo es extirpado por la penumbra. Bajamos. Recuerdo aún el primer atentado, Heinz abreviaba las horas con una candente polémica que versó, en primera instancia, sobre el &lt;i&gt;Götterdämmerung&lt;/i&gt;. De esa precaria alegría nos despertó el teléfono. La anónima voz de una mujer nos informaba el hallazgo de un cuerpo en las inmediaciones de Augustaanlage. Inmediatamente Farnsteiner emergió de algún recodo para darle curso a la investigación. Era fama que su existencia se remitía a manifestaciones periódicas, nada que no correspondiera al deber. La víctima había sido estrangulada. Su nombre era Benjamin Albalak. Era judío. Era un ginecólogo que ejercía piadosamente la medicina a unas calles del crimen. Era un espíritu generoso que asistía desinteresadamente a parturientas sin recursos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt; En un inicio pensamos que el asunto no iba más allá del entrevero habitual de alguna pandilla. Nos equivocamos rotundamente. En días subsiguientes mi correo en la computadora del despacho fue saturado con la denuncia impersonal de dos homicidios más. Mis temores no eran infundados, ésta vez también se trataba de judíos: Heinrich Bejakar y Evelyn Camhi. Fácil fue prever el patrón que los asociaba. La sucesión alfabética había sido, para el psicópata, durante más de un siglo una forma simbólica de exterminio. Eso y la fecha de ejecución me reportaron una suspicacia de mártir. Un año tuve que esperar para atreverme a formular la terrible sospecha que inquietaba mi lógica. Cuando asesinaron, en una visita a nuestra ciudad, al prestigiado rabino de la sinagoga de Othmarschen, Gunnar Martin Dubrowski, el 8 de Agosto, confirmé la secreta ilación del móvil: la equivalencia con el calendario lunar hebreo que computaba la fecha como 9 de Ab. Fecha funesta para todo el que profesara la fe talmúdica, pues evocaba las coincidencias más desagradables para la raza: así, la destrucción del fastuoso santuario, que mandara erigir el sapientísimo Salomón, por los babilonios al mando de Nabucodonosor; así, la ignominia que recayó sobre el pueblo cuando Tito asoló el segundo santuario; así, el ultimátum que les diera España antes de expulsarlos del país en 1492. Tres son las ceremonias que el consenso ha determinado. Un muerto por cada una, así operó nuestro flagelo. La historia ha demostrado que la forma más elevada del oprobio no consiste en ultrajar al individuo, sino a la memoria de los ancestros. Acaso de este modo procedieron los romanos cuando, acallada la rebelión de Simón Bar-Kojba, rebautizaron Judea con el nombre de Palestina en honor a los filisteos, enemigos acérrimos de los hebreos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt; Dos días atrás encontramos el cadáver de David Jacobi, un cuchillo le había perforado la garganta. Ya antes hemos recurrido al talento de Gertrude por órdenes de Heinz, cuya inteligencia se dejaba sobornar fácilmente por esas misceláneas (como le gustaba llamarlas). En lo que a mí respecta mi único pretexto consiste en la inútil exposición de las evidencias —quién decía que el terreno en que nos internábamos no era precario—. «Necesita traerme, usted, alguna prenda o posesión del finado. Después ya veremos». Así lo hice. Gertrude era baja, neurótica y sumamente católica. El aroma lánguido del incienso saturaba la habitación. Cosa común era entre adivinos atribuir propiedades esotéricas al incienso. No menos estereotipado se me antojó el cráneo sobre la cómoda y las diversas imágenes distribuidas a lo largo del salón. Cuando regresamos, Brandt y yo, ella tomó la camisa de Jacobi y se puso a auscultarla. Después entró en trance. Brandt, aburrido hasta la impaciencia, prendió un cigarrillo y se lo enchufó en la boca para ocultar una burla que le agrietaba la cara. «Le veo, sí. Es un callejón empedrado. Hace frío y está oscuro, sumamente oscuro. Tiene mucho miedo, mucho miedo de las sombras». Nada dijimos que interrumpiera el exabrupto, nos supeditamos a sentir una incómoda solidaridad; con paciencia esperamos a que volviera en sí. «Señores, deben tener mucho cuidado con este hombre que buscan. Puedo sentir que su alma es negra como una noche sin luna. ¿Se ríe, usted? Ya me dará la razón... Así es, volverá a atacar». Fritz Brandt, devoto del método policiaco, sin perder tiempo cuestionó directamente a la médium sobre las características del asesino. «La tragedia ha sido acometida con un arma blanca». Una vena gruesa y azul le surcó la sien. Poco nos llevó comprender lo ilógico de la situación. «Verá usted, lamento muchísimo no haberlos podido aproximar. La visión fue difusa, la noche ayudó. Esperemos tener mejor suerte la próxima vez». Yo le alcancé un billete, Brandt se volvió sin despedirse. De regreso, Brandt criticaba la ingenua propensión del capitán a convenir con cada patraña. Se vanagloriaba de un carácter inherente teutón: la dialéctica. Recordó a Hegel, cuyo fundamento sumió en el sepulcro la morfología filosófica; recordó a Spengler, cuyo pesimismo lo equiparaba al inconsolable Tiresias. Le dije que Alemania adeudaba al misticismo alguna secreta victoria, añadí que la astrología y el tarot fueron predilección íntima de Hitler, que no podía omitir por simple intransigencia lo evidente. En un tono de infinito desprecio, observó que el fervor del poder es capaz de deteriorar la forma más elevada del pensamiento; dijo que el mayor pecado del alemán siempre ha sido desear todo o nada. Antes, prosiguió, ya se había atribuido a magia la gloria de Alejandro de Macedonia, o, por citar un ejemplo local, el patrimonio de &lt;i&gt;Karl der Grosse &lt;/i&gt;(el impostor Carlomagno de Francia). Que defender el infundio es renegar de la causalidad. Mucho distaba de estar en desacuerdo con él, pero es sabido que un credo sólo es templado en la contradicción. El frío de la noche entumecía mis huesos, como ahora. He reiterado a Farnsteiner mi intención de interrumpir las acciones y salir por un café. No sé por qué se lo digo, sé muy bien lo que significa trabajar con él. A Brandt le habían asignado otro caso. Pasándose un pañuelo sobre la frente, sin contestarme, me pide que mueva un poco el estante de los vinos. Un olor a miasma sube desde el mueble.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt; Cuando llegamos, Heinz, dirigiéndose a Brandt, reclamó los resultados de nuestra investigación. Brandt respondió que no teníamos nada. Yo me encargué de los detalles, estaba visto que mi compañero no tenía la más mínima intención de rendir cuentas. Mientras tanto, Oberländer fustigaba al Internet para dar con la sección K del directorio de familias judías de Mannheim. Los pocos judíos que quedaban en Alemania vivían temiendo el resurgimiento de la patriotería, temor que no estaba lejos de la realidad. La obesidad y la alta presión impelían al capitán a movimientos pausados (dos meses atrás, durante su traslado, ya había sufrido un infarto en Westfalia); frunció el ceño y articuló, luego, una morosa imprecación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt; Ayer fue el peor de los días. Impotentes, esperábamos la llamada funesta que denunciara la segunda víctima. Para entonces ya se habría consumado el acto. Eso, sumado a la revisión de una cantidad exorbitante de antecedentes nos inundó de un sentimiento parecido al de la agonía. Cuando el teléfono berreó ya nadie se sorprendió de que del otro lado la voz fría de un equis señalara la ubicación del infeliz. Como cuando un enfermo espera que se le dé el terrible diagnóstico y lo único que anhela es saber, por muy malo que sea, su estado, y así enterado, una feliz resignación lo embarga, del mismo modo el piso se sumió en un silencio unánime. Busqué con los ojos a Brandt para arribar los dos a la nueva dirección. Él escribía no sé qué reporte mientras apagaba su noveno cigarrillo. Me dijo que Farnsteiner lo había destacado a otra misión, la del secuestro del chico Bergner que, también, había quedado pendiente. Los diarios matutinos trizaban el prestigio de la policía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES-TRAD" &gt; La distancia, atribulada de iglesias góticas y de abadías barrocas y de castillos inverosímiles, entretejía alguna molesta corazonada. Al volante, Farnsteiner rumiaba alguna estrategia. Vi el Rin; recordé que el tiempo es como el río. Estiércol de pájaro ungió la luna del carro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-TRAD" &gt; La cartera vieja de Margarite Kreskis tal vez sería suficiente para estimular las habilidades de madame Gertrude; eran las siete de la noche cuando toqué a su puerta. Un grueso puro estorbaba su dicción. «Sabía muy bien que volvería, usted». Álgido temblor recorrió mi espalda. Difícil sería hablar de las fluctuaciones de conciencia que experimenté; básteme reconstruir, a efecto de un justo discernimiento, las acciones que se remiten al crimen. Entramos al salón. Las últimas palabras de Gertrude aún resuenan en mi cabeza. ¿Qué quiso decir con que &lt;i&gt;la disposición del cosmos no admite negligencias&lt;/i&gt;? Dos cosas hay que mortifican el ánimo: la intriga y el silencio. Bien podría Farnsteiner reunir las dos condiciones. Ni una ligera contracción de repudio le merece el que haya develado la fetidez de la rata muerta. La humedad del sótano amplifica el frío. «Se escondía entre los árboles. Ella no lo podía ver, no lo iba a ver». De vez en cuando intuía en Heinz un rictus que delataba su fascinación por las misceláneas. Sobre todo cuando relataba mis entrevistas con Gertrude. Pensé que nuestra torpeza y su morbo, conjugados, daban excesiva justificación a los agravios, que la prensa, largaba contra nosotros. «Ella grita, pero es inútil, no hay nadie alrededor. Veo una glorieta, una canaleta que vierte agua turbia...». Cuando volví al cuartel, los colegas se debatían, con un afán grotesco de burla, en una discusión acerca de quién sería el siguiente. Yo reprendí el hecho. Alguien dijo que la humanidad suele ser monstruosa cuando se desciende del Sinaí. Alguien más dijo que era aceptable que, siendo el apellido de mi madre Leoy, anduviera preocupado. Era tonto pensar en esa opción. Tanto detalle excluía la osadía como posible virtud del criminal. «Ahora lo veo, lo veo claramente. Tiene como un profundo resentimiento en los ojos». Me incomodaba no saber con precisión la incidencia de su mirada; dejé escapar, luego, un exasperado bostezo. Estaba aburrido de todo lo concerniente a materia sobrenatural. Le pido a Farnsteiner que baje la pistola. No me oye, como siempre. «Hay algo en él, algo sobrenatural». No pude evitar pensar en la relación que existe entre la ciencia y lo esotérico, que casi es la misma que hay entre la razón y la percepción. Siendo, acaso, las últimas, una instancia anterior. (Conocí a un yoghi en Ludhiana que sostenía, mientras caminaba sobre brasas vivas, que todo hábito es una distracción, que el fuego quema porque hemos resuelto creer que quema). Siglos de conventículos científicos nos ha llevado a la irrevocable conclusión de que nuestra percepción del mundo es imperfecta; esta desavenencia concede, imperativa, cierto fuero a la divinidad. ¿Podrá el intelecto alcanzar la trayectoria del espectro? He contemplado, en algún momento, la torpeza como posibilidad; no hay mayor torpeza que tratar de interpretar la geometría de un dios. «Hay un signo, no comprendo su significado, es un carácter antiguo, escandinavo, creo, una runa, o quizás una S en el alfabeto tradicional, o quizás...».&lt;br /&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;—¡Un rayo!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-5152278161231602901?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/5152278161231602901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/5152278161231602901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/los-ojos-de-gertrude.html' title='Los ojos de Gertrude'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDsFnR2ZaI/AAAAAAAAAV4/WY3WoRtD95E/s72-c/bababa.gif' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-4777639919976630144</id><published>2007-04-14T07:17:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T07:29:28.349-07:00</updated><title type='text'>La línea en medio del cielo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDkWHR2ZZI/AAAAAAAAAVw/dN1Bx7WlfPI/s1600-h/97-+Brindis.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDkWHR2ZZI/AAAAAAAAAVw/dN1Bx7WlfPI/s200/97-+Brindis.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5053289850471867794" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Francisco Ángeles&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: normal;" lang="ES"&gt;[Fragmento de novela]&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: right;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;"Cada acto lleva su justificación en sí mismo,&lt;br /&gt;al menos para quien ha sido capaz de cometerlo".&lt;br /&gt;André Breton&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: left;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: left;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: left;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;Tercera parte&lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;div face="arial" style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div face="arial" style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: left;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;" lang="ES"&gt;EL CUADERNO&lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div face="arial" style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: left;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;1&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div face="arial" style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-indent: 0cm; text-align: left;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Al escribir sobre el pasado, escribió el viejo, las palabras caen como piedras y aplastan la verdadera historia, que queda deformada, oculta entre las sombras. El rumor se acalla y sólo quedan las líneas que pretenden capturarlo, escribió el viejo, y lo único que queda es una ilusión, el espejismo de una realidad falsamente representada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El viejo estaba sentado al escritorio y escribía sin prisa, con una letra pequeña y ordenada. Empezaba a oscurecer, y se había detenido un momento para ver pasar transeúntes bajo su ventana. Acomodó el lapicero entre las páginas y aspiró el aire fresco de la noche que se colaba entre las cortinas abiertas. Vivía solo y últimamente ocupaba la mayor parte del día en llevar un registro coherente de la historia, un falso registro, una historia que nunca sería, que nunca podría ser, un verdadero registro. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Tiempo atrás, mucho tiempo atrás, incluso antes de la noche de su matrimonio, el viejo había conseguido un puesto menor en un ministerio. Tal vez allí debía trazar la línea, el límite arbitrario que necesitaba como punto de partida. El trabajo en el ministerio le dejaba libre a partir de las cinco de la tarde, y a la salida acostumbraba ir a un bar cercano a reunirse con un grupo de jóvenes que se sentaban en una mesa del fondo del local y pasaban las horas hablando de política. Pero eso fue después, un poco después, cuando ya tenía un par de semanas en el ministerio y había trabado cierta relación con la muchacha que trabajaba en la oficina de al lado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Las cosas ocurrieron bastante de prisa. La primera vez que vio a Virginia no le causó ninguna impresión. La joven llevaba un vestido veraniego y una ruma de papeles en la mano, y al pasar delante de su oficina lo saludó de pasada con una naturalidad que le hizo pensar que tal vez lo había confundido con otra persona. El que mucho tiempo después sería el viejo que escribe, a quien a partir de ahora llamaremos Ignat, salió a la puerta de la oficina y la vio alejándose por el pasillo. Volvió a su puesto y siguió trabajando. Rato después, la muchacha volvió a pasar por delante, pero esta vez se detuvo en la puerta, le dijo su nombre, hizo algunos comentarios superficiales sobre el trabajo y volvió a desaparecer. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Cuando llegó el receso de mediodía, la muchacha estaba de vuelta. Le preguntó dónde tenía pensado almorzar. Ignat contestó que no había previsto nada en especial. Entonces la muchacha le habló de un restaurante cercano, donde se reunía con unos amigos que trabajaban en otras oficinas de la zona. A Ignat le pareció un poco extraño la coincidencia de horarios con gente ajena al ministerio. Sin embargo,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;aceptó acompañarla. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Salieron al tibio sol del mediodía, anónimos entre la multitud de burócratas que se lanzaban a las calles con un entusiasmo dormido durante el inicio de la jornada. Al llegar al restaurante, Virginia lo presentó a cuatro tipos que ya habían terminado de almorzar, e Ignat tuvo la rara impresión de que lo estaban esperando. Apenas cruzaban la puerta de entrada, y antes de que Virginia hiciera un ademán que le indicara dónde tenían que dirigirse, ya Ignat había notado que cuatro tipos lo estaban mirando. Casi de inmediato, mientras se iban acercando, los cuatro de la mesa fingieron sorpresa y uno de ellos hizo comentarios sueltos sobre un campeonato deportivo. Virginia les dijo su nombre y él escuchó el de cada uno de ellos mientras les tendía la mano. Pero era difícil quitarse de encima la sensación de que todo estaba preparado, de que ellos sabían de antemano de que Virginia lo llevaría, que sabían su nombre e incluso que habían visto su cara, tal vez en una fotografía. Vinieron los primeros comentarios, las preguntas sobre el trabajo (cuándo había entrado al ministerio, cuál era exactamente su labor), pero Ignat sintió que ellos ya sabían las respuestas. Había una rara artificialidad en el modo en que se alternaban las intervenciones. Todo era extrañamente claro, fluía con demasiada naturalidad. Ignat sintió que entraba a formar parte de una coreografía que ellos habían ensayado previamente, que era la pieza nueva que ellos esperaban encajar , y que incluso sus respuestas ya estaban previstas, que ellos sabían &lt;i&gt;todo &lt;/i&gt;sobre él. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El mesero se acercó a tomar el pedido y después Ignat comió en silencio.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Los demás parecían haberse olvidado de él, pero eso también debía estar planificado. Hablaban de diversos temas, pero él sentía que ésa era una conversación repetida, que cada uno ya sabía lo que el otro iba a decir, que muchas veces habían hablado exactamente lo mismo, palabra por palabra, como si cumplieran un libreto aprendido de memoria. Aunque tal vez estaba equivocado, y el cansancio por el duro trabajo de la mañana, la súbita aparición de Virginia y un leve mareo lo habían puesto en disposición de interpretar signos en el vacío. Quizá todo era demasiado vulgar, y por eso había sido tentado por la imaginación. Terminó de comer, convencido de que todo estaba bien y no había de qué preocuparse. A fin de cuentas, no encontraba un indicio concluyente para suponer que ellos estaban informados sobre él. No tenía más que un pálpito, y sabía bien que esa sensación podía ser absolutamente injustificada. Pero lo cierto que estaba allí, con esos cuatro desconocidos, llevado por una muchacha a la que acababa de conocer, y la rotunda certeza de la situación hizo que volviera a pensar que nada era tan inocente como parecía. ¿Qué hacía allí? Si estaba en lo cierto, y en verdad todo estaba planificado, debía haber una razón. ¿Qué interés podían tener en él? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Ignat miró su reloj y se alegró al ver que el tiempo del refrigerio llegaba a su fin. Repitió la hora en voz alta, como si ello bastara para dar a entender que debía retirarse. Esperó una voz de protesta, que alguien dijera que se quedara un rato más. Pero nadie lo hizo. Todos callaron e Ignat sintió que ése era un silencio calculado. Seguramente sospechaban que él sería el primero en mostrar interés en retirarse y no debían despertar sospechas tratando de retenerlo. Tenían que hacerle sentir que podía ir y venir cuando quisiera, que daba igual si se retiraba y no volvía más. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Ignat se puso de pie y Virginia lo imitó. Al despedirse, uno de los tipos le dijo que al día siguiente era el cumpleaños de otro, que escuchaba sin darse por aludido, y que en la noche se iban a reunir para celebrar a la salida del trabajo. De manera que estoy en lo cierto, se dijo Ignat. La cortesía no era, no podía ser gratuita. Ni siquiera lo del cumpleaños era creíble.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Ignat salió junto a Virginia del restaurante y en el camino hacia el ministerio la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;escuchó hablar sin hacer ningún comentario. El del cumpleaños, le dijo Virginia, se había casado muy joven, antes de cumplir los veinte. Tenía ya una década de matrimonio y últimamente andaba en problemas con su esposa, una mujer algo mayor que sentía haber desperdiciado su vida al lado de él, pero que se resignaba a ello incluso con satisfacción. El del cumpleaños quería terminar la relación, pero esperaba que la mujer diera el primer paso. De manera que usaría la vieja estrategia de convertirse en víctima. Pero la inversión de papeles no era tan simple. Esa noche no llegaría a casa, no sería su culpa que justo el día de su cumpleaños tuviera más trabajo que de costumbre. Se trata de despertar las sospechas, le dijo Virginia, sin dar la prueba definitiva. La mujer debe pensar que él anda liado con otra, y en algún momento será incapaz de soportar la situación. Pero siempre, incluso cuando decida abandonarlo, quedará un espacio para la duda. Siempre podrá suponer que tal vez él decía la verdad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Entraban al ministerio e Ignat se preguntaba si acaso Virginia quería hacerle notar de un modo sutil que ellos tenían todo previsto. Hay que despertar la sospecha, le había dicho Virginia, agotar todas las posibilidades para despertarla. Pero nunca dar la prueba definitiva. Luego le guiñó&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;un ojo, se metió a su oficina y cerró la puerta. Ignat volvió a la suya. Tenía bastante trabajo que hacer esa tarde, pero le costaba concentrarse. Después de un rato, resolvió que necesitaba un respiro. Así que fue a la cafetería del ministerio, pidió un botella de agua y se sentó a beberla de espaldas a la puerta. Miraba por una pequeña mampara el patio de los trabajadores y pensaba en cuál&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;podía ser el interés que tenían en él. Por la manera en que se habían presentado los acontecimientos, parecía evidente que su elección no había sido al azar. No era una víctima intercambiable, un transeúnte que un ladrón elige sobre la marcha. No, lo habían escogido precisamente a &lt;i&gt;él&lt;/i&gt;,&lt;i&gt; &lt;/i&gt;y quien muchos años después sería el viejo que escribe era el primer sorprendido por la elección. Tampoco llegaba a entrever qué esperaban obtener a cambio. Desde la hora de almuerzo una sensación de peligro lo había agobiado, y sabía que lo más prudente era tomar distancia y alejarse del grupo antes de verse involucrado. Pero decidió ir a la reunión de la noche, al menos para descubrir qué se estaba tramando. Pensaba asumirse como un contraespía, y aunque desde una perspectiva práctica ese papel no le daba ninguna ventaja, al menos lo pondría en confianza consigo mismo. Si algo le llegaba a ocurrir, podría darse por satisfecho pensando que todo era consecuencia de un riesgo que decidió asumir. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Poco antes de las cinco, Virginia apareció en la oficina y le recordó la celebración del cumpleaños. Una hora después entraban juntos al restaurante. Los amigos de Virginia estaban en la misma mesa, como si no se hubieran movido de allí desde el almuerzo. Ninguno parecía tener un ánimo festivo, acorde con la supuesta celebración. El homenajeado repitió a grandes rasgos lo que ya le había contado Virginia, los problemas con la mujer y sus planes para terminar la relación. El único dato adicional fue que no tenían hijos y que lo atribuía a que uno de los dos era estéril, pero nunca se habían hecho pruebas para descubrir cuál de los dos era el afectado. Ignat pensó que le estaba dando una falsa prueba de confianza, que no era ninguna confesión espontánea sino un plan. No hizo ningún comentario y propuso pedir unas cervezas.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Hicieron el primer brindis. El del cumpleaños se había puesto de pie y anunció que sería más radical y que esa noche no pensaba volver a casa y al día siguiente no iría a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;trabajar. Dijo que cumplía treinta años y le parecía la edad ideal para renunciar al pasado. Nunca más volvería a ver a la mujer, no regresaría al trabajo. Lo único que quería era desaparecer. Era la única manera de poner en marcha el cambio que venía esperando por tanto tiempo. Cuando terminó de hablar, los otros aplaudieron y lanzaron exclamaciones de júbilo. El anciano se esforzaba por leer la escena entre líneas, pero no entendía bien lo que ocurría. Bebió otro vaso de cerveza y se dijo que, ya que estaba ahí, haría lo posible por disfrutar.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El que lo invitó a la reunión era un tipo al que los otros trataban con cierta distancia. Le decían Zeta y tenía la cabeza rapada. Mantenía un aire de superioridad y daba la impresión de estar acostumbrado a que las cosas se hicieran a su manera. Preguntó si alguien tenía un cigarrillo y, al ver que nadie le ofreció uno, le dijo a Ignat que lo acompañara a comprar un paquete afuera. Cuando volvieron, los otros dos se habían puesto a discutir de política.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La línea en medio del cielo ya se dibujaba entre las nubes &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES"&gt;(escribió el viejo a oscuras, muchos años después, sin encender la luz de la habitación y adivinando las letras perdidas en el cuaderno), &lt;i&gt;pero es entonces cuando se va perfilando con claridad, se vuelve nítida, legible, necesaria. La línea se hace gruesa y quiebra el cielo por la mitad. Yo estoy debajo y es como si el cielo entero fuera a caerse en dos pedazos justo sobre mi cabeza. Intento cubrirme con las manos, pero el gesto es estúpido, no tiene ningún sentido, es una defensa inútil ante la inmensidad de lo que se desploma y está a punto de aplastarme. Lo extraño es que saco las manos apenas me doy cuenta de que no soy yo el blanco que se quiere derribar. Es a otro a quien se dirige el ataque, pero me resigno a la equivocación y acepto ser la víctima por error, juego a cambiar de identidad sabiendo que, en algún lugar desconocido, alguien quedará a salvo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p  style="text-align: left;font-family:arial;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No es generosidad ni desprendimiento. Me gusta pensar en que tal vez yo también fui alguna vez salvado de un modo semejante. Pero no se me ocurre cómo ni cuándo pudo suceder. De cualquier manera, hay que actuar como si ya hubiera ocurrido. De lo contrario, hay que inventarlo.&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;    &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;En el camino hacia los cigarrillos, por primera vez a Ignat se le ocurrió que podía tratarse de un error. Si ir a comprar juntos no era más que un pretexto para dejarlo a solas con Zeta, tal vez allí estaba la prueba de la confusión. El plan no hubiese surtido efecto si él sacaba un paquete y le ofrecía un cigarro. Y era imposible suponer que ellos supieran que ese día no llevaba cigarrillos. Tal vez les habían dicho que no fumaba y se habían equivocado. Pero a la luz de los acontecimientos, el pasado siempre es capaz de ofrecer luces que entonces, cuando nada ha sucedido, permanecen ocultas. Aparecen indicios antes escondidos, se pueden leer señales que antes eran signos en blanco, no podían interpretarse. Así que, finalmente, las coincidencias eran posibles. Aunque tal vez no era el caso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-4777639919976630144?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4777639919976630144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4777639919976630144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/04/la-lnea-en-medio-del-cielo.html' title='La línea en medio del cielo'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RiDkWHR2ZZI/AAAAAAAAAVw/dN1Bx7WlfPI/s72-c/97-+Brindis.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-4323541455323728364</id><published>2007-02-19T19:42:00.000-08:00</published><updated>2007-02-19T19:48:27.311-08:00</updated><title type='text'>De autores respetables y famosos - Robert Jara</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.conferencistas.org/rayo-laser.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.conferencistas.org/rayo-laser.gif" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Y llegó el catedrático al pueblo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;     &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Yo era uno los cinco gatos que había logrado pisar una universidad, y para colmo, la misma donde enseñaba aquel catedrático. Nunca había visto a tanto vecino junto para un evento cultural. Ya recuerdo, la propaganda decía que habría agasajo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt; La vaca sagrada del pueblo lo presentó. Y lo juro, sin exagerar, que se aventó tal rollo, que cuando el catedrático, de terno y corbata, empezó la magistral disertación, ya algunos se habían quedado dormidos. Para colmo, una vieja roncaba en primera fila, boquita pintada, perfumada, bracitos cruzados, alhajada. El catedrático, para el roche, carraspeó, pero la vieja, ni con el culo. Sin más remedio, luego de arreglarse sospechosamente la corbata y sin dejar de acomodarse los lentes, con ese amague cojudo que delata a los intelectuales creídos, se derritió devolviendo bombos y platillos a la vaca, a quien por supuesto había conocido hace apenas unos diez minutos. Mientras tanto, la vieja, había subido descaradamente el volumen de su magistral roncadera. Pero él no le prestó importancia: estaba bastante ocupado en retribuir con una cordial sonrisa, la sonrisa complacida de la vaca, quien era vecino de silla de la vieja. Otra vez, se acomodó la corbata y los lentes, y por si las moscas alguien no había estado atento o recién había llegado, se gastó media hora en lamerse el ojo con fruición y sadismo él mismo; eso sí, magistralmente. No se le escapó mencionar ni una de las trece universidades, entre nacionales y extranjeras, donde había estudiado y enseñado, como tampoco dejó de forzar antojadizamente cierto grado de familiaridad, a la cual arribaba a través de los más disímiles atajos, con cuanto autor él etiquetaba de respetable y famoso; y un centenar de indiscreciones más por el estilo: como la pléyade de profesores eminentes que había tenido y la pléyade de eminentes alumnos que había formado; lo único que le faltó, por que no pudo y no por no quería, fue mostrar su colección de desteñidos pergaminos que sustentaban su tan publicitada excelencia académica. Abundó tanto en el tema que, honor a la palabra, no me acuerdo ni mierda. Pero eso sí, cómo olvidar los magistrales ronquidos de la vieja que para ser sincero, me caí en gracia. Yo gozaba cada vez que el catedrático entre carraspeos y acomodos de lentes y corbata, reprochaba los ronquidos lanzándole miradas furibundas; pero la vieja, como siempre, ni con el culo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt; Cuando yacía medio abandonado sobre mi silla, sacándome flojeras de los dedos, aguantando bostecitos, ¡qué ironía!, oí que dijo: ahora sí amable concurrencia, de frente al grano. Pero fue un bendito bálsamo, y tanto, que me acomodé decentemente en mi sitio. Lo que vino, fue incomprensible, esotérico, magistral para los eruditos; lo único que sé, es que se la pasó citando y citando nombres de autores y las grandes elucubraciones mentales de éstos; según él, famosos, y por supuesto, muy respetables. La vieja, ni decirlo, seguía con la cantaleta de sus ronquidos; pero eso sí, muy respetables también; tanto, que nadie le decía ni pío. Por ratos la vaca sagrada, indignado, disimulada e infructuosamente le metía codazos para despertarla; pero eso sí, sin desatender al catedrático, quien aprobaba la medida con una sonrisa gentil y un pendejo reacomodo de lentes y corbata, sin cortar un ápice el hilo de su soberbia charla, qué cosa loca. Los ronquidos, hermosos, imán que no me deja huir despavorido. Entretenido entre la vaca, el catedrático y la adorable vieja, tardé en fijarme que un par de asistentes más hacía rato que habían caído rendidos en los brazos de Morfeo; tapé fuerte mi boca para que no escapara ni una hebra de carcajada; pero aún así se oyó un poquito; y lo sé por que el catedrático me desaprobó con la mirada, la cual coronó con un clásico reacomodo de lentes y corbata ¡que ya me tenía una bola hinchada y la otra a punto de reventar! Pero allí no acababa todo; el resto, a excepción de la vaca y un chato, que sentábase al fondo, libraban una lucha quijotesca, injusta, desmedida, por mantener los parpados abiertos; el flaco de mi costado graciosamente se echaba saliva a los ojos. Yo, prohibido quitarme la mano de la boca. Las citas seguían a la orden; los cuatro gatos despiertos, no hacían más que decir "sí, sí" con la cabeza; no sé si por purita inercia, para no quedarse dormidos o simplemente para camuflar y solapar la ignorancia. Mientras tanto, yo, a medida que avanzaba el tiempo oía más hermoso los ronquidos de la vieja; tanto, que llegué a sentir remordimiento por no haberme sentado junto a ella. Por otro lado, la elocuencia del "profesor" era envidiable, !vaya cuánto sabia!, !qué avalancha de ideas es su cabeza!, !Vaya, y de autores respetables y famosos! Pero un bálsamo repentino volvió a distraerme cuando oí que dijo: eso ha sido todo respetable concurrencia, muchísimas gracias. Por diosito, lo juro, ni sé por qué carajo pero me levante de mi sitio como si me hubieran reventado una bomba en el mismísimo culo, y me puse a aplaudir como loco. La hembrita de amarillo, al fin dejó de removerse los mocos con el dedo. Morfeo, ni darle vueltas, se palteó conmigo; y no por las huevas, pues mi furibundo aplauso le arrancó de los brazos a casi todos sus acólitos; digo casi, por que la vieja, nada que ver. El flaco de mi costado se paró aún somnoliento, creo yo, para rascarse el culo, pero hubo tal confusión que todos, uno a uno, se fueron poniendo de pie remedándolo; y el aplauso, por diosito, en menos de lo que canta un gallo, podía escucharse clarito a mil metros a la redonda. El catedrático infló el pecho; sonreíase; tenía cara de emperador romano dirigiéndose a su pueblo; aunque a ratos más bien parecía la cara que pongo tras vencer un puto estreñimiento; como nunca se acomodaba y reacomodaba los lentes y la corbata, regodeándose, moviendo la cabeza para atrás y para adelante. Todo me recordó el final de un concierto rancio y apolillado de algún pianista, disquen muy respetable y muy famoso. El aplauso inercial parecía destinado a ser eterno, infinito. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt; En la ronda de preguntas participaron muchos, pero claro, para transportarlo al paraíso a punta de halagos, excelente, magistral, buenísimo... Su cara, sinceramente, inspiraba una inexplicable reverencia, el humilde San Martín de Porras le quedaba chiquito, sus ojos tiritaban de gloria. Tras calcular que nadie más levantaría la mano, me atreví a levantar tímidamente la mía, congelado de miedo, claro, por que rompería el hilo de alabancia, y además por que me asusta tanto ojo clavado en mí al mismo tiempo. Quise ser mago y desaparecerme, pero nada; Luis y Dorotea que se daban piquitos en la banca del fondo me subieron la moral e hicieron que participe: profe, dígame en cinco palabras, ¿qué es la identidad cultural? Sonrió y me dijo, mierda acomodándose los lentes y la corbata, que era una excelente pregunta y no sé cuánta pendejada más. Tampoco sé cómo demonios, aunque me consuela el que él tampoco quizá lo sepa, comenzó con su cantaleta de citarme y citarme libros y autores respetables y famosos, e inflaba el pecho y caminaba como pavo real. No miento, citó 27 autores en 3 minutos, y es que para no aburrirme ni dormirme, en vez de atenderlo, mejor me puse a hacer estadísticas. Todos lo miraban con atención, con qué atención lo miraban, ¿cuándo acabaría?, que se apure, ya huele rico el agasajo, las tripas rechinan, y fue cuando el chato bien al arete y pelo pintado, aprovechando la leve y única pausa que el catedrático hiciera, tratando de recordar a cierto autor, respetable y famoso, prorrumpió desde el fondo: el chino podrá irse a Francia, a Perú, a la luna, a donde quiera, pero cuando vuelve, vuelve igualito de chino. El catedrático, carraspeó, le quitó la mirada furtivamente, se acomodó la corbata, y continuó con su clásica cantaleta. La vieja, abrió más la boca, le quedarían apenas tres muelas podridas, se reacomodó sobre la silla, soltó un pedo chiquito pero apestoso, y subió al máximo el volumen de sus magistrales y adorables ronquidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-4323541455323728364?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4323541455323728364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4323541455323728364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/de-autores-respetables-y-famosos-robert.html' title='De autores respetables y famosos - Robert Jara'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-8454190661951065749</id><published>2007-02-19T19:38:00.000-08:00</published><updated>2007-02-19T19:42:22.157-08:00</updated><title type='text'>Tres poemas - David Jiménez Huarhua</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.worth1000.com/web/media/120318/venus.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.worth1000.com/web/media/120318/venus.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;VENUS TENTADA &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Está frente al espejo examinando el reflejo de sus cabellos, los dedos inútiles tocan deliciosamente la cabellera excitada. Un pedazo de sol brilla en su habitación y acaricia con delirio su piel de hechizos. El reflejo tímido de su rostro influye en el deseo que recorre su vientre: cortarse los cabellos con la ayuda de sus dientes oscuros. Enciende la radio, la vieja melodía de una canción se desnuda en sus oídos, asoma su tristeza animal. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Va en busca del tiempo &lt;st1:citation st="on"&gt;(sortilegio y suicidio)&lt;/st1:citation&gt; Evoca su imagen de niña, una niña desnuda corriendo tras la sonrisa de un ángel, un ángel que le desolla el vientre y se lo llena de gritos y muertas caricias. Palidecen los hombros de la doncella. Bruscamente recuerda a Eva, primera mujer, venus tentada, la condenada a ser solo una costilla, la elegida para ser ultrajada por la serpiente.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;CRUCIFIXIÓN SERPIENTE &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Observamos el loto desde el abismo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nuestras manos se acercan a la nube fugitiva&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y se alejan del dios prisionero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Infame sollozo del cráneo crucificado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;rumor del astro en la incandescente pureza&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;la tormenta de labios decapitados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;desaparece el vuelo del pájaro cegado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;para que la sierpe no se alimente de sus heridas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;eternidad negra en la asfixia negra&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;la sierpe se arrastra por el desierto de espejos&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;LA ÚLTIMA MUJER &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Una mujer roba lágrimas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Para calmar el incendio de sus delirios&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Protege su herida&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y da comienzo a un sutil destino&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Busca fuego más hambriento&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Busca el cerebro de la soledad&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desnuda ante el amanecer de las rosas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Al joven dios nunca olvidará&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-8454190661951065749?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8454190661951065749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8454190661951065749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/tres-poemas-david-jimnez-huarhua.html' title='Tres poemas - David Jiménez Huarhua'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-3885924679469261993</id><published>2007-02-19T19:22:00.000-08:00</published><updated>2007-02-19T19:36:10.314-08:00</updated><title type='text'>Personajes de San Francisco 2</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Fotografías de José Antonio Gallos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;o&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt; El abrazo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprBdy13zI/AAAAAAAAAL0/bFUgI67UUA8/s1600-h/Galloso+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprBdy13zI/AAAAAAAAAL0/bFUgI67UUA8/s320/Galloso+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033453206461865778" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El castigador&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprHNy130I/AAAAAAAAAL8/34pyC5ZfeSE/s1600-h/Galloso+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprHNy130I/AAAAAAAAAL8/34pyC5ZfeSE/s320/Galloso+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033453305246113602" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Homeles&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprMdy131I/AAAAAAAAAME/UHB3b1ZED6s/s1600-h/Galloso+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprMdy131I/AAAAAAAAAME/UHB3b1ZED6s/s320/Galloso+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033453395440426834" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Pareja&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprT9y132I/AAAAAAAAAMM/aIUb_J3LQ4A/s1600-h/Galloso+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprT9y132I/AAAAAAAAAMM/aIUb_J3LQ4A/s320/Galloso+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033453524289445730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Vendedor&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprZdy133I/AAAAAAAAAMU/1g1iGhULN4U/s1600-h/Galloso+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprZdy133I/AAAAAAAAAMU/1g1iGhULN4U/s320/Galloso+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033453618778726258" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-3885924679469261993?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/3885924679469261993'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/3885924679469261993'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/personajes-de-san-francisco-2.html' title='Personajes de San Francisco 2'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdprBdy13zI/AAAAAAAAAL0/bFUgI67UUA8/s72-c/Galloso+1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-8951885079733292919</id><published>2007-02-16T08:29:00.000-08:00</published><updated>2007-02-16T08:32:03.311-08:00</updated><title type='text'>El deseo infame - Jorge Luis Huamán Sánchez</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www-flash.stanford.edu/%7Edant/images/dali.cannibal.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www-flash.stanford.edu/%7Edant/images/dali.cannibal.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;De aquellos días recuerdo poco. Apenas unas cuantas escenas despachadas aleatoriamente bajo la intemperie del olvido. &lt;/span&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mis recuerdos se confunden con las lecturas de ficción que mi padrastro me hacía leer desde muy pequeño, y bajo parámetros estúpidos, muchas veces me he creído y he asumido actos y desgracias de cada personaje que encontraba en mis autores favoritos. Por eso mis ojos aprendieron a confundir las partículas de polvo de mi memoria con los ruidos virulentos de las historias de muerte y terror. Después de estos minúsculos episodios, siempre me vence el olvido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Dentro de todos esos escombros se encuentra mi tránsito frenético por una especie de locura temporal infantil. Seriamente, hoy, viejo y con un par de hijos, yo no sé si realmente haya tenido la osadía de haber cometido actos vehementes y desacatos desenfrenados que llevaron a mis padres a tomar la decisión, en aquella época, de deshacerse de mí. Nunca me lo explicaron. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mi locura no duró más que unas cuantas horas. Por eso la recuerdo a medias, por ser sencilla y algo contraria a lo que antes y después de esas horas salvajes, siempre he sido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No recuerdo el tiempo, menos el lugar exacto. Haciendo un esfuerzo, considero que podría tratarse del patio de la casa de mis abuelos. No estoy seguro. Y no podría ser el departamento rústico, donde vivíamos, porque en ese lugar cabíamos con las justas, mi madre, mi padrastro, mis tres hermanastros y yo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No entiendo. Cada vez que intento escribir acerca de aquel suceso, tengo la sensación un tanto cruzada: el recuerdo me salta limpio —a veces exageradamente— hasta que hurgo alguna parte de él. Pareciera que está protegido por una serie de claves en innumerables combinaciones que no descifro. La memoria me da unas pistas y luego me entierra todo, todo. No me permite contarle a mi propio presente la verdad de un día del que no tengo la menor idea si sucedió o me lo inventé. Quizás, sólo fue parte de un hecho escrito en las fábulas sangrientas de Dylan Thomas, qué sé yo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ahora sólo puedo recordar algunas gotas de sangre en mi pantalón. Un momento… se me vuelve a confundir el recuerdo. Procuraré escribir esta malsana reminiscencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Parece que caminé un poco. Salté, sí salté. Había sangre en mis pantalones. No, no, la sangre todavía no estaba, primero corría, salté y caí sobre un bulto. El bulto aulló muy fuerte. A pesar que es una pueril evocación, sería capaz de volverme sordo en estos momentos con ese retumbo agudo emitido por quizá un objeto. Yo sonreía. ¡No! ¡Por Dios! tengo bajo mi cuerpo a Julián, mi perro. Se ve alegre, así me parece, me mira con su ternura, parece que me habla. No puedo recordar más. Mis padres me llevan. Estoy frente a unos sujetos. Ya puedo saber cuántos años tengo. Bordeo los seis. Mi padrastro me odia con su mirada. Siempre me ha odiado, pero esta vez me odia completamente. Mi madre llora y también me odia. Hay un espejo. No, otra vez, mi memoria se ha confundido. Hay otra cosa. Ya entiendo. En un espejo enorme, empotrado desde el piso, puedo ver mi boca teñida de rojo escarlata. No, no, es más oscura. Me doy miedo frente a mi débil imagen. Ahora comprendo. Me comí el corazón de Julián. No recuerdo más. Me siento mal. Alguien está fuera de mi habitación. Me ha interrumpido en mi vivencia secreta. Es mi hijo. Continuaré desenterrando. Puedo percibir los aullidos que Julián pegó esa mañana. Sus gritos caninos me atormentan, no me dejan seguir escribiendo, me detienen. Lo descuarticé. No puede ser cierto, yo no pude haber cometido semejante barbaridad. Por qué, por qué tengo este recuerdo, por qué no me acuerdo de algo bello o por lo menos de algo tranquilo. He provocado esto. Puedo sentir un líquido caliente que navega por mis manos. Pero me veo sosegado. Con serenidad tomé los restos de Julián, que fueron despedazados, no por mí, sino por el cuchillo de mamá. Insiste, mi hijo está llamado detrás de esa puerta que ahora observo mientras escribo. No entiendo por qué ahora mismo tengo la idéntica sensación de aquel día. Tengo sed. Llaman a la puerta y estoy confundiendo los llamados con ladridos. Tengo más sed. No podré continuar escribiendo esto. Mi sed es más grande. Mi hijo empieza a aullar como Julián. Nada me detendrá esta vez…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-8951885079733292919?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8951885079733292919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8951885079733292919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/el-deseo-infame-jorge-luis-huamn-snchez.html' title='El deseo infame - Jorge Luis Huamán Sánchez'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-2597032905188597359</id><published>2007-02-16T08:14:00.000-08:00</published><updated>2007-02-16T08:22:29.211-08:00</updated><title type='text'>En tierras lejanas - Lino Sangalli</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.laguerradelpacifico.cl/reliquias/moneda4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.laguerradelpacifico.cl/reliquias/moneda4.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Mañana bailaremos sobre sus entrañas desparramadas por nuestro suelo, beberemos el vino de la victoria en sus cráneos y tensaremos nuestros arcos con sus tendones. El Sol calcinará sus huesos y toda huella del invasor desaparecerá de la tierra de nuestros ancestros.&lt;/span&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;Mil hogueras brillan en el horizonte, en ellas se calientan los usurpadores confiados en la victoria que no conocerán. A mi espalda el peñón se yergue orgulloso e invicto. Y seguirá así hasta que el tiempo se detenga. El guerrero rodeado por sus lugartenientes se encontraba de pie sobre la muralla oteando la llanura iluminada por la luna, en la que al día siguiente sería la batalla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;Llegaron un día a aquellas costas en enormes y extrañas embarcaciones, cubiertos con metal y trayendo sus animales. Parecían decididos a quedarse y no recibieron a los mensajeros de buena voluntad enviados hasta sus carpas. No les interesó conocer a los amos de esas tierras y a los pocos días de su arribo empezaron a avanzar internándose hacia las alturas, arrasando todo lo que encontraron a su paso. Montados sobre negros corceles cabalgaron por las praderas matando e incendiando. Prosperaron como la peste, lanzándose en las cinco direcciones. Las mujeres y los niños fueron esclavizados y los viejos muertos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;Y los dioses pisoteados. Los extraños estaban hambrientos. ¡El conflicto estalló! Los señores de la guerra se reunieron en el templo y realizaron sacrificios jurando venganza y destrucción para los paganos. Recuerdo los tiempos felices en que mi señorío floreció en armonía con los elementos. ¿Y mi estirpe desaparecerá? No, ellos serán condenados. Las flechas volaron oscureciendo el sol, matando e hiriendo a muchos en los dos sectores del campo. Luego soltaron a los caballeros en estampida, seguidos por los infantes que rugían fieramente mientras corrían hacia los invasores, dispuestos a destrozarlos o a ser destrozados. El choque de ambos ejércitos fue terrible. La sangre manaba de las heridas y los lamentos de los hombres casi apagaban el rugir de los aceros al morderse. Los miembros cercenados volaban por todas partes, los combatientes resbalaban en charcos llenos de sangre coagulada y tropezaban con los anónimos despojos. Los animales guerreaban con el mismo fragor que los hombres y se destrozaban a dentelladas. Muyshit en su enorme y pesado caballo se lanzó contra una muralla de lanzas y escudos tirando golpes hacia todas direcciones, rompiendo cráneos y costillas con su enorme espada. Bramante pisoteaba y mordía a los enemigos de su chalán, que caían bajo la fuerza de su brazo. Cuando la brecha que ambos dejaban en las filas adversarias fue cubierta por los guerreros solares, la batalla fue inclinándose hacia el bando tocado por la mano de Dios. La matanza era descomunal y no me gustaba estar ahí. Desperté con el toque de diana. Era de madrugada y me vestí a toda prisa. Mis borceguíes relucientes reflejaron el sol que empezaba a mostrarse en lo alto de las montañas y cuando el teniente pasó revista pude notar una mueca de aprobación en su rostro reflejado en ellos. Las banderas de nuestro regimiento ondeaban orgullosas en la cima del peñón que resguardábamos y jamás permitiríamos que fuera ocupado por aquellos perversos que nos acosaban por todos lados. Al frente en el mar, lo que quedaba de nuestras fuerzas trataba de darnos el máximo de cobertura, que no era suficiente, sobretodo comparada con la abrumadora potencia del enemigo artero. ¡Carajo! Qué bonito se veía el bicolor ondeando hinchado en lo alto, me llené de orgullo al verlo ahí bajo ese cielo limpio, ¡César los que vamos a morir te saludamos! Espero que ninguno de los hijos de puta allá abajo se llame así y qué bien que se le ve al viejo vestido con sus galones de coronel que debería ser mariscal a estas alturas. Los mineros de mierda, boliches tenían que ser, ¿no podían haberlos sacado a los rotos carajo? hijito no hay necesidad de enrolarse, la guerra es en el sur lejano y tú tienes aquí un futuro promisorio. Sí, así como este sol que es calcinante además y me hierve los sesos, pobre viejita si vieras cuántos son estos rotos malditos. Si pareciera que copularan toda la noche entre ellos y al día siguiente son muchos más que la víspera, son incontables, pero no pasarán. Nos hemos jurado resistir hasta quemar el último cartucho, que restan pocos, y así será. Toque de zafarrancho suena en lo alto y el pabellón del Comandante anuncia el asalto y ordena fuego a discreción. Todo comienza a explotar alrededor. Caos total. Un numeroso grupo de soldados con uniformes distintos al mío se acerca a la carrera disparando. En sus caras puedo notar la crispación y también el miedo. El teniente grita: ¡apunten bien hijitos!, Aguarden hasta poderles contar los pelos de sus bigotes. Aguanten, aguanten, ¡FUEGO, FUEGO, FUEGO! Sentí que me quemaba el lado izquierdo de la cabeza, como si me hubiera pegado a la olla hirviendo en la cocina de mi casa, sí abuela, me quema, y ella; quédate quieto bebe que con la manteca te aliviarás. Un jinete con uniforme de oficial pasa al galope envuelto en una bandera atravesada por muchos proyectiles. Se ven varios incendios en la ciudad allá abajo y de los grandes navíos se desprenden botes repletos de uniformes extraños con dirección a la playa. Siento que me revuelven los bolsillos. Mis plumas de dibujo y una foto de casa están allí junto con algunos cartuchos que no explotaron. Abro los ojos y veo el corvo que se lanza hacia mi cogote. Siento humedecerse el cuello de mi guerrera y alcanzo a escuchar una fuerte explosión. ¿O fue dentro de mi cabeza? ¡Qué dolor carajo! No sabía que la muerte doliera tanto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-2597032905188597359?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/2597032905188597359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/2597032905188597359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/en-tierras-lejanas-lino-sangalli.html' title='En tierras lejanas - Lino Sangalli'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-6358813876287562368</id><published>2007-02-16T08:09:00.000-08:00</published><updated>2007-02-16T08:36:12.694-08:00</updated><title type='text'>El encuentro - Mariano Carranza Lucero</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://static.flickr.com/77/176760043_94984fe423.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://static.flickr.com/77/176760043_94984fe423.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Bajé del taxi y sentí en mi rostro las finísimas gotitas frías de la inclemente garúa limeña, y enseguida me apresuré hacia la pollería donde otras veces había estado. Al franquear la puerta del establecimiento pensé: “Esto me vendrá bien”, y era todo lo que tenía en mente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el camino dejé a Hilda, una amiga que esa noche me acompañaba y con quien no tengo ninguna relación sentimental, aunque Mona piensa lo contrario. Debí traerla, pero la hora no me pareció propicia; y evité quizá, que con su presencia torciera los sucesos en los que hoy me encuentro inmerso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mi lugar me permitía divisar la calle atestada de gente a la medianoche: taxistas, vendedores ambulantes que desafiaban la llovizna, mujeres que delataban su condición de prostitutas; más allá, travestís en espera de clientes, carretillas vendiendo hamburguesas y pan con pollo, con cuatro o cinco hambrientos, gente de toda clase, y también, muchachos con actitudes agresivas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mientras, yo me hallaba seguro dentro del establecimiento.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero lo que pasó rompió mis presunciones sobre lo que tenía que pasar, luego que terminara de engullir los alimentos: pagar, tomar un auto que me lleve a mi domicilio, meterme en la cama y dormir hasta tarde. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Dude de que se tratara de él. Y él no me miró a mí sino mi plato, y sólo después se fijó en mí.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Su rostro adquirió una expresión que denotó estar a punto de colapsar. En su laberinto, se deben de haber producido una serie de conexiones para finalmente desembocar en mí. Luego de unos instantes de confusión de ambos, asomó esa sonrisa embobada: casi estúpida, que nos envolvió y nos transportó a una época donde yo era una especie de subordinado con relación a él, y él no era lo que hoy era. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Todo dio un vuelco.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya no podía seguir adelante con lo mío, pero tampoco podía dejarlo marcharse así nomás. Y cuando hizo un amague de largarse, mi reacción fue tocar el vidrio de la ventana, y llamarlo invitándolo a pasar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me hizo un gesto ambiguo de que tenía que irse, pero insistí, y cuando vi que se daba la vuelta para venir, me apresuré a decirle al mozo que lo dejase entrar: que era un amigo. A regañadientes aceptó cuando lo vio aparecer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;– ¿Qué ha sido de tu vida? –inquirí sin salir de mi asombro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Bien –me dijo–. Ya ves –y se señaló a sí mismo irónico. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me apresuré a ofrecerle un menú como el mío llamando al mozo. Vi vergüenza en ese rostro extraviado, pero lo tranquilice diciéndole que era mi amigo de toda la vida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entablar una conversación con él fue complicado al principio. No lograba articular una idea sin que se le cruzara otra, mientras trataba de explicarme algo, o hacer memoria de aquellos años de juventud. El nerviosismo jugaba también en su contra. Era conciente de que la gente del local lo observaba, y de que yo hacía esfuerzos por comportarme relajadamente, cuando estaba tan tenso como él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Con esfuerzo fuimos reconstruyendo esa adolescencia compartida, y recordando a muchos de los que compartieron con nosotros esa etapa de nuestras vidas. Me marché del barrio, y aunque al principio me dejaba caer por ahí, poco a poco me fui distanciando hasta que los perdí de vista. Incluso de Dany que fue mi mejor amigo, y el líder juvenil de esos tiempos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y estaba muy presente en mi memoria, la discusión que hubo en casa cuando encontraron en mi habitación un cigarrillo de marihuana y se armó un lío, y mis padres –ese día fuera de sí– tomaron la decisión de mudarse con sus hijos. Yo no quería irme de un lugar al que había llegado a amoldarme perfectamente, pero el argumento de mi madre fue contundente: “Vas a terminar siendo un drogadicto si sigues con estas juntas”, y en los días siguientes se abocó con una energía increíble, a buscar una casa de alquiler lejos de allí hasta que dio con una, y toda la familia a causa de un cigarro de marihuana, se tuvo que marchar de ahí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Si no me hubiera mudado, estoy seguro que yo no habría ido tan lejos como Dany. De los amigos del barrio que continuaron ahí, y que quizá continúan hasta hoy, ninguno se volvió un drogadicto como temía mi madre. Entonces, era un problema solamente de Dany. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Con el correr del tiempo su confianza se fue asentando, y me dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–La droga me tiene jodido. –Y esa risa estúpida que le vi en la ventana asomó a su rostro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;– ¿Y has intentado dejarla? –pregunté interesado y frontal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Puta… que te digo. A veces. –Y vi en su mirada escepticismo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Tú mismo lo has dicho. Te jode la vida, –y lo miré, pero bajó la cabeza y empezó a devorar sus alimentos. Tomó un trago de su bebida, y a continuación me dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Te destruye, pero supongo que uno elige su perdición y su forma de morir. Esto lo elegí. Tú tienes más suerte y elegiste otra cosa. Además, pese a la pesadilla que esto supone, te da una perspectiva sobre la vida que de otro modo no hubiera conocido. Claro que eso cuesta y uno tiene que pagarlo, aún a costa del dolor de la familia, y la perdida de los amigos que se hacen los que no te ven. En cambio tú me llamaste. Me invitas a sentarme contigo. Tú amistad no la hubiese experimentado de otra manera. –Y sus palabras me desconcertaron pensando que quizá, le era mejor fingir demencia para justificar ese estado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Se calló y dirigió su atención hacia su plato. Hice lo mismo con lo que aún me quedaba pero ya no tenía apetito. Cualquier indicio del alcohol que había ingerido desapareció. Miré a mi harapiento amigo, y vi que sólo había tocado una parte de sus alimentos. Apartó el plato. No era mucho lo que probó, y dijo: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Está bueno, ¿puedo hacer que lo envuelvan para llevármelo?, ¿no es cierto?  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando trajeron su comida envuelta salimos de ahí, y pensé que venía la despedida. Me era difícil decirle: “espero volver a verte”, cuando era todo lo contrario lo que sentía. Aún no habíamos llegado a la esquina, cuando escuchamos: “¡Dany!”. Ambos volteamos hacia la dirección de donde venía la voz que llamaba con insistencia: “¡Dany, Dany!” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Era una muchacha que bien alimentada y arreglada debía ser atractiva. Nos detuvimos a esperarla, y cuando nos alcanzó, pareció recién notar mi presencia y preguntarse: “¿Quién es este extraño?” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Mi amigo Ariel. De mi antiguo barrio, –le informó Dany, y la chica dijo: “Hola”, cáustica. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Dimos unos cuantos pasos, y la muchacha dirigió su mirada hacia la bolsa que contenía la comida, y Dany dándose cuenta, le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Mona, llevo algo para comer en casa, –pero la chica no hizo ningún gesto.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El hecho que Mona, y Dany sean pareja me llenó de intriga, pues formaban una pareja peculiar unida sin lugar a dudas por las drogas. La muchacha –muy joven– se le notaba desgastada por una vida de excesos, pero su apariencia no era la de una abandonada. Quizá se tratara de una cuestión de tiempo, pensé. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La presencia de ella hizo que no tomara un taxi y me marchara. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Avanzamos una cuadra más, y Dany de golpe locuaz empezó a rememorar situaciones del pasado, mientras Mona seria y taciturna iba a su lado. Intenté intercambiar unas palabras con ella, pero no me contestó, lo que molestó a mi amigo que la recriminó, y generó un instante de tensión que incomodó a los tres. Pero luego de unos pasos la muchacha se dirigió a mí:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;– ¿Eres muy amigo de Dany?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Del barrio. Desde que éramos chicos. Me mudé y dejamos de vernos. Hasta hoy. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;– ¿Te parecerá extraño verlo así ahora? –dijo, y me extrañó que hablara como si Dany no estuviera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Bueno. No sabía nada de él, –respondí cohibido.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Dany ahora iba en silencio dejando al parecer que nos conociéramos.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ella continuó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Es un buen hombre, pero sus amigos le han dado la espalda. Él me ha dicho que muchos se hacen los que no lo conocen cuando se lo cruzan. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Así es la gente, –le contesté, sintiendo que bajo otras circunstancias podía encajar dentro del perfil de esa gente a la que se refería. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me hallaba incómodo, cuando Dany saliendo de su mutismo vino en mi ayuda:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–No digas eso amor. Mira lo que nos invita mi amigo, –y volvió a mostrarle la bolsa que llevaba en la mano. Mona lo ignoró, y dirigiéndose a mí:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Si eres tan amigo –se detuvo un momento para recordar–: ¿Ariel?, –e hizo un mohín gracioso, y continuó–: porque no le dices que pare la mano. Se mete unas perdidas que ni te cuento. Un día va a aparecer muerto. A mí no me hace caso. Quizá a ti te escuche si son tan amigos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No supe qué contestarle.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;– ¿Y tú? ¿Qué me dices? ¿También estás en eso? –pregunté en cambio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–No lo niego. Así conocí a Dany, pero no llego a los extremos de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Pero a la larga te jode.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Quizás, pero yo sé lo que me meto. Él no. Le entra a todo. A veces no puede hablar en días. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Avanzamos un poco más y pensé que no teníamos nada más que decirnos, y aguardaba el momento oportuno para decir: “me marcho”, cuando Dany propuso:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;– ¿Vamos un momento a casa? Vivo cerca. ¿No sé si te incomodará la pobreza? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mona pareció dudar, pero luego de unos instantes me hizo señas para que aceptara cuando Dany miraba hacia otro lado. Después discerní que ella aceptó que vea la miseria en la que vivía, con tal de apartarlo aunque sea unos momentos de las drogas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nos introdujimos en una habitación maloliente y ruinosa.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me ofrecí a comprar la cerveza, cuando vi que Dany se aprestaba a servir un trago inclasificable que, después sabría, era ron con Coca – Cola quien sabe de cuantos días. Tuve que persuadirlo de que no quería cambiar de trago, y quería seguir con cerveza como había estado bebiendo en la reunión antes de detenerme a comer algo, pero la verdad no quería beber más. La hora era inconveniente para adquirir la bebida. Ambos: Mona y Dany, se pusieron a deliberar en dónde podía conseguir la cerveza. Dany molestó a un vecino para que nos preste las botellas y éste refunfuñando se las dio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lo normal era que Dany y yo fuésemos a comprar, pero él no hizo ningún amague de acompañarme, por lo que salí con Mona a la calle. Pasaron algunos tipejos que al verla la saludaron. Pasó un taxi y lo paré, y guiados por Mona, fuimos a dar a un lúgubre callejón donde nos atendieron de mala gana. La mujer al verme dijo que no vendía licor, pero Mona fue persistente y al final aceptó, advirtiéndonos que eran las últimas y que no se nos vaya a ocurrir volver. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Le había dicho al taxista que nos espere y nos traiga de vuelta, pero el hombre que se negó en un principio, pues no quería arriesgarse a que le roben o le robemos, en el camino tomó confianza y terminó esperándonos, y trayéndonos de regreso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando regresamos Dany había hecho algunos mínimos arreglos, disponiendo todo para que nos sentáramos en unas viejas sillas alrededor de una mesa enclenque. Había tendido la cama que cuando llegamos estaba revuelta. Estaba eufórico, e iba de un lado a otro, y hasta se disculpó por no haberme acompañado, aduciendo que le debía a uno de los expendedores de licor, pero Mona le dijo que no habíamos ido ahí, sino donde Las Luciérnagas, que era como conocían al lugar. Dany se alarmó, y no por la seguridad de Mona, sino por la mía. Nos sentamos y brindamos por el reencuentro luego de muchos años. Mona también lo hizo pero por razones distintas a las nuestras, y luego de probar un sorbo, se abocó a querer invitarnos de la comida que Dany trajo. Yo rehusé, pero Dany probó algo, mientras iba tomando. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me incomodó el olor a meado y humedad de emanaba del cuartucho; pero luego de algunos tragos dejé de percibirlo. Mona terminó de comer, y se aunó a nuestra conversación y los residuos de desconfianza que me había mostrado hasta entonces, incluso cuando fuimos a comprar, se diluyeron. Festejaba las ocurrencias de Dany de buena gana, y se mataba de risa cuando éste trataba explicar algo y de pronto perdía la ilación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al fin había logrado sentirme cómodo con ellos, cuando oímos pasos, y alguien tocó la puerta. Dany miró a su chica con angustia, y se diría que le era imposible levantarse. Fue Mona quien lo hizo de una manera impetuosa. Yo me quedé estático y a la expectativa, como si algo malo nos fuese a suceder, pero la voz de la muchacha me convenció que no era un peligro real el que nos amenazaba con ese llamado que parecía de ultratumba; sino que tenía que ver única y exclusivamente con Dany, y quien sabe también con ella, que era una drogadicta aún itinerante, y no como Dany: a tiempo completo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Fue áspera con el autor de la llamada, pero luego se hizo a un lado y dejó pasar a una figura tan espectral como la de Dany. El hombre me miró extrañado, y luego que se saludó con Dany, éste me presentó. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El hombre me estiró la mano, y fue a sentarse en la cama que estaba a nuestras espaldas. Yo tenía la botella, así que creí conveniente pasársela para que se tome un trago, pero al recibir la botella dijo que estaba muy helada, y Mona le ofreció el ron con Coca – Cola. El hombre se alegró y agarró la botella de gaseosa donde estaba el contenido de la mezcla. Se sirvió en un vaso de plástico que le alcanzó Mona –que dudo que estuviese limpio–, y empezó a degustar su bebida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mientras bebía con mi amigo, y con Mona que se notaba intranquila, supe que algo extraño pasaba, pero no lograba discernir el motivo. El sujeto había dejado de parecerme amenazante, aunque por satisfacer su adicción debía ser capaz de cualquier cosa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No dejaba de observarme y empecé a preocuparme, cuando Dany le dijo severamente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Carajo, es mi amigo. Cómo mi hermano, y lo que le pase a él es cómo si me pasara a mí. Estamos Cucho. –Y el tal Cucho asintió en el acto, y me percaté enseguida de lo que estaba haciendo: sopesar cuánto podía llevar encima. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pasó el tiempo, se terminó la última cerveza y supe que tenía que marcharme.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los gestos del tal Cucho eran para avisarle a Dany que me picase con algo para ir a conseguir droga, como luego comprobé. Me sentí terrible entre si ofrecerle algo de dinero, sabiendo en qué lo utilizaría, o irme. Lo penoso era que estaba seguro que me lo pediría, y no tendría valor para negárselo. Pero cuando me paré y saqué un billete, resignado a mi suerte, diciendo: “para los cigarrillos”, Dany se sonrojó, y en un arrojo de dignidad, rechazó de plano el ofrecimiento. No saben cómo se lo agradecí. Por el contrario, el tal Cucho no hizo sino mostrar su disgusto y lo hizo saber en voz alta: “Puta causa, eres un huevón”, a lo que Mona le increpó colérica: “Y tú un pastrulo de mierda”, pero él la ignoró levantándose para irse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La idea de salir con aquel sujeto me desanimó. Prolongue la despedida dándole tiempo al tal Cucho de alejarse del lugar. Estaba amaneciendo, y pensé que lo mejor era esperar hasta que esté bien claro para marcharme. Cuando Dany bostezando le dijo a Mona:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Acompáñalo a tomar su carro, –y dirigiéndose a mí–. ¿Tomas un taxi, no?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Sí –le respondí débilmente contra mi voluntad; pues hubiese querido decirle que no se molestara, que podía irme sólo, o en todo caso que fuese él quien me acompañara, pero Mona no me dio tiempo a decidirme por una u otra cosa. Dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Vamos. –Y salí tras ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me sentí ridículo secundando a ese cuerpo que, a la luz de la amanecida, insinuaba algo del esplendor de su juventud, y que recién notaba; pues todo este tiempo sólo me había llamado la atención su agraciado rostro, y su ronca voz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cruzamos la calle para detener un taxi, y yo me mantenía alerta por si aparecía el tal Cucho, o cualquier otro malandrín y nos hacía pasar un mal rato, cuando ella, le hizo señas a un taxista que aminoraba la marcha para que se vaya. “Va a pedirme dinero”, pensé. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me preguntó si verdaderamente estimaba a Dany. Le dije que sí, pero con tan poca convicción, que decepcionada, me dijo que era posible que no me volviese a ver, pues nunca más regresaría a donde ellos. No me quedó más remedio que asegurarle que eso no iba a suceder, sintiéndome un farsante. Su mirada era de condescendencia. Era como decirme que bueno, que al menos habíamos pasado un buen momento; pero luego, como si la mañana que nos caía encima la liberara de todo recato, me soltó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Si quieres lo hacemos. Podemos ir a cualquier lado. Voy a decirle que me voy a mi casa y regreso. No vivo con él. De qué viviríamos. Vivo con mis padres. No creas que Dany no lo sabe. Pero a ti te aprecia. Le dolería si se entera. No se atrevió a picarte con un sencillo. Nadie se le escapa, y sin embargo contigo… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y aún hoy sé que amar a Mona es un acto inextricable. Dany murió hace dos años, y estuve en su velorio. Unos cuantos parientes que sentían alivio por haberse librado de un indeseable y lo disimulaban mal, una madre que no se consolaba de la muerte de su hijo, y que repetía que era un buen chico. Yo también lo creo. Lo cree Mona, pero estoy seguro que el resto de personas que asistieron no. Muchas tenían alguna queja contra él: un artefacto robado, un préstamo no devuelto, un hurto mientras le daban la espalda, y no sé cuántas quejas más. De los últimos amigos de sus andanzas, aparecieron unos cuántos, y para ver si pasaban alguna bebida fuerte, como no fue así, se marcharon enseguida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mona se mantuvo a mi lado y sufrió sin revelarlo. La señora Norma, la madre de Dany, extrañada de mi presencia de la que no había vuelto a saber desde que me fui del barrio, me agradeció que estuviera ahí. Me encontré con algunas personas que no veía hace años. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Después de esa mañana volví por ella.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desembolsé dinero para que Mona no se entregara a nadie para financiar su adicción, o la de Dany. Por él dejé de sentir afecto. La lástima me ganó y una amistad basada en lástima no tiene sentido. Sé que Mona no siente por mí lo que sintió por Dany, pero también sé que lo que sintió por él no fue amor verdadero. Entre ellos había dejado de existir toda relación carnal. Él dejó de tener interés por cualquier mujer, incluida su madre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Su único gesto de respeto hacia mí fue no haber aceptado esa noche mi dinero. No sé si su aprecio fue genuino, pero no me importa. La versión de ella es que me respetaba. Pero apenas volvió a verla le pidió dinero para perderse. Una noche sin drogarse había sido más que suficiente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;font-family:arial;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ella nunca le dijo que me siguió frecuentando, y él jamás preguntó por la procedencia del dinero que ella le traía, ni por las mínimas cosas que le compraba para su subsistencia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Y sin embargo a mí, miles de veces me echó de su lado por tratar de impedir que siguiera viéndolo. Cuando esta lúcida es una persona fuera de serie, pero cuando se abandona a su desgracia es difícil de lidiar. Sus conocidos me conocen y he tenido uno que otro altercado con alguno, pero leves, y han aprendido a soportarme. La práctica me ha convertido en un experto en manejarlos. Ahora no se meten conmigo ni con ella, que ya no necesita su cuerpo para conseguir unos gramos de muerte. Saben que cada vez que la encuentro con ellos la levanto en peso para llevármela a casa, pues se mudó conmigo luego de unos meses de conocerme. Ya no está Dany. Está conmigo, y siento que algo del dolor que ella sintió por él, se ha trasferido a mí para ahora sentirlo por ella.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-6358813876287562368?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6358813876287562368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6358813876287562368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/la-noche-elige-sus-encuentros-mariano.html' title='El encuentro - Mariano Carranza Lucero'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-7955127038187288350</id><published>2007-02-16T08:02:00.000-08:00</published><updated>2007-02-16T08:07:38.709-08:00</updated><title type='text'>Poemas - Salomón Valderrama Cruz</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Caníbal &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Y velocidad no ver &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sentir inicios…&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;El jardín de no despertar, materia inerte &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Te estrellas de atacar sobre cualquier ciudad &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;No reluciente de escapar a otra vida &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;La arena de aquel que no esperó el mar &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;En el final de mi brutalidad no espero &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Soy en la no oscuridad la libertad brutal &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Caigo… caigo… en la soledad de amar el No &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Pedir una cosa sangrante… más que el hielo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Virus ligado del sonar para mirar atrás &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Me mirarán zorzal blanco de la noche fría &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Ya no despierto. Todo es la última señal &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;De cualquier forma detener el río de los pies &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Y veo si no quiero ver la muerte del fuego &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Dónde está el final… soñar otra vez besar &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Torre de la voz…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Sólo el silencio te aguarda &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Contra el tiempo&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;Torre de la voz… una olvidada sueñas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Arte en realidad, que no moría &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Del dormir, anestesia, ya no un día &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Punto, en que no morir… al abismo sueñas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Realeza invertida de los cielos… Hades &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Pregunta amores, mudos, de la guitarra &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Zeus, jinetes de las, luz de la, chatarra &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;María sin Fe, infecto de los Andes &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Des ne éxtasis eternidades miras &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Descubrir presionante aguas del secreto &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Profusión de aquella noche, en cuerpo, iras &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Abstracto del cantar, como la luz… rocar &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Juega en la luz hasta no morir concreto &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Arte del Final, no volverte a no tocar &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Rímac &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Oscuridad de no decir por aquí… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por aquí se ha perdido.&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;Negro de ir… escapar al sueño vivo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Cual color no elegido por figura &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Atravesar la última nota oscura &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Cual Poesía: Carta de la Nada &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Comenzar una eternidad que termina &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Principiante del deísmo carcomido &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Bosque de la nueva virtud que olvida &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Encerrar deidad que humilla el brinco &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Lo que no me roba… integrarlo todo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Mar, sangre, ilimitud… ver así no mío &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Revivir decreto de lo no prohibido &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Desposar como la insana voz del lunes &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Resucitar herido… hombre tardío &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Por la paz, inercia en sueños robóticos &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Quipu &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Toda la escritura nos supera &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Porque somos más que ella… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Un Claro de luna…&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;Para no sonar tan nudo del desaparecer &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Perder, quemar… dormir, la escritura de la luz &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Capilla del mirar alado, hasta la no luz &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Reparta en la mitad que se toca por nacer &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Lira, de una vez, elígeme en mal sonido &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Soñar… entonación de los caminos que no ves &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Semiótica del qué no ser para ser otra vez &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Morir despierto así… bajo la luz de un ruido &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;De la mujer en que pirámide discó Virú &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Percápita aislar a todos del Nuevo Mundo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Abel de volar… hasta la estrella de Perú &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Deidad que es círculo de fuego… no futuro &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Partir para no llegar a Deucalión desnudo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;En propio correr de los amantes del futuro &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Gymnopédies&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;no digo nada, no persigo el cielo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;ni la estación, existo hacia lo extenso &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;donde hacia me levó tu veloz vuelo! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;José Pancorvo&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;En nos… terrible, pienso: Volcán de la memoria &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Inmoral… no olvido, no violación, no final &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Llorar… desempolvar: Atormentar de criminal &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Decir No… decir Sí… horrible la cosa palmaria &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;A disparar, oler… la daga que me invita &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Holgura del morir, no a sí, santificado &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Lujuria por no comer… partir justificado &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Prontitud de no ver. Todo… ¡lo que aun no grita! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Núcleo, todo de materia sin superficie &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Preámbulo de velocidad… Rescatar :: Vago &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Revestir para mentir… Temprano… sola especie &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Piojos verdes y sólidos… estás de aguante &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;De no bailar… no libertad total, no estrago &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Destino on refugio, piano del inconstante… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Tiempo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Hacer de Dios... deshacer &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Vuelo, mocedad, frío. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Lagrimar lento río, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Corazón, permanecer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Presente, homo, no nacer... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Santa luz malherida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Poesía, armar vida... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Desnacer, culpar fuente &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;Develada. ¡Oh! Poniente: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;¡Hora de Dios fallida! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;     &lt;p style="font-weight: bold;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Lima, Pachacámac, 2006. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:85%;" &gt;Salomón Valderrama Cruz&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-7955127038187288350?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/7955127038187288350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/7955127038187288350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/poemas-salomn-valderrama-cruz.html' title='Poemas - Salomón Valderrama Cruz'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-4466780094731255192</id><published>2007-02-16T07:56:00.000-08:00</published><updated>2007-02-16T08:00:22.210-08:00</updated><title type='text'>El monstruo - Luis Gallardo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://media.collegepublisher.com/media/paper865/stills/3d759b1510312-67-2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://media.collegepublisher.com/media/paper865/stills/3d759b1510312-67-2.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:100%;" &gt;El monstruo se levantó esa mañana de ningún humor, con un ánimo neutro, como usualmente sucedía. Luego de bañarse, vestirse y poner ropa en su maletín deportivo, desayunó solo, viendo el televisor, mientras sus padres –con quienes vivía desde la separación– dormían en el segundo piso. Antes de salir a la calle se detuvo frente al espejo con el pretexto de arreglarse por última vez el cabello. No era bien parecido, ni alto, ni muy fuerte. Ya había pasado los cuarenta años y su vientre, que nunca había sido plano, ahora era imposible de esconder bajo la camisa. Practicó en el espejo la mirada de amable desdén con la que trataba a todos en la oficina. Podía no ser bien parecido, pero le gustaba su cara cuando tenía esa expresión. Adquiría carácter, personalidad. Así era una cara que inspiraba respeto y que de vez en cuando podía gustar a alguna mujer. Sonrió con sólo las comisuras de los labios, dejando los ojos fijos en donde se encontraba su interlocutor imaginario. Esa constante combinación de cortesía y frialdad no permitía a nadie más que a él saber lo que estaba pensando. Asintió varias veces, con movimientos cortos y secos, sosteniendo la mirada y la sonrisa, exagerando un poco el modo con el que saludaba a sus superiores. Era el punto exacto en que podía ser solícito y al mismo tiempo conservar la dignidad. Fue suficiente, le dio un último ajuste a la corbata, cogió su maletín deportivo y salió de la casa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Su auto también había sido escogido bajo esas condiciones. No era un lujo demasiado caro para alguien con sus ingresos, es decir que no se había endeudado hasta las pestañas para obtenerlo, lo cual podría haber sido motivo de burla, pero tampoco era uno que pudiera ser confundido con el de alguien inferior. Recordó lo que había proyectado para esa noche, después de la reunión con el abogado de su mujer. No había cubierto todos los detalles, pero estaba seguro de que no era prudente averiguar más. Estaba ligeramente sorprendido de no estar intranquilo. Nada podía salir mal, pero no se trataba exactamente de eso, sino de que esa noche iba a hacer algo que en otra época habría considerado un acto vil, repugnante e incluso malvado, algo que sólo un monstruo podría hacer. “Es esta noche,” pensó durante una luz roja, “después de la reunión con el abogado de mi mujer...” Pero recordarlo no parecía hacer gran diferencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Cumplió el trabajo del día con soltura, porque en esos días del mes no había mucho movimiento. Todo transcurrió sin sobresaltos, todos los problemas encontraron su camino, el trabajo fue canalizado adecuadamente. Varias veces al día se repitió a sí mismo esa frase, “es esta noche”; pero nada, no le producía ninguna emoción. Ninguna intranquilidad. Aunque no podía esperar otra cosa, se dijo a sí mismo, porque alguien acostumbrado al trabajo bajo presión, a la eficacia en las peores circunstancias y a la eficiencia en medio del caos, algo como esto no pasa de ser una pequeña escaramuza, una cosita de nada... Sin embargo, aunque no lo admitía, seguía allí, en algún lado de su cabeza, la ligera extrañeza de no estar intranquilo, aguijoneándolo con suavidad, sin hacer que su pulso se acelere, como la señal de que algo iba a suceder. Grande o pequeño, importante o leve... quién podría saberlo. A eso de las seis de la tarde se despidió de sus subalternos y salió a la cita con el abogado de su mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; La cita era para tratar algunos detalles del divorcio. Estaban allí él, su abogado, el abogado de su mujer y la silla previsiblemente vacía que le correspondía a ella. Se discutió aproximadamente durante una hora. Él examinó varios papeles, imperturbable, con su expresión estándar. Cuestionó varias partes que ya antes había admitido como válidas, dándose además el lujo de soltar un par de frases graciosas. Su estrategia era admitir la legitimidad de cualquier reclamo de la otra parte, y empantanar al mismo tiempo el procedimiento para llevarlo a cabo. Todo estaba resultando como quería, las demandas de ella se reducirían a su nivel más bajo en unos seis meses más, cuando mucho, pensó mientras daba un profesional apretón de manos al abogado de su mujer y le dedicaba una de sus sonrisas petrificadas a modo de despedida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Se dirigió al centro de la ciudad, a una cochera que estaba en una de las calles estrechas de la parte antigua. Estaba oscuro, pero no le importó, porque varias veces había dejado su auto allí a modo de práctica. Se estacionó en el lugar más oscuro. Cogió su maletín deportivo, lo abrió y sacó un jean viejo. Miró en todas direcciones para ver si alguien lo estaba observando. Oscuridad total. Hizo retroceder el asiento de su auto, se quitó torpemente el pantalón de vestir y se puso el jean. Luego cambió sus zapatos por unas zapatillas baratas. Luego se quitó el saco, la corbata y la camisa, y los reemplazó por un polo y una casaca jean. Por último, sacó un par de lentes muy gruesos y se los puso. Prendió la luz interior del auto para observarse en el espejo retrovisor. Sí, nadie podría reconocerlo a simple vista. Guardó sus cosas debajo de los asientos, cogió el grueso periódico que estaba allí desde la mañana, apagó la luz y salió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Caminó por las calles con la cabeza gacha hasta llegar a un bar de mala muerte. Había muy poca clientela. Eran apenas las ocho y media y tenía que esperar hasta las once, cuando ya no hubiera tanta gente en la calle. Miró el televisor que colgaba en una esquina, aburrido. Pidió una cerveza. Leyó varias veces el periódico e intentó completar el crucigrama. Poco después de las diez notó que tenía mojadas las axilas; no lo tomó como una señal de nerviosismo, pero quince minutos antes de las once fue imposible negarlo. Pidió una cerveza más y tomó el primer vaso de golpe. Ahora sus manos estaban algo tiesas y frías. Llegó la hora. Se paró sintiendo un leve temblor en las rodillas y en su estómago. Fue al paradero y cogió un bus que lo dejó unas veinte cuadras más lejos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Esta parte del centro era aun más ruinosa que la anterior. Los edificios llevaban años sin pintarse y estaban impregnados de smog y polvo. Había letreros por todas partes, en colores chillones, muchos con luces de neón oscurecidas por telarañas y suciedad. Había gente por todos lados, vendedores ambulantes que recogían su mercadería, peatones que esperaban su transporte, niños sin sus padres, algunos sosteniendo bolsas de plástico en sus bocas. Bajó en una esquina justo en las narices de una pareja de mujeres policía y tres o cuatro prostitutas. Eran pequeñas y gordas, con varios años encima. En cuanto las policías cruzaron la avenida, las mujeres le ofrecieron sexo por el equivalente a un par de cervezas. No las escuchó y siguió caminando. La caminata le permitía no prestar atención al temblor en sus manos. Esquivó un montón de basura y varios huecos en las veredas. Un par de cuadras después la tarifa de las prostitutas se había reducido a la mitad; en la siguiente, a la cuarta parte. Ya casi no había gente, sólo un par de transeúntes que tampoco prestaban atención a las señoras. Entonces vio la señal que estaba buscando: un hostal en una esquina con un letrero de plástico blanco y fluorescentes del mismo color. Tenía una sola H mayúscula, en negro, y al lado de ella se veían las siluetas sucias de las letras faltantes. Se detuvo en la puerta y desde allí miró la calle -muy mal iluminada- que estaba al doblar la esquina. A mitad de la cuadra había un par de bultos parados en el zaguán de una casa. Entonces sí se puso nervioso; empezó a sudar por cada uno de sus poros y no dejó de hacer temblar un solo hueso de su cuerpo; era el momento de la verdad; podía arrepentirse en cualquier instante y retroceder, pero sabía, por como se había comportado en otros momentos difíciles, que una vez dado ese paso no habría vuelta atrás. Avanzó hacia los bultos hasta que cobraron forma humana, y le preguntó a uno de ellos si podía pasar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; El muchacho se sacó la mano de la bragueta y le abrió la puerta. Avanzó por un largo corredor, que tenía un fluorescente verdoso. Al final había una puerta. La tocó. Una mujer mayor le abrió. “¿Viene a tomar un servicio, señor?” Respondió que sí, que cuánto costaba; le dieron el precio; dijo que estaba bien y lo dejaron pasar a una salita. Había tres chiquillos de no más de catorce años sentados en un sillón. La señora los señaló extendiendo la mano. Entonces él se sintió más extraño aún. Ya no temblaba, ya no sudaba. No entendía qué pasaba. Se sentía normal, otra vez en neutro. Le daba igual escoger a uno u otro. Pero de todas maneras señaló al que le parecía el más joven de los tres y se metieron ambos a un cuarto al lado de la sala. Allí vio al chico sacarse la ropa delante de él, automáticamente, como la cosa más común del mundo. Cuando terminó se sentó sobre la cama, y él procedió a hacer lo mismo. “¿Te vas a poner condón, no?”, le dijo el chico. “Sí, claro”, respondió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Veinte minutos después se estaba vistiendo, con el ánimo totalmente apagado. En vez de un jovencito podría haber estado con su mujer, su secretaria, una vieja barata, un puto callejero o su propia mano, y habría dado igual. Al menos te sacaste el clavo, se dijo con indiferencia, ya viste que es la misma vaina. Aunque sea sólo por eso, ya era ganancia. La calma lo hizo perder cautela, salió sin ponerse los lentes ni fijarse si había alguien más en la pequeña sala. Allí se dio de golpe con algo que se había repetido un millón de veces que podía pasar: uno de los empleados de limpieza de la oficina bromeaba con la señora y los chiquillos, regateando el precio. Se abalanzó sobre la puerta y tropezó con el empleado, que se disculpó mirándolo a la cara. El corazón le golpeó el pecho como si quisiera escapar por su propia cuenta. No respondió, caminó rápidamente hacia la puerta y una vez allí, emprendió la carrera. No paró hasta llegar a una avenida. Abordó un taxi. Tenía el rostro deformado. ¿Estaba suficientemente oscuro? ¿Llegó a verlo bien, o sólo fue de reojo? ¿Lo habría reconocido? ¿Hablaría? He tirado todo por el caño, se dijo, estoy muerto, me voy directamente a la basura. No puede ser que haya cometido un error tan estúpido. No puede ser que yo sea tan imbécil. Cómo he podido caer por una tontería como esta, no puede ser cierto. Por favor, díganme que no es cierto; por favor, por lo que más quieran, díganme que no es cierto...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Esa noche apenas durmió algunas horas. Constantemente se sobresaltaba, se despertaba y volvía a repetir en su mente los tres segundos de debilidad que tuvo. Ya no había nada que hacer, se decía, pero eso no evitaba que volviera a pensar en ello. Al día siguiente trataría de ver la forma de que despidan a ese empleado y que nunca vuelva a trabajar en una oficina como la suya. No podría hacerlo personalmente, sería peligroso, tendría que buscar a alguien que... Estuvo así hasta que amaneció y no le quedó más remedio que prepararse para ir a la oficina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Casi como un zombi, luego de bañarse y vestirse, desayunó solo, con los ojos en el televisor. Antes de salir a la calle se detuvo frente al espejo. Estaba ojeroso y con el rostro hinchado. Se arregló el cabello, ajustó su corbata, y se fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Estuvo tenso toda la mañana. Le comunicó a su secretaria que le evitara en lo posible las reuniones, lo que era relativamente fácil porque era el último día de la semana. Despachó varios asuntos por teléfono y un par cara a cara. Cada duda en el tono de voz y cada mueca inesperada lo hacían sudar. Esto era demasiado, no podía imaginarse a sí mismo viviendo como un mariquita, teniendo miedo de su sombra toda el tiempo; decidió que tenía que terminar con la duda. Llamó a su casa para avisar que no iba a ir, que almorzaría en la cafetería de la oficina. Quería ver allí al empleado de limpieza, verlo a los ojos, para saber qué estaba en juego. ¿Lo había reconocido o no? Y si era así, ¿lo delataría? ¿Trataría de chantajearlo? ¿O sólo jugaría con él, para sentir que tenía en sus manos a alguien mil veces superior? En su mente jugó con los significados de cada una de sus posibles miradas, pensó en todos los primeros pasos que podría dar en cada caso; agotó todas las soluciones que su mente pudo imaginar, incluyendo a la única que podría apropiadamente llamarse definitiva.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Al medio día, hora de almuerzo de los empleados de limpieza, bajó a la cafetería. Luego de recoger su comida en una bandeja, se sentó justo frente a la mesa que siempre ocupaban ellos. Fueron llegando en pequeños grupos, con sus uniformes verdes y zapatillas rotas. La mayoría lo reconocía y volteaba a saludarlo con respeto y luego volvían a su conversación; cogían una bandeja y se ponían en la fila. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; De reojo reconoció al empleado canoso, cincuentón, de muy baja estatura. Su corazón empezó a golpear con fuerza. No volteó a verlo. Dejó la cabeza inmóvil, colocó los cubiertos a ambos lados del plato y puso las manos sobre la mesa, temiendo que alguien notara algún movimiento fuera de lugar. Sin embargo, su rostro, tieso por el miedo, no era muy diferente al de todos los días. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Uno de los empleados volteó a saludarlo, y mecánicamente los demás siguieron el saludo, incluyendo al bajo y canoso. Por fin pudo mover los ojos. Para cuando logró enfocarlo, éste ya había volteado y seguía conversando y riendo con sus compañeros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿Podría ser que se hubiera equivocado? ¿Estaba seguro de que era el mismo hombre? Lo observó con cuidado. Sí, era el mismo. El movimiento de la cabeza y los brazos, la forma de pararse, la sonrisa amplia, la alegría en los ojos, el tono de voz casi eufórico. Palmeaba a sus amigos y les pasaba la voz de una forma que no era para nada diferente a como había tratado a las personas del prostíbulo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Se dio cuenta de que no corría peligro. El empleado de limpieza no había mostrado la menor señal de haberlo reconocido. Además, aunque fuera así, ¿cómo podría delatarlo, sin también delatarse a sí mismo? Qué tontería, se dijo, debió haber pensado en eso antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Secó con la palma de la mano las pequeñas gotas de sudor frío que tenía en la frente, mientras la piel de su cara tomaba algo de color. Volvió a ver al empleado canoso –pero ahora con una leve sonrisa, aliviado– que bromeaba con sus amigos como si ninguno de ellos se hubiese pasado la mañana entera fregando pisos con la espalda torcida. Su sonrisa se desdibujó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Y entonces sucede algo de verdad inesperado. O quizás no. Tal vez, después de todo –aunque es probable que dentro de algunos minutos ya lo haya olvidado–, es justamente lo que con tanto afán buscaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;   El monstruo está lagrimeando.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-4466780094731255192?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4466780094731255192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4466780094731255192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/el-monstruo-luis-gallardo.html' title='El monstruo - Luis Gallardo'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-3625628865132351397</id><published>2007-02-15T13:14:00.000-08:00</published><updated>2007-02-15T13:36:50.135-08:00</updated><title type='text'>Personajes de San Francisco</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;Fotografías de José Antonio Galloso&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial;"&gt;(selección)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;CONTRA LA GUERRA EN IRAK&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;a style="font-weight: bold; font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTRacS86xI/AAAAAAAAAJY/MQ2HYA2ekPg/s1600-h/aaaaa+galloso+7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTRacS86xI/AAAAAAAAAJY/MQ2HYA2ekPg/s400/aaaaa+galloso+7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5031876935882173202" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;HOMBRE EN MONOCICLO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;a style="font-weight: bold; font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQ5sS86vI/AAAAAAAAAJI/tGHhvZF75XQ/s1600-h/aaaaa+galloso+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQ5sS86vI/AAAAAAAAAJI/tGHhvZF75XQ/s400/aaaaa+galloso+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5031876373241457394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;LA DAMA DE NEGRO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;a style="font-weight: bold; font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTRT8S86wI/AAAAAAAAAJQ/OPZaQHrwH6k/s1600-h/aaaaa+galloso+6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTRT8S86wI/AAAAAAAAAJQ/OPZaQHrwH6k/s400/aaaaa+galloso+6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5031876824213023490" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;EL VERDUGO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;a style="font-weight: bold; font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQpsS86uI/AAAAAAAAAJA/e48eghziLmk/s1600-h/aaaaa+galloso+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQpsS86uI/AAAAAAAAAJA/e48eghziLmk/s400/aaaaa+galloso+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5031876098363550434" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;CAMIONERO DE CINCUENTA AÑOS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-weight: bold; font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQX8S86tI/AAAAAAAAAI4/giNOzMSOpLg/s1600-h/aaaaa+galloso+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQX8S86tI/AAAAAAAAAI4/giNOzMSOpLg/s400/aaaaa+galloso+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5031875793420872402" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;BUSH&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-weight: bold; font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQNcS86sI/AAAAAAAAAIw/_5HgFyFPYi4/s1600-h/aaaaa+galloso+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTQNcS86sI/AAAAAAAAAIw/_5HgFyFPYi4/s400/aaaaa+galloso+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5031875613032245954" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight: bold; font-family: arial;"&gt;ABRAZOS GRATIS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-weight: bold; font-family: arial;" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTP8MS86rI/AAAAAAAAAIo/oJrOSPJWWE4/s1600-h/aaaaa+galloso+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTP8MS86rI/AAAAAAAAAIo/oJrOSPJWWE4/s400/aaaaa+galloso+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5031875316679502514" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-3625628865132351397?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/3625628865132351397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/3625628865132351397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/personajes-de-san-francisco.html' title='Personajes de San Francisco'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WpFCelCiZOI/RdTRacS86xI/AAAAAAAAAJY/MQ2HYA2ekPg/s72-c/aaaaa+galloso+7.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-4065603758334567283</id><published>2007-02-15T13:11:00.000-08:00</published><updated>2007-02-15T13:14:00.677-08:00</updated><title type='text'>El Golem - Jack Farfán</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.eaudrey.com/myth/images/Golem.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.eaudrey.com/myth/images/Golem.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Debo esta imprecisión de ideas a la no muy lúcida lumbre de una habitación con una vela extinguiéndose en la noche, a la estrella que permitió hacer del nacimiento de Cristo un espantoso claustro de diamantes, al dolor ocasionado por trastornos mentales originados a la edad de la estimulación temprana, una edad a la que todos quisiéramos congelarnos. Debo este impreciso relato a una fuerza desvanecedora del seso, a una lucidez proveniente de un corazón estremecido, de una flor muriendo hacia el ocaso, una puerta para los unidos de piel y manos a la tarde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:100%;"&gt;Un insomne de todas las cosmogonías, asistió a todos los ocasos. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al dar con la puerta del laberinto, encontró un montón de arcilla y amasó un discípulo a su imagen y semejanza, prodigándole el soñado rojo Adán que latió miles de años en su corazón. Aletargado por el tiempo, vislumbró El Aleph, la perfecta y endiosada esfera desde donde vio todo, absolutamente todo, ya que la esfera es la forma más perfecta asemejada a los dioses. Como no todo es todo y cada cosa a la vez son todas las cosas, El Golem, el lector infinito que marcaba los libros con la mirada, el de las frecuentes citas memoriosas, ascendió un día hasta un estandarte de astros.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Qué íbamos a soñar, si ya todo estaba copado en sus relatos. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cualquier libro imaginable, El Golem ya lo había leído y registrado en su memoria. Los sueños como viejas embarcaciones embrujadas reapareciendo en la niebla, los seres imaginarios, las criaturas celestes, los países remotos, las edades remotas. No había nada que cupiera en el intelecto. El Golem era el centro del Aleph, la bibliofilía irreverente, la seriedad brutal de los ensayos, el escozor del intelecto. A manera de un dios imaginario, frecuentaba los sueños de los poetas paganos, entraba y salía por los recovecos de la memoria hasta suceder lo que nunca sucediese: el olvido, esa vaga forma de la esperanza, la cual era a la vez, abominable, igual que los espejos que reproducían cruelmente a sus discípulos, trayéndolos a esa sucesión de vidas en las que sufrían los más crueles tormentos. “La reencarnación provenía entonces desde cuando nos mirábamos al espejo y nos multiplicábamos al infinito, a años luz de sucesiones de imágenes” -lamentaban los discípulos- Era pues, una reproducción fiel de las imágenes en el tiempo. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:100%;"&gt;Pero el Gólem educó una camada de discípulos a los que soñaba rumiando sus ideas, él advenía en el manto que cubre a los sueños. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-TRAD" &gt;A temprana edad, perfeccionó la escritura de los sueños en la memoria, arte que le confirió la ceguera prematura. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:Arial;font-size:100%;"  &gt;Su memoria podía almacenar cifras grandes, fórmulas geométricas, caracteres aún no inventados por la escritura de los hombres, las formas de las nubes &lt;st1:citation st="on"&gt;(un león, una cama de espuma)&lt;/st1:citation&gt;, diríase infinitas, los destellos, los giros de los astros. En un relato, Venus podía brillar de una manera y de un color determinado, en otro, podía cambiar el decurso de los destinos de los hombres. Podía citar a los autores como quien recordaba hechos cotidianos como sacar la basura, comprar el pan o lavarse los dientes.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;br /&gt;La idea de la historia universal era para El Golem, la de escribir un solo libro por todos los hombres; la historia de los hombres, era un libro escrito por todos ellos y en el que figuraban historias dentro de otra historias, los destinos de todos los hombres. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:Arial;font-size:100%;"  &gt;Los poemas de El Golem eran países, cosmogonías, geografías remotas, loas de los grandes genios que cubrieron la historia con sus pensamientos. Una vez, jugó con la mente de uno de sus contemporáneos, el mismo que se tardó 10 años en descifrar un enigma que no existía, recién pudo descubrirlo cuando ya le quedaba poco tiempo de vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES-TRAD" &gt;En el transcurso de un período frente a la presencia de El Hacedor, un día el Golem advirtió su presencia infinita en un espejo; al momento, dejó de respirar y vislumbró un ocaso en la memoria. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Una sonrisa aterrada proveniente de un sótano repleto de estrellas estalló en sus recuerdos y El Golem dejó de leer en su memoria a la edad de 777 años, tiempo en el cual había tejido la historia de uno de sus discípulos que lo estaba soñando, respirando a expensas de un corazón rojo Adán, en alguna de las cosmogonías gnósticas de Uqbar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-4065603758334567283?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4065603758334567283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/4065603758334567283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/el-golem-jack-farfn.html' title='El Golem - Jack Farfán'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-6380786686792001301</id><published>2007-02-15T13:05:00.000-08:00</published><updated>2007-02-15T13:07:03.332-08:00</updated><title type='text'>Un cuento - José de la Vega</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.dfi.dk/dfi/pressroom/Amsterdam2005/guerrillagirl2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.dfi.dk/dfi/pressroom/Amsterdam2005/guerrillagirl2.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Después de varias horas alguno de ellos alcanzó a verlo. El mas viejo de ellos se trataba de aproximar lo mas posible a su víctima. Agarró fuertemente el revólver, después la acarició antes de dar el primer disparo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Las palomas volaron confundidas sin dirección y los taxistas aceleraron. &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Los malhechores corrían hacia un volkswagen que los esperaba mientras veían que varios policías estaban detras de ellos. Un disparo derribó a uno, pero siguieron corriendo hasta llegar al vehículo, se metieron y arrancaron. Los policías hicieron lo mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Se escuchó un grito fuerte; le habían dado a Julio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;- Hey, tú, aviéntalo nomás -dijo el conductor. Estamos jodidos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Se fueron por un callejón medio oscuro, y se dispersaron. Jorge no los volvió a  ver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Ahora él estaba solo, no pudo encontrar a sus camaradas esos días. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Caminando con cuidado,,aprovechando la noche, donde había menos resguardo, identificó al menos preparado y le dio directo a la cabeza. Ladraron los perros y cuando corrió a escabullirse, dio dos disparos más y un guardia cayó. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Al otro le dio en la pierna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Entonces no desperdició esta ocasión. Corrió tras el herido, vio el charco de sangre que salía de la pierna, y se la salpicó a los ojos, para dispararle en el corazón varias veces. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Sabía que no tenía escapatoria: ya habían avisado a los tombos, entonces, antes de que lo mataran, tiró el arma, se arrodilló como suplicándole al señor, y se dio uno directo en la oreja. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Sobrevino un caos total en este maldito pueblo, se veía a lo lejos correr a unos hombres fuertemente armados, mientras las mamás jugaban también un rol: su espantoso llanto. Pero Jorge no podía escuchar el caos, el llanto...tenía las orejas llenas de sangre.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-6380786686792001301?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6380786686792001301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/6380786686792001301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/un-cuento-jos-de-la-vega.html' title='Un cuento - José de la Vega'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-8401729435932116025</id><published>2007-02-15T12:52:00.000-08:00</published><updated>2007-02-15T13:44:27.827-08:00</updated><title type='text'>Microcuentos de Marco Tulio Capica</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.iol.ie/%7Eatswim/stories/reading.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.iol.ie/%7Eatswim/stories/reading.jpg" alt="" border="0" /&gt;  &lt;/a&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Situaciones artificiales/ Insomnio&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;No existe una norma para escribir, pero igualmente me considero un escritor anormal. Es lugar común vivir y luego escribir. Mi operación es inversa: escribo y luego vivo. Cada mañana amanece un día concebido desde un guión anterior, cada paso es la representación de una obra pretérita. El día es calco de una página, la prolongación de sus sentidos con actores de carne y hueso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Luego del cotejo, lo único difícil es corregir, corregir por las noches. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Está estética&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Descripción de la última escena&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;La cámara fija el cuadro, con un zoom descarado, en la lucha de lenguas que se da en la última escena de la película. Por la agitación de los protagonistas, el espectador debe suponer que las manos de ambos no están nada quietas; ello, sin embargo, no debe ser mostrado: únicamente debe verse la batalla febril entre los dos miembros gelatinosos y babeantes, el vaivén lascivo de dos casi animales. De pronto la cámara se aleja. La gente retrocede las cabezas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Funciona.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;La gente aplaude.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Está estética&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La extinción de los unicornios&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;En un otoño futuro, dejaremos de imaginar al equino fantástico, a su cuerno puntiagudo y benéfico. Su palabra pasará del diccionario a las fábulas de los niños –regresará...-, de las fábulas de los niños a las de los abuelos, se morirá con ellos. Sonarán sus coses en conversaciones distraídas, sin el vigor suficiente. En todos los casos, aunque mantendrá la altivez propia de su inmaterialidad, será temeroso, conciente de su paso efímero y de que su lomo ya no recibirá jamás la levedad de las vírgenes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Es seguro que los románticos –que siempre hay- describirán su pelaje, su vigor y su magia, se burlarán de las miradas sospechosas, que solo saben de parientes que ganan un sueldo en los hipódromos; los más osados, incluso, colocarán afiches con un “se busca” al pie de su perfil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Todo en vano. La gente pensará que se equivocaron al dibujar un caballo, que esa palabra nueva no solo es inútil, sino hasta fea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Entonces, cuando aparezca celebrando su revelación con relinchos completos, contestaremos el teléfono inalámbrico, prenderemos el aire acondicionado, correremos a la cocina al llamado inminente de un microondas, de espaldas a la estocada mortal de su espiral de hueso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Está estética&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La belleza en los enanos&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Interesa la siguiente respuesta del Dr. M. T. C., autor de la célebre frase “la locura es el resultado de perseguir la verdad a costa de todo lo demás.”, quien, para explicar el concepto de “mujer graciosa” a un insistente alumno de primer semestre, utilizó un remate aristotélico:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;“Con mujer graciosa me refiero a una mujer con gracia, no de cuerpo chistoso, como vulgarmente se podría entender; es decir, con armonía y proporción en el alma y el cuerpo. Y no se piense que redundo con esto de armonía y proporción. La armonía tiene que ver con una distribución interna de los elementos, con la manera como se encuentran en un espacio determinado. La proporción, en cambio, se refiere más a la deuda que uno tienen con el molde; los elementos, desde el punto de vista de la proporción, no son evaluados de manera holística, sino interparadigmática. En ese sentido, un enano puede ser más armonioso que otro, pero ninguno puede ser proporcionado”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Está estética &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Identidad desconocida&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Se trata de un caso repetido, pero interesante. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Un escritor fracasa redactando una primera novela, que hecha agua por todas partes: espacios poco significativos, giros argumentales gratuitos y carentes de expectativa, una filosofía mal enhebrada en parrafadas de monólogos sin el menor cuidado léxico... Sin embargo, un personaje, entre los tantos que se confunden o son la pálida versión de sus posibilidades, parece satisfacerlo, lo conmueve, no sin cierta justicia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Pasan los años y, dada su patente falta de talento, decide abandonarse y ser él, el personaje que sobrevivió a la debacle, su único acierto como escritor y en general. Se comporta como él, adopta sus preferencias, ajusta sus modales a las parcas descripciones que de ellos se registraban en la novela: un poco de grácil misantropía, otro tanto de anarquismo sin compromisos, una aguda percepción de las circunstancias que lo redimen y que, precisamente por eso, evita. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;De hecho, escribe, encuentra que esta vez la presión es menor, el personaje era un escritor fabuloso, un tipo tal que la escritura le emanaba como el sudor al resto de los mortales; hace de su vida una verdadera autocomplacencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Al final de sus días, cuando los otros personajes lo han desbordado y ha juntado tanto papel escrito como para hacerse un nombre en el medio -en el principio, en el final-, decide quemar todo, convencido de que esa era la manera más justa de terminar con un personaje, con un mal personaje. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Consejos para ganar al novel &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Tradición y ruptura&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;-Para un escritor novel, peor que no tener futuro, es tener un pasado-me dijo, más o menos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Yo le creí. Estoy a punto de cumplir cuarenta años, y sigo royendo mi primer cuento, que parece un poema (breve).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Con los años y las lecturas, le respondo, acoto: para el escritor consagrado, peor que pecar de soberbio, es dar malos consejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;No me crean.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Consejos para ganar al novel &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Sentí por fin que moría&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Corrí, entonces, antes de que la sensación me abandonara, que se fuera su posibilidad de expresión, antes de que la vida vuelva a su cauce normal, llena de experiencias comunes y deseos calcados de un molde general, el lápiz en la mano, la imaginación al vuelo y en plena caza, tomando notas precarias, pero intensas, en el cuadernito mental que antecede mis fárragos verbales, corrí y corrí, sudado, feliz, inefable yo, casi gozoso, de no ser por el temor de siempre, el temor a la copia, a la repetición, hoy en día la gente muere a cada rato, al menos así en el cuadernito mental, corriendo y hablando, porque ya me describía corriendo hacia ese otro lugar, corriendo y hablando, misterioso, sorprendente, original, el tema, seguramente, porque me iba, porque me iba&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Consejos para ganar al novel &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Anónimos&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Soy tímido, esa es la verdad. Y desde pequeño. Cuando era niño y mis ambiciones tan breves como mis pantalones, era bueno en matemáticas, fáciles como un juego, me decía, y con esas llegaba hasta la final del concurso interno que mi colegio celebraba bimestralmente, para sorpresa de todos mis compañeros que, dicho sea de paso, me consideraban una nulidad sea cual sea el rubro del que se hablara. Sin embargo, pensar que debía cruzar el patio frente a todo el alumnado, en pleno lunes de formación, bochorno, indiferencia e himno nacional mal cantado, me sacaba de la final y me reducía nuevamente al anonimato, a mi carpeta del fondo del salón donde no sabía bien qué pasaba con ese señor tan serio que dictaba y dictaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Cuando crecí, no vi mejor forma de ejercer mi soledad y mi timidez que la literatura, primero leyendo, y luego pergeñando cuentitos en los que era menos ruboroso. Nadie los leía, porque yo los subestimaba o porque sabía que solo yo podría sobreestimarlos. Así, hasta que junté un número y calidad considerables. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Grande y desempleado, con media promoción escolar inserta en el mercado laboral, decidí que mi reivindicación debía ser algo más que una ficción: decidí publicar. Eso traía problemas que la timidez no resuelve. Si cruzar la formación me causaba pavor, por la caída hipotética antes de llegar al estrado y recibir el premio, publicar me parecía de peor calibre, quizá lo mismo, pero desnudo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Así que lo publiqué con un seudónimo, Max Mor, con la mala suerte de que este señor existía. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Al parecer, los cuentos eran buenos, porque ganaron publicidad inmediata. Max no tuvo problemas con adueñarse de las regalías, la prensa y la patología y media que contenía el libro: más que defectos personales, los consideraron una virtud del texto o discurso, no recuerdo exactamente la palabreja. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Por mi parte, me reconforta. Verlo recibir premios por la tele es la única forma en la que cruzo el patio. De cuando en cuando me visita, no solo para recibir material nuevo, sino, sobre todo, para saber cómo siguen mis nervios, siempre endebles. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Después de todo, Max resultó ser un hombre considerado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Consejos para ganar al novel&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Una mujer que se levanta temprano&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;No suele ser atractiva, pero fíjate bien en este detalle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;La casa está en penumbras, ella ahí sigilosa. Solo la cubre una bata pesada e impermeable. El resto de los habitantes duerme como si en su vida lo hubieran hecho o como si nunca más fueran a hacerlo. Los sonidos plantígrados a ella no le preocupan, felizmente. Continúa en su viaje ciego hacia, literalmente, el final de la noche. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;(No digas que le invento poesía; ella es capaz de eso y más.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;El sol empieza a salir, y aunque le importa más que el concierto mudo de sus alrededores, parece ignorarlo. Las ojeras, sin embargo, ya se notan en el reflejo de las ventanas, así como sus hombros caídos y ese par de nalgas que nunca fueron lo que ella quiso y cada vez lo son menos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Para ese entonces, la cocina será un dechado de orden, aunque solo por un instante fugaz, pues el sol despereza a la jauría hambrienta. Cruenta, sin reparar en la magia de dicha aparición súbita, diaria, necesaria, acaban hasta con el último mendruguillo, y se van.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Sin resignación, sin pena, la mujer que se levanta temprano acaba con las huellas de la estampida, en un intento por recrear artificialmente la madrugada y sus soledades. Conciente de la futilidad del esfuerzo, lleva su cuerpo intencionalmente moroso hacia la pequeña maceta que cobija a pesar de todo. Mira a la aún más pequeña planta, cuenta las líneas de las hojas que no notarás nunca, reblandecida por la curiosa coincidencia del sol que lanza un rayito desde tan lejos sobre esa brevedad vegetal y&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;(y aquí está el detalle)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;le habla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Señor, una preguntita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Xenofobia&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;¿Si estoy en China y me declaro xenófobo, entenderían que los odio o que me odio a mí mismo? Esa es una pregunta que me aqueja frecuentemente, sobre todo cuando, al regresar a mi casa, no recuerdo quién soy. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Señor, una preguntita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Mensaje de un poeta joven que no ha escrito absolutamente nada redactado justo antes de suicidarse&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Espero que alguien cuente esta historia. Espero que ya la hayan contado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Títulos completos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Todos dicen te quiero&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Te quiero. Te quiero mucho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Títulos completos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Filosofía, poesía e idiotez&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Hay tres cosas que hacer con la confusión: o bien tratas de explicarla, y entonces te vuelves filósofo; o bien la circundas con pretextos, y entonces te vuelves poeta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;O bien, por el contrario, la asumes en su condición de innombrable. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Entonces te vuelves idiota.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Filosofía para el bolsillo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Ignorantes&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Hoy me he sorprendido, al leer a Aristóteles después de años, lo ignorante que era, y lo sabio que soy, dos caras de la misma moneda, dijo Intelectual 1. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Intelectual 2 respondió: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;“me has hecho recordar la distinción entre saber implícito y saber explícito de M. T. C. Para ese filosofastro, porque sus articulachos y sus poses rancias de pensador en ciernes no le alcanzaron para más, uno sabe que sabe cinco cosas, pero no sabe que no sabe infinitas. “Así, la ignorancia es el mayor depósito de la sabiduría humana. Un depósito implícito.”, concluye. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;“Este no saber que no se sabe es contrario al solo sé que nada sé socrático, en un sentido ético mas no lógico. En ese sentido, si asimilamos la frase “no sé que no sé” a nuestro saber explícito, estaríamos asimilando la ignorancia al ámbito de la verdad, por lo que este sería más ancho, y aquella más pequeña. Sin embargo, es la misma ignorancia la que marca la pauta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;“Ahora bien, y esto no hay que olvidarlo, será una ignorancia explícita, ya que la implícita siempre será infinita, y nunca mayor o menor que la misma ignorancia, siempre ilimitada.” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Filosofía para el bolsillo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El concepto de quesadilla&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Haciéndose el gracioso, el Dr. M.T.C. definió, en una conferencia última realizada en México, la diferencia entre sueño y realidad:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;-El único rasgo distintivo que existe entre ellos es que en el sueño no se pagan las cuentas bancarias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;A lo que un comentarista replicó con la misma intención, aunque con pretensiones distintas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;-Bueno, Doctor, ayer soñé que pagaba una cuenta en el banco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;-Ah, no, Señor, eso no es un sueño –recusó el erudito- eso es una quesadilla antes de acostarse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Filosofía para el bolsillo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Extrañas razones&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Por alguna extraña razón, el hombre no puede sentirse al medio. O se siente rico o se siente pobre; o se siente joven o se siente viejo, pero difícilmente alguien se para, en medio del continuo, y dice: “demonios, que estoy algo más que joven” o “qué algo menos que viejo estoy”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Quizá esto se pueda atribuir a la velocidad de nuestras percepciones o a su simplicidad relativa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Filosofía para el bolsillo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Escena oscura&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Hoy he tenido un deseo antiguo: decapitarme y colocar la suela de mi bota, triunfante, sobre uno de los lados de mi cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Filosofía para el bolsillo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Paradoja léxico-burguesa&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;La palabras “jefe” y “virtuoso” son antónimas que se definen de la misma manera: seres irreprochables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Del libro inédito Filosofía para el bolsillo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;     &lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-8401729435932116025?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8401729435932116025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/8401729435932116025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2007/02/microcuentos-de-marco-tulio-capica.html' title='Microcuentos de Marco Tulio Capica'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-116439198726480338</id><published>2006-11-24T10:10:00.000-08:00</published><updated>2006-11-24T10:13:18.733-08:00</updated><title type='text'>Lecciones de origami</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="https://webmail.bowdoin.edu/attach/solo_portada.jpg?sid=vSMlGq97Lzo&amp;mbox=INBOX&amp;amp;uid=38449&amp;number=6&amp;amp;filename=solo%20portada.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="https://webmail.bowdoin.edu/attach/solo_portada.jpg?sid=vSMlGq97Lzo&amp;mbox=INBOX&amp;amp;uid=38449&amp;number=6&amp;amp;filename=solo%20portada.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:arial;" &gt;Autor: Augusto Effio Ordóñez &lt;/span&gt;  &lt;span style="font-weight: bold;font-family:arial;" &gt;&lt;br /&gt;(Huancayo, 1977)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;i style=""&gt;“Antes de devorarlas, el búho digiere mentalmente a sus presas”.&lt;br /&gt;Juan José Arreola.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:12;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;span style="font-family:arial;font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;UNO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;    &lt;p class="MsoBodyText3"  style="text-align: left;font-family:arial;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;De todos los cuestionarios que he debido absolver en mi vida —por lo demás, una vida llena de trámites, procedimientos, censos y el gobierno absoluto de la formalidad— este ha sido, de lejos, el más impertinente e insensato. Si bien parece comprensible que los responsables de un banco de sangre tomen todas las precauciones necesarias para evaluar la calidad del material aportado por los donantes, no pueden ir preguntando, así como así, sin muestra alguna de rubor, con cuántas personas se ha tenido contacto sexual en el último año o si una considera que su menstruación es saludable. Me vienen a la cabeza estas dos preguntas porque en ambos casos mentí. Respecto a las características de mi periodo, opté por un escueto y cortante “normal”, dejando sin posibilidad de reacción al sudoroso enfermero que manejaba el interrogatorio con las manías de un juez atormentado y convulso. En secreto, sin embargo, me avergoncé con el recuerdo del pegote grumoso y compacto que desciende por entre mis piernas cada tres o cuatro semanas, como si se tratara de la desesperada huida de una sanguijuela vehemente e incontenible de torpes modales que no soporta el abandono al que está condenado mi vientre, y prefiere, mil veces, lanzarse en caída libre por el destino incierto que marca la línea interior de mis muslos. Se entiende entonces el origen de mi segunda mentira cuando, al ser consultada sobre la frecuencia de mi actividad sexual y el número de personas que esta involucra, sentencié, sin el menor titubeo, que aquella era constante y, como si no fuera suficiente, con un cinismo del que no me creía capaz, agregué muy suelta de huesos que no había razón para preocuparse, por cuanto me declaraba absolutamente monógama en esos menesteres. Mientras sopesaba la satisfacción que produce mentir impunemente, decidí que Octavio era el único que merecía compartir el papel protagónico en la historia que acababa de improvisar, así que le agregué una raya más al tigre y dicté su nombre completo cuando llegó el momento de cubrir el casillero asignado para el cónyuge o concubino en el formato del cuestionario. Entonces, se apoderó de mi cuerpo un adormecimiento tan cálido y confortable, que no me importó que en los minutos siguientes alguien olvidara desconectar de mi brazo la manguerita por la que veía circular a cuentagotas una sangre espesa y excesivamente oscura que me costó reconocer como propia. Entre tanta satisfacción, me dije que tal vez era imposible que un simple donativo concluya en tragedia, pero no dejaba de saborear la idea de estar al borde de una muerte ridícula y haber tenido el atrevimiento de pensar a Octavio como parte de mi vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;DOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;De regreso a la oficina, prefiero no comentar la experiencia de la donación, sabiendo que aquello me costará las horas de reposo que se recomiendan en estos casos. Me he reportado enferma hasta en seis oportunidades en las dos últimas semanas, así que una indisposición por motivos de salud un viernes después de la hora de almuerzo no suena nada creíble. Además, está el asunto de Octavio. Los expedientes sobre los que debo rendirle cuentas reposan en mi escritorio tal y como él los acomodó desde los días en los que empecé a ausentarme en la oficina. Sobre ellos, una delgada capa de polvo les otorga el brillo especial que adquieren algunas cosas cuando permanecen inmóviles por mucho tiempo, como si se tratara de una especie de piel que mudan los objetos inanimados cuando están fuera de nuestro alcance. Me divierto pensando en la extraña forma que tiene dios de escuchar mis plegarias, ya que confío en que la presencia de esa capa de polvo signifique también el inicio de un lento pero cuidadoso proceso que terminará por enterrar los expedientes para siempre, sin que les haya puesto las manos encima. Aunque, pensándolo bien, de nada serviría desaparecer de la faz de la tierra esos bloques de papeles cosidos, foliados y numerados que socarronamente me sonríen desde su sueño profundo y despreocupado. Sé que cualquier intento por esconder la cola del elefantiásico engranaje que supone la tramitación de los intereses que están en juego detrás de cada expediente, está destinado al fracaso. Después de todo, se trata de simples papeles que pueden ser reemplazados por otros en un abrir y cerrar de ojos, papeles igual de orgullosos de lucir el membrete del escudo nacional; babeantes de firmas, sellos, conformidades, rúbricas, proveídos; drenando, al simple contacto con el dedo de la cordura, la pus de frases grandilocuentes y huecas en las que se revuelcan —gustosos y promiscuos— los alcahuetes de la ley. Y así, un poco golpeada por la desolación de mis conclusiones, en el instante que retiro de mi antebrazo derecho el parche de bordes roídos que me incrustó de tan mala gana el enfermero del banco de sangre, me comunican que Octavio aguarda mi presencia en su despacho. Rumbo al cadalso, Adela se acerca con disimulo para advertirme que tenga cuidado; parece que hoy, el dueño del mundo está de muy mal humor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;TRES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p style="font-family: arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;Llevo una eternidad trabajando en el ministerio. Ocupo uno de esos cargos que nadie medianamente capacitado en la profesión quiere asumir. Un cargo que pasa desapercibido para los galgos partidarios que, de cuando en cuando, queman y reponen banderas en la conducción de este tipo de instituciones con el único objeto de pagar favores y asegurarse lealtades. De no mediar algún hecho decididamente extraordinario, terminaré mis días evacuando informes jurídicos del mismo soso perfil e idéntica vocación de oscurantismo de los que se sentía tan orgulloso mi antecesor, antes de la gloria de la jubilación. En todo este tiempo, la atención de mis superiores hacia el trabajo que realizo ha oscilado entre el inofensivo ninguneo y el aislamiento sistemático como forma de subrayar algún tipo de autoridad. No los culpo. La verdad es que, al margen de los reparos que me causa su retorcida concepción del ejercicio de jerarquías, de haber tenido injerencia en la decisión, yo misma me hubiese exiliado al anonimato absoluto por dos razones indiscutibles: la escasa relevancia de mi labor y, tal vez lo más importante, mi nula capacidad de generar en los demás algo distinto a la indiferencia. Esto último quiere decir que en el ministerio solo tengo compañeros de trabajo y que, si algunos pudiesen transformar su voz en voto, preferirían que mi lugar fuera ocupado por algo más agradable o utilitario como un helecho artificial o un dispensador de agua. La única persona con la que he logrado cierto grado de intimidad es con Adela, la secretaria del despacho. Me avergüenza confesar que cuando ella llegó al ministerio, a pesar de la simpatía que me causaba su aire de princesita traviesa y coqueta que no entiende de castas y fortunas, la rechacé injustamente, tratando de permanecer en la otra orilla de su condición de secretaria. Para entonces, aún creía en mi mágica incorporación a alguno de los círculos de vanidad que encierra este infierno, pero luego, a medida que fui entendiendo que no me interesaba pagar culpas ajenas en hogueras tan poco dignas, permití que Adela terminara por ganarse mi amistad. De los muchos esfuerzos que se gastó para divertirme, recuerdo que una tarde particularmente tensa y exasperante, luego de una discusión que me enfrentó a la arpía reina de la oficina —una de esas mujercitas confundidas que hace reposar su autoestima en el exceso de maquillaje, los peinados extravagantes y la absurda redundancia en los escotes—, encontré sobre mi escritorio una graciosa gacela hecha de &lt;i style=""&gt;origami&lt;/i&gt;. La pequeña obra de arte tenía un mensaje oculto entre sus pliegues que rezaba: &lt;i style=""&gt;no sabré yo de cuellos largos y colas levantadas,&lt;/i&gt; y, en la última línea, una &lt;i&gt;A&lt;/i&gt; estilizada y tierna como firma. Cuando me interesé por el origen de esta habilidad en Adela, ella me comentó que, de donde viene, mantener las manos y la imaginación ocupadas es imprescindible si se quiere evitar caer en la locura. En su caso, agregó, había optado por el doble rigor de crear animales que nunca antes había visto y, por si fuera poco, por hacerlos nacer de algo tan insignificante como una servilleta o la hoja arrancada de un cuaderno cualquiera. Fue la primera vez que la escuché hablar de San Cristóbal, la ciudad donde nació y de donde había partido hace unos años. Debo advertir que cuando Adela refiere algún dato sobre este lugar, lo hace sin pizca de nostalgia, pero tampoco sin revelar algún tipo de resentimiento o sobresalto. Según me explicó, lo más peligroso de San Cristóbal —entre otras amenazas– son esas lánguidas y extensas horas de silencio y quietud que caracterizan a ciertas provincias (estimadas por algunos como una bendición), que lo único que hacen es llenar la cabeza de sus habitantes de promesas y expectativas que jamás llegan a realizarse. Felizmente, se apura a precisar, ella se mantuvo a salvo con el espectáculo de ver brotar de sus dedos ornitorrincos, cacatúas, ibis sagradas, cernícalos; como si sus manos tuviesen la capacidad de procrear al margen de lo que pudiera dictarle su conciencia. Gracias a este milagro, dice Adela, no tuvo tiempo de concebir ninguna esperanza. Confesiones de esta naturaleza son las que forjaron una amistad entre nosotras. Aquello y nuestra condición de excluidas de las distintas órbitas de angustia y necesidad de poder que giran alrededor del jefe de turno en el ministerio. Una muestra del especial cariño que le guardo es el hecho de haber aceptado visitar un banco de sangre. Me dijo que necesitaba cubrir una cuota mínima de aporte, como requisito para que su padre acceda a una delicada operación. De inmediato le hice saber que contaba conmigo, a pesar del pánico que me generan los dolores corporales, por mínimos que estos sean. Por todo esto, creo que no pude disimular el malestar que me produjo cruzar unas palabras con los familiares que encontré en el banco de sangre, que a simple vista se notaba habían ido a cumplir con la donación a regañadientes. Todos me interrogaban con insistencia. Estaban interesados en saber por qué los demás amigos de Adela tardaban en llegar, poniéndome al tanto de que ella no hace otra cosa sino hablar de sus grandes amistades en el trabajo y, de paso, que jamás había mencionado mi nombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;CUATRO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;Hallar un tipo como Octavio en el ministerio —fosa común de sujetos que parecen entrenados para exhibir la gracia y los modales de una hiena en cuarentena— es una rareza inexplicable que, con mayor o menor evidencia, delató el mezquino material del que estaban hechos sus inquilinos. Elegante, sobrio, provisto de las dimensiones corporales propias de un hoyo negro, desenvuelve cada uno de sus actos con perturbadora tranquilidad. No es hermoso, pero sí impecable desde cualquier punto de vista. De modales fríos y complacientes, una se regocija con el recuerdo del delicado desplazamiento de su afilada barbilla de piedra señalando el destino final de su mirada. Su ropa fina, el auto de lujo y algunos giros exquisitos de su vocabulario, lo hicieron acreedor del poco original sobrenombre de &lt;i style=""&gt;dueño del mundo&lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt;,&lt;/span&gt; una de esas travesuras que salen de los baños de hombres entre risotadas nerviosas y alaridos de festejo que pretenden disfrazar la hediondez acusadora del ambiente. Su llegada ha significado una drástica cancelación de privilegios para ciertos grupúsculos acostumbrados a obtener títulos de nobleza relamiendo vanidades y ocultando tropiezos. Sin decir que con esto haya superado las rutinas subterráneas que dominan el real funcionamiento del ministerio, donde aún priman las intrigas y la calculada segregación de venenos como moneda de cambio oficial, es evidente que Octavio ha sabido imponer una imagen distante e inalcanzable que ha dejado sin posibilidad de respuesta a más de un asalariado que no encuentra otra forma de existir que comiendo de la mano del amo. Aunque trato de mantenerme al margen de su ominosa presencia, debo decir que sus encantos se enredan de tal forma en mis pensamientos que no hay acto público o reunión privada donde él esté presente que no me vea obligada a contener los deseos de arrojarme a sus brazos echando mano de algunas fórmulas de autocontrol aprendidas en la niñez: pensar en un nido de grillos hirviendo en un plato de comida o propinarse un buen pellizco en la zona más sensible del antebrazo. Sin embargo, tal vez por la extraña perspectiva que una adquiere al vivir en la periferia, la perfección de Octavio se me hizo desde un inicio frágil e irreal, una atractiva epidermis que tiene las mismas posibilidades de alzar vuelo que las alas de las bellas y extrañas aves de papel que Adela ha tomado costumbre de dejar sobre mi escritorio, obtenidas con el doblez correcto y mucha paciencia en la fabricación de mentiras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;CINCO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;Al dejar el despacho de Octavio, siento sobre mis hombros y nuca el tipo de cansancio que no se calma con horas extra de sueño o de simple distracción. Pienso que los males físicos que se instalan en mi cuerpo no pueden ser superados con la misma displicencia con la que se desconecta un artefacto averiado o sobrecargado. Mis aflicciones se parecen más a la presencia de una molesta mascota que entra y sale de casa cuando le viene en gana, con las patas sucias de quién sabe qué y que no ha aprendido a depositar sus excrementos en una caja de arena o a tratar con amabilidad a los muebles. Prefiero atribuir el agotamiento a los efectos de tener circulando por mis venas una unidad menos de sangre, aunque, a ciencia cierta, no tenga idea de cuánta sangre está en juego en realidad, y si esa cantidad es suficiente para dejarme sin posibilidad de respuesta durante la reprimenda que acaba de propinarme Octavio. ¿No será acaso, a pesar de mis reticencias, que le profeso la misma devoción enfermiza que hace que todas las mujeres que tienen contacto con él, le perdonen de antemano cualquier ira o capricho, por injustificados que estos sean? De regreso a mi lugar, ubicado en el extremo opuesto de la oficina, advierto el temprano retiro de Adela en los cubículos asignados a las secretarias del ministerio. No está a la vista su carterita negra pasada de moda, fabricada con algo que quiso imitar la textura del cuero pero que terminó siendo sucedánea de alguna especie de cartón rugoso y desabrido. En el perchero se respira, además, la ausencia de su monolítico impermeable, siempre prendido de la estrechez de sus hombros, e igual de útil en el invierno y el verano. Pero, sobre todo, no está a mi alcance su sonrisa indecisa y compasiva, diciéndome que trate de comprender a Octavio, que el pobre tipo está bajo mucha presión. Sintonizada al mareo y el desconcierto que gobiernan mis músculos, abro el último cajón de mi escritorio y siento que mis manos envuelven los sucios pliegos que están dentro, a la manera de una ola que se apodera de pequeñas embarcaciones que abandonaron la seguridad de sus costas, por simple inercia, desprovista de la intención de causar ahogamientos o sobresaltos en sus tripulantes, como un hecho perfectamente natural que tiene que ver con la rotación de &lt;st1:personname productid="la Tierra" st="on"&gt;la  Tierra&lt;/st1:personname&gt; alrededor del Sol o, si se quiere agregar algo imprevisible, con la antojadiza posición de &lt;st1:personname productid="la Luna" st="on"&gt;la Luna&lt;/st1:personname&gt; y sus mareas impulsivas. Así, tambaleante, dejo el ministerio, segura de que Octavio debe estar preguntándose por qué diablos demoro tanto en regresar a su despacho con los dichosos papeles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;SEIS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;Despierto con un terrible dolor de cabeza. Enciendo el televisor y me doy cuenta de que he dormido hasta la mañana del sábado, vestida con la ropa de la oficina y abrazada a los pliegos de Octavio. Necesito a gritos hablar con Adela, así que marco su número telefónico como una autómata. Me comunican, no sé bien si su madre o hermana —porque todas las voces derrotadas por el dolor y la resignación suenan igual—, que el padre de Adela no superó la operación a la que fue sometido y tomo nota de la dirección donde tendrá lugar el velorio. Por el hilo del teléfono corre la noticia de la muerte de una persona y al mundo parece no interesarle. Preparo algo de té con leche y, observando los restos de pegamento en mi antebrazo derecho, me pregunto qué habrá sido de mi sangre. Tal vez jamás llegaron a introducirla al cuerpo del padre de Adela o, quizá, haya sido este líquido turbio que observo a través de la palidez de mi piel una de las causas del fatal resultado. Mientras doy el primer sorbo, repaso con la mirada los datos que debía proporcionarle a Octavio. Estaría feliz con las cifras de este trimestre: trescientos setenta cesados y alrededor de ciento cincuenta muertes que aún no han sido comunicadas por conducto oficial. Claro, al igual que la muerte del padre de Adela, a nadie parece interesarle el destino de unos cuantos maestros de escuela. En todo caso, a nadie que no sea Octavio y su gente. Me concentro en la página final del pliego que contiene las listas y alcanzo a leer algunos nombres: &lt;i style=""&gt;Horacio Jiménez Arce. 45 años. Unidad Escolar de San Cristóbal. Fallecido. Jesús Sanabria Aliaga. 49 años. Unidad Escolar de San Cristóbal. Fallecido. Ignacio Segura Montes. 56 años. Unidad Escolar de San Cristóbal. Cesado&lt;/i&gt;. Y pensar que durante años y años en el ministerio, esta información pasaba por mis manos sin que yo me detuviera a analizar su contenido con ojos distintos a los de la rutina. Más allá de consolidar números, elaborar cuadros y remitir algunos oficios cuando se hacía necesario, el trabajo no exigía sino la más superficial de mis atenciones. Desde la llegada de Octavio, en cambio, hay mucha gente que está a la expectativa de mi participación; pendientes del meticuloso proceso que supuestamente me conduce a develar vidas a partir de lo que pueda impregnarse de ellas en una burda hoja de servicio y de la ruleta rusa que juego cada trimestre eligiendo a los mejores candidatos. Claro, el trabajo era así de complicado antes de la injerencia de Adela. Ahora, a decir verdad, y aunque Octavio no está enterado, el asunto es más sencillo. Al comienzo, yo recibía toneladas y toneladas de nombres y —aunque la medianía y estrechez que comparten los maestros de escuela parece ser el denominador común que los identifica en cualquier territorio— cada cual parecía cargar con una historia particular sobre sus espaldas. Mi labor consistía en identificar la carnada perfecta sin levantar sospechas, separar la paja del trigo. Eso me lo hizo saber Octavio en una de las primeras reuniones donde estuvimos a solas, luego de su nombramiento como jefe del despacho. Yo lo escuché sin replicar, atenta más que a sus palabras al resplandor de los gemelos que ataban tan bien las mangas de su camisa, pensando que debía ser por algo que muy pocos hombres hoy en día utilizan ese tipo de adminículos, que no en todos calzan con la misma distinción. Solo al salir de su despacho caí en la cuenta de que Octavio no me había dicho si existía o no un método para confeccionar las listas. Se me hizo obvio que una regla básica debía ser no seleccionar muchas personas de una sola localidad (los tumultos son siempre delatores), y por eso elegía como máximo seis o siete nombres por provincia. Era un alivio tener a la mano el dato de los maestros que solo la gente de Octavio sabía que estaban muertos; el registro de las defunciones en los libros y actas correspondientes podían dilatarse hasta por tres meses y, en realidad, era muy difícil que alguien se percatara de que sus sueldos seguían cobrándose puntualmente. En cuanto a las destituciones, suspensiones, ceses y toda esa infinidad de santos y señas burocráticos que se han creado para sancionar el normal desempeño de las labores de un maestro, yo iba marcando nombres por pura intuición: quienes se llamaran Justo o Albina o Rolando (por mencionar algunos) se me hacían sumisos y poco conflictivos, sin las agallas necesarias para llenar los cientos de formularios y tocar las puertas de miles de oficinas que se deben visitar si uno quiere reclamar por dos o tres meses de honorarios extraviados en el sistema. En cambio, si veía por allí nombres como Victoria o Esther o Rudesindo, pasaba las páginas de inmediato; algunos nombres intimidan por la sola combinación de sus letras. Sin embargo, cuando Adela apareció y le confesé el porqué es que cada trimestre me encontraba más trastornada de lo habitual, el asunto se simplificó al máximo. Primero me dijo que, si bien no estaba enterada del detalle, ya podía suponer cuál era la calidad de los encargos que yo recibía por cómo es que se comportaba Octavio conmigo: ignorando mi presencia por largas temporadas pero requiriéndome insistente y obsesivamente cuatro veces al año. Luego, agregó que ya no debía preocuparme, que ella tenía la solución para llenar esos dichosos pliegos casi sin esfuerzo ni riesgo. &lt;i&gt;No te he dicho antes que a la gente de San Cristóbal puedes sacudirle el polvo de los párpados sin que se den por enterados&lt;/i&gt;, indicó con entusiasmo. &lt;i&gt;Pues esto es lo que necesitas&lt;/i&gt;, dispuso sin esperar una respuesta, al mismo tiempo que marcaba los nombres que tuvieran un vínculo con esta ciudad en apariencia intrascendente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;SIETE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;Me doy un baño largo y minucioso y al salir de la ducha reviso el armario para enterarme de que no tengo un vestido negro para asistir al velorio. Aún envuelta en la toalla, y con las manos mojadas, abro otro de los pliegos de Octavio y me detengo en los montos que figuran en cada uno de los cientos de cheques que repiten los nombres del pliego anterior, y se me hacen familiares los Jiménez y los Sanabria y los Segura. Son sumas insignificantes, algunas hasta ridículas, pero si una se da el trabajo de ir sumando y sumando, puede sentir el temblor natural de descubrir que entre manos se tiene una pequeña fortuna. Me visto de colores vistosos, tomo el pliego de los cheques, reviso las acreditaciones y poderes falsos que encargué durante los días que me reporté enferma. Todo está en regla, y calculo que puedo estar en el banco antes del cierre de mediodía. Todavía no alcanzo a comprender cómo es que en seis trimestres seguidos hemos seleccionado solo nombres de San Cristóbal y hasta hoy no hemos recibido ninguna señal de que esa gente haya acusado el golpe. Lo que es más difícil de creer: por los comentarios de Adela yo suponía que se trataba de un minúsculo pueblo o aldea que apenas nos daría nombres para completar una tercera parte de los pliegos que exige Octavio —aun si contábamos con la fortuna de un desastre natural que arremetiera contra la vida de la mitad de sus habitantes—; pero resulta que hasta hoy, desde que acepté la propuesta de Adela, los nombres de San Cristóbal han germinado en nuestros pliegos con una voracidad impensada. Tanto como para que hayamos decidido que no merecemos estar al margen de las ganancias que genera nuestro descubrimiento, y que ya iba siendo hora de que todo ese dinero detenga su odiosa marcha en nuestras manos. Por lo menos ese era el plan original. Los resultados de este trimestre nos aseguraban a las dos una nueva vida en cualquier parte del mundo y qué mejor que tentar suerte juntas. Lástima por Adela. Cómo saber lo de su padre. Si tuviese un vestido negro en el armario pasaría por ella, lo juro. Ambas sabemos lo mucho que nos ha costado prepararlo todo, las ganas que tengo de alejarme del ministerio, de Octavio. Me prometo a mí misma que lo primero que haré al instalarme en mi nueva residencia, será iniciar las lecciones de &lt;i style=""&gt;origami &lt;/i&gt;que siempre he postergado. Tengo debilidad por este tipo de homenajes melodramáticos. Sería una locura esperar hasta el lunes, Adela, tú lo sabes. Adiós, adiós, Adela querida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;OCHO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;Es la primera vez que percibo el sabor de mi sangre. Descubro que es dulce, a pesar de sus tonos ocres y la excesiva densidad con la que fluye, reptando a duras penas para detenerse como polvo de escarcha, tejiendo sobre mi piel un molesto traje de gruesas islas de costra. Es una lástima que no pueda respirar con la tranquilidad suficiente para saborearla, el bulto informe que tengo por nariz ha prescindido de los orificios y mis labios han perdido terreno al plegarse en un amasijo de salivas y llagas resecas. Presiento que los ruidos metálicos que retumban en mis oídos provienen de las habitaciones contiguas, pero lo único que alcanza cierto grado de consistencia en la pretendida virginidad de esta celda de paredes revestidas de losetas blancas, es la visión de mi documento de identidad que pasa de las manos de un desconocido a las de otro entre murmullos impacientes y ceños fruncidos. Un tipo desaliñado ingresa nerviosamente al recinto y con los movimientos que genera su presencia percibo que el lugar en el que estoy es un baño muy parecido a los del ministerio, con paredes descascaradas y barrotes en lugar de espejos y ventanas. Con el sabor meloso de mi sangre rondándome la boca creo reconocer las facciones del sujeto. Cuando por fin habla con los demás —alisando sus cabellos con el sudor que extrae de los bolsillos de un pantalón inmundo y desencajado—, y pregunta si realmente era necesario golpearme de esa manera, me desilusiona aceptar que se trata de Octavio. Uno de ellos responde, destilando en cada frase un acusador tono de hartazgo, que eso a él no le incumbe y que nada habría sucedido si no fuera por la poca seriedad con la que está manejando el negocio. Los espacios desnudos de piel que ha dejado mi vestido luego de ser desgajado en la golpiza, me otorgan un pretexto conveniente para disimular el escalofrío de temor que recorre mis vértebras. Octavio se apura en balbucear una réplica, y finalmente termina por descargar &lt;i style=""&gt;era imposible sospechar de la muy perra&lt;/i&gt;, ensayando un timorato señalamiento con el índice. Luego se envalentona con dos certeros puntapiés que al estallar en mis costillas hacen que escupa la sangre que guardaba como miel debajo del paladar. &lt;i style=""&gt;Pues tu mosquita muerta estuvo a punto de cargar con muchos billetes, Octavio, pero cometió el error de perder sus papeles en un mugroso banco de sangre y al despacho han llamado diciendo que tú figuras como su conviviente, así que no nos vengas con cuentos&lt;span style=""&gt;. Además, Octavio, a quién se le ocurre hacer nuestras listas con gente de un pueblito perdido en los quintos infiernos, a quién creías que ibas a engañar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;, agrega, pausadamente, el tipo que parece estar a cargo de los demás. Octavio ensaya una mueca que nunca antes pensé ver en su rostro, los párpados transparentes, la boca entreabierta y los ojos ahogándose en su propia oscuridad, con el aire de inercia y derrota de las alas caídas sobre las que permanecen en pie las aves que construye Adela. No sé lo que nos aguarda, pero me consuelo con la idea de estar asomándome al abismo de una muerte ridícula y tener a Octavio a mi lado. Cierro los ojos con el destello de las losetas blancas hiriendo mis pupilas y después de recordar que salí del banco de sangre con la ansiedad sujetándome del cuello, tan asqueada de la pereza del enfermero y los incontables zurcidos de su bata, reparo en la posibilidad de haber olvidado solicitar de regreso mi documento de identidad y que se hayan hecho algunas llamadas para ubicarme. Cuando concluyo que todas las llamadas del despacho son contestadas por Adela, me derrota la nostalgia por sus delicadas manos amasando trozos de papel, su sonrisita traviesa y cierta luminosidad en sus gestos a la hora de convencerme que, pase lo que pase, todo va a salir bien. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-116439198726480338?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/116439198726480338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/116439198726480338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2006/11/lecciones-de-origami.html' title='Lecciones de origami'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-116431463804547289</id><published>2006-11-23T12:39:00.000-08:00</published><updated>2006-11-23T12:43:58.316-08:00</updated><title type='text'>Fuego cruzado</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://etiquetanegra.com.pe/revista/2006/38/portafolio/images/2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://etiquetanegra.com.pe/revista/2006/38/portafolio/images/2.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-weight: bold;"&gt;Autor: Edgar Norabuena&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial; font-weight: bold;font-size:100%;" &gt;&lt;st1:citation st="on"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;(Huaraz, 1978)&lt;/span&gt;&lt;/st1:citation&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;De pronto, un disparo quebró el cristal del silencio y las cordilleras repitieron el macabro sonido hasta incrustarlos en cada una de sus piedras, sus hierbas y sus animales que corrieron espantados por el estruendo. Aquella tarde tuvo que anochecer más temprano para todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;¡Muerte a los traidores!, ¡viva la Lucha Armada!... ¡Veeeeva!, ¡veeeeva!, la voz campesina respondió con el cañón de los fusiles apuntándoles la espalda. Sombrero en mano, el viejo Sebastián era conducido a “Juicio Popular”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Encargando ganados vete, Compadre, esos allqus te van a matar. Cómo escapar, Compadrito, Partido dice tiene mil orejas para escuchar a sus enemigos. Qué va, es el Eusebio, ese allqu&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt; &lt;/i&gt;&lt;/b&gt;es del Partido, él nomás avisa todo. Entonces, él seguro ha avisado, él seguro. Van a venir, Compadre, a matarte, así dice coca. Será mi destino pues, Compadrito, Partido tiene mil ojos para ver a sus enemigos, y yo ya estoy viejo para ocultarme calladito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;…¡Déjenlo vivir pues, él no ha hecho nada!; ¡déjenlo vivir a mi papacho, taytitas, déjenlo pues, a mi hermano también ya lo han matado la otra vez, déjenlo vivir a mi papacito!...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Cuando vengan, no les pidas que viva, Pullichita; tú calladita nomás, no sea que también te maten; cuida mucho de nuestros ganados y chacritas. Qué dices papacito, si Cachacos te obligaron, como Presidente de la Comunidad que responda por la comida y por el techo diciendo pues. Pullichita, anoche soñé con tu hermano, nos encontraremos pasando Awki tsaka, con él estaremos esperándote para irnos, para a estar juntos donde no haya quien nos joda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;…Antuquito, hijo, blanco como tayta Huascarán ahora andas, y más brillante tu cara como alma buena que eres; pero tenemos que estar aquí nomás hijito, hay que esperar a tu hermanita, juntos estuvimos en la vida, juntos también, carajo, nos iremos a donde tu mamá segurito nos está esperando…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;…¡Si lo han perdonado, por algo será, seguramente es uno de ellos; luego del interrogatorio, será juzgado como traidor a la patria!...&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;¡Comprendido mi Teniente!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;…Si dicen que la muerte es castigo para nosotros, que nos castiguen a todos pues; si estos jijunas supieran que la muerte es una bendición, nos dejarían sufriendo junto a ellos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Un grito se oyó en el corral del difunto Sebastián, los que lo oyeron no podían salir porque temían morir. Sangre, sangre se vio en el plateado resplandor de la luna llena. Uno de ellos salió a medianoche, sabía que ella estaba sola, pues él fue el encargado de ejecutar a su padre; entró a su choza y la quiso obligar, escapó como pudo, pero él la alcanzó en el corral, la tumbó furiosamente, desgarró su blusa amarilla, levantó sus coloridas polleras, era virgen; pero no podía evitar dejar de serlo. Cuando él terminó, se echó satisfecho, confiado, dejando impunemente su falo descubierto latiendo erguido ante la luna que parecía sonrojarse de vergüenza; ella, tendida junto a él, exhausta y adolorida, de pronto fue invadida por el alma de su padre, por la fuerza de su padre, por el odio de su padre, lo cogió de los testículos y se los arrancó de un solo golpe, todo fue tan rápido que él no pudo ni siquiera levantar la mano para evitarlo. Por un momento que pareció eterno, Pullicha quedó atónita con la mano empuñando los sangrantes escrotos todavía oliendo a sexo, luego, henchida de algarabía loca, rió espantosamente ahuyentando a las ovejas y levantando el olor del estiércol que ahora se fusionaba con la sangre chorreante, como de un surtidor, que emanaba de las entrepiernas de aquél que se revolcaba gritando desesperadamente. Cuando los demás llegaron, ella seguía riendo con las manos levantadas, mirando aquel espantoso trofeo con vehemencia. Los demás trataron de ayudarlo; era demasiado tarde, poco después murió desangrado lleno de estiércol. Ella fue conducida a golpes ante quien luego de oír la versión del Sargento, ordenó su ejecución, después de que ella “pasara por las armas de todo el batallón” por el resto de la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Al día siguiente, muy temprano, un trueno solitario quebró el sueño del pueblo, el cuerpo de Pullicha sangraba junto al de su padre cuyo rostro había amanecido con una capita de escarcha que solo el sol se atrevió a quitar. Los Cachacos dejaron los cuerpos tirados en la plaza y se llevaron a su muerto, envuelto en una frazada, como una víctima más de la Lucha Armada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;Esa tarde, los pocos que aún estaban en el cementerio, fueron los primeros en verlos regresar por la quebrada de enfrente, tenían la cabeza encapuchada de negro, los fusiles terciados, como siempre; bramaban algo que las cumbres ocultaban aún por la lejanía. El frío asoló sus rostros, la coca se les amargó en la boca, la desazón les repletó las alforjas coloridas y el sentimiento de orfandad y desesperanza se les metió dentro del poncho de lana de oveja, en las llicllas de las mujeres que al ver al sol ocultarse, otra vez, tempranamente para ellos, aullaban un melancólico yaraví; desde ahora ya no sabían qué bando era el que menos dispararía contra ellos, ni a qué sombra arrimar sus desgraciadas vidas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  lang="ES" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Foto de Jaime Rázuri.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22696358-116431463804547289?l=quipucuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/116431463804547289'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22696358/posts/default/116431463804547289'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://quipucuentos.blogspot.com/2006/11/fuego-cruzado.html' title='Fuego cruzado'/><author><name>Gustavo Faverón Patriau</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13509602281323253970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22696358.post-116431371262190281</id><published>2006-11-23T12:28:00.000-08:00</published><updated>2006-11-23T12:32:40.253-08:00</updated><title type='text'>Un plan simplemente perfecto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://simianuprising.com/tom/archives/filmnoir1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://simianuprising.com/tom/archives/filmnoir1.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Autor: Gabriel Ruiz Ortega&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;st1:citation st="on"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;(Lima, 1977)&lt;/span&gt;&lt;/st1:citation&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:arial;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;     &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Tamborilea los dedos de ambas manos en el timón. La lluvia deja sus riachuelos sobre la luna del auto y sus ojos se pierden en las aceras húmedas de Esquilache. El guardián de la calle toquetea su ventana, Martínez la baja hasta la mitad, y antes de que el guardia pueda decirle algo le dice que espera a una amiga del 122. El guardia lo ve y pese a no ser un rostro conocido, decide no seguir preguntando. Se retira, y voltea a unos metros, topándose con los ojos marrones claros que lo miran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Suena el teléfono celular. Martínez saca el aparato del bolsillo interior de su casaca de gamuza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Martínez&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Estoy esperando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Perfecto&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;. &lt;i&gt;¿Qué te dijo el guardia?&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Nada importante. Ya lo despaché.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;¿Seguro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Sí. No me hago problemas por un guardia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Así me gusta. Tengo una buena vista desde aquí. ¿Estudiaste el protocolo?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Lo tengo bien memorizado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Así me gusta, Cachorro&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Un favor, Casas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Dime&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;No me digas Cachorro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Martínez apaga el celular. Mira su reloj, lleva más de veinte minutos de retraso. Se supone que Alicia Suárez ya debe estar en su departamento. Piensa en la incomodidad del señor Suárez, en la perplejidad de su rostro ante la ausencia de su apetecible mujer. En el asiento del copiloto yace la foto de la señora Suárez. La coge y la observa. Sus ojos empiezan a brillar de humedad mientras mira el escotado vestido que lleva, y le es imposible no imaginarla desnuda, lucubra cómo sería ella en la cama, las poses que posiblemente le guste. Por su porte y talla, una mujer como ella requiere de un cuerpo masculino que esté a la par de sus exigencias físicas, Martínez se siente único.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;El celular vuelve a sonar. El identificador le indica que es Casas nuevamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Dime.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ya está por llegar. Me acaban de avisar que su Toyota viene por Conquistadores&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;¿Cuánto tiempo me das?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Máximo un cuarto de hora&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;. &lt;i&gt;Recuerda, tienes que hacerla hablar&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Lo sé, ¿y qué hay del esposo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El esposo es cosa tuya, y ella también, pero primero hazla hablar. Estaré atento a tu llamada&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;¿Crees que vengan los de la F.E.P?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ellos ya están aquí. Sé que están, no te preocupes por ellos. Para eso estoy aquí, para protegerte. El Toyota acaba de doblar en la esquina. ¿Lo ves?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Sí, lo estoy viendo. Esperaré un rato más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Bien. Estaré vigilando&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Está bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ah, me olvidaba, deja el celular prendido&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Eso haré ni bien entre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;La puerta levadiza del edificio se abre y entra el Toyota. Martínez coloca el silenciador a su Magnun&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y lo camufla dentro de su casaca. Sale del auto. Camina en dirección al 122. En el trayecto se cruza con el guardia de la cuadra. Ambos se quedan mirando; el guardia come despacio un sánguche que combina con la taza humeante de café que tiene en la mano derecha. El agente piensa sacarlo de acción, pero desiste de ello por cuestiones de tiempo. Además, el guardia exhibe muchas desventajas físicas con respecto a él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoBodyText"  style="text-align: left; line-height: normal;font-family:arial;" align="left"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Al llegar al 122 se queda parado frente al intercomunicador, el portero del edificio está viendo un programa en el televisor que está sobre su metálico escritorio. El agente hace uso de la barra de plomo y logra abrir la puerta de vidrio, al escuchar el portero el sonido se pone de pie pero el agente deja un orificio en el centro de su frente. Se lleva el celular al oído.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Ya estoy dentro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Muy bien. La calle está muy tranquila&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Que nadie más entre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El tiempo empieza a correr ni bien llegues al departamento. Para cuando termines todo estará listo. Recuerda, necesitamos el dato antes de las una.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Si lo quieres rápido, me tienes que dejar libre de huevones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;No te preocupes&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;El agente acomoda el cuerpo inerte del portero en el depósito. Sube las escaleras, sus largas piernas lo ayudan a subir cada tres gradas. Llega al sexto piso, al llegar al 636 se topa con el primer escollo. Coge el celular.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 36pt; text-indent: -18pt;font-family:arial;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:100%;"&gt;Casas,
